Romper el círculo de la violencia

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Violencia es todo aquello que impide la realización plena de una persona. Acá se incluyen acciones como gritarle a un individuo, hacerle comentarios despectivos, ponerle apodos desagradables, golpearlo y limitarle sus oportunidades haciéndole sentir mal.

Las manifestaciones de la violencia son innumerables. Tanto, que aunque muchas veces enfrentamos situaciones malintencionadas que nos generan malestar o nos limitan nuestros objetivos, lo sentimos como normal. Tanto, que muchas veces no sabemos poner un alto en el camino y aceptamos la violencia como parte de la cotidianidad.

¡No espere a que sea demasiado tarde! La mujer no debe tolerar agresiones.
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La agresión intrafamiliar

“El ciclo de violencia inicia en muchas ocasiones de forma sutil, con comportamientos que la mujer no suele identificar como violentos, porque socialmente están aprobados y se consideran comunes”, explica la psicóloga Maricruz Coto Chotto, especialista en pareja y familia. Es de esta forma como la vida normal se llena de violencia y las personas no siempre vislumbran la manera de hacer un cambio.

Comprender el ciclo de la violencia es el primer paso para romperlo. Este ciclo tiene tres fases:

1. Acumulación de tensiones. Es la suma de tensiones normales de la cotidianidad. El abusador acumula estrés y va descargándolo poco a poco contra su víctima. La víctima va a tratar de anticipar las tensiones y suavizarlas con cariño, o resolviendo anticipadamente situaciones que molestan al agresor.

2. Reacción o estallido de violencia. Cuando la tensión rebasa los límites del abusador éste se descarga, por ejemplo, con su cónyugue o hijos. La descarga puede ser verbal (insultos, acusaciones) o física (golpes, sometimientos, forcejeos). El abuso siempre es intencional y su intención es herir, humillar, disminuir a la otra persona para sentirse superior a ella y controlarla. Tras las agresiones, el abusador justifica lo hecho, culpa a los demás o minimiza sus acciones. Mientras tanto, las víctimas se encuentran tan disminuidas que apoyan al agresor; ellas no confían en sí mismas o en sus pensamientos, creen ser responsables de los problemas (tal como indica el abusador) o que el agresor cambiará.

3. Luna de miel o simulación de normalidad. Ahora las cosas parecen regresar a la normalidad. El abusador y la víctima piensan en un mejor futuro, pero los problemas y agresiones resurgirán tras la acumulación de nuevas tensiones. En cada una de las siguientes vueltas al ciclo, la violencia se agrava.

El primer paso es ver su realidad
Si una persona vive en un ciclo de violencia en su hogar, descubrir esa realidad y comprender que puede cambiarla es el primer paso para salir del círculo.      

“Las mujeres deben contar con información clara acerca de sus derechos como seres humanos y las características de una relación sana y respetuosa. La información es clave para que la persona pueda percatarse de ellos desde el primer momento y no permitir el avance del ciclo de la violencia”, asegura la psicóloga.

Paralelamente, debe haber un punto de giro donde la mujer confíe más en sus sentimientos y pensamientos, se sienta segura y quiera detener las agresiones.


El acompañamiento

El apoyo familiar, de amigos, vecinos e incluso de especialistas es fundamental.

A menudo, los agresores hacen que la víctima se aísle de su círculo de apoyo, sobre todo cuando esas personas critican sus agresiones. Por ello, muchas veces las mujeres agredidas se encuentran solas y les cuesta encontrar apoyo.

En otras ocasiones, las personas cercanas a ellas validan la conducta del agresor y también eso dificulta romper patrones violentos.

“La ruptura del aislamiento resulta fundamental para la ruptura del círculo. Esto lo puede realizar tanto un profesional como una amistad, un grupo de apoyo, la red de apoyo en la comunidad o su familia”, explica la psicóloga clínica Dyalá Castro Cabezas.

Con un apoyo latente, a la mujer se le facilitará empoderarse y avanzar, pues ella es la que más puede hacer en esta situación, la que mejor puede hacer valer sus derechos.

La mujer puede romper el círculo por sí misma. Cuando se logra romper con el ciclo de la violencia, la mujer es la principal autora de este hecho, aun con presencia de un especialista. Es a ella a quien deben otorgarse los méritos”, indica Coto.

Dependiendo de cada caso, para la mujer será más sencillo o complejo romper el círculo. También de eso dependerá el grado de apoyo que ella necesite, pero siempre es la mujer, la víctima la única capaz de dar el primer y el último paso.

Apoyo especializado

Especialistas como trabajadores sociales o psicólogos pueden ayudar en el rómpimiento del círculo de la violencia.

Ellos pueden valorar el riesgo físico que corre la mujer, así como educarla sobre cómo está viviendo violencia en su hogar y porqué debería detenerla. Por otro lado, ellos ayudan a identificar mitos y creencias erróneas que existen sobre la agresión, la “lealtad” a la unión de la familia y ayudan a la persona a construir relaciones de equidad o a distanciarse de su agresor.

“Dejar una relación es difícil para todas las personas y esto aumenta cuando hay culpa, duda, confusión, impotencia, etc. sentimientos que son típicos de estos vínculos. En muchas ocasiones la dependencia económica o emocional, además de las estrategias y/o amenazas de quien agrede, así como la falta de apoyo familiar puede dificultar que las personas sostengan la decisión de romper el círculo”, indica Castro.

Los patrones sociales  que indican que se debe permanecer con la pareja, hacer que los hijos crezcan en el mismo hogar junto con su padre, que la familia permanezca unida así como una pobre autoestima y autoeficacia se conjugan para dificultar la ruptura del círculo de la violencia.

Sin embargo, tomar la decisión de hacerlo y buscar ayuda sin pensar en dar un paso atrás trae a la víctima satisfacciones inimaginables y una vida mucho más digna.

Fuentes:
MSc. Maricruz Coto Chotto. Psicóloga especialista en pareja y familia. Centro de Psicología y Desarrollo.Tel.: 2281-1165.
MSc. Dyalá Castro Cabezas. Psicóloga clínica. Centro de Psicología y Desarrollo. Tel.: 2281-1165.