Cuando ser la amante se vuelve rutina

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Llevo varios meses intentando conocer la historia de alguna amante para publicar esta nota. Consulté con amigas, con vecinos y con conocidos. Parecía poco probable que alguien se atreviera a ventilar la historia a los cuatro vientos, lo que fue entendible y a la vez desesperante para mí. Fue así, hasta que conocí a "Victoria", (nombre ficticio, por supuesto).

Después de varios intentos abordando a todas mis posibles entrevistadas con una hablada trillada: "Hola soy periodista, escribo una nota sobre amantes, ¿me podría contar su historia?, la pregunta se hacía nefasta y el "NO" era predecible.

Pero, ¿por qué Perfil aborda este tema? Recientemente, se dio a conocer por medio de un estudio del Journal of Couple and Relationship Therapy, que un 56% de los hombres casados no rechazan una aventura cuando se les presenta la oportunidad. Se estima que un 60% de los hombres son infieles. Mientras tanto, en el caso de las mujeres, un 40% lo son.

Además, el mismo estudio afirma que el hombre engaña como una forma de castigo, por la desvalorización que siente por sí mismo o para denigrar a la mujer desde el punto de vista sexual.

También, se da a conocer que el 29% los hombres entre 45 y 54 años están de acuerdo con la idea de tener una relación paralela al matrimonio.

Conociendo estos datos, insistí en la búsqueda de un caso que me permitiera humanizar este reportaje.

Contacté a un amigo, de esos "galanazos". Sabía que él había salido con muchísimas mujeres, y me dio el número de "Victoria". La llamé y con la mayor sutileza le pregunté, a sabiendas de que ella era a quien buscaba: "¿Conocés a alguien que sea "la otra"?" Su respuesta fue directa: "Jah, yo soy la otra". Sus palabras me sorprendieron y me asustaron a la vez. No esperaba que me lo dijera así. Pero significaba que había encontrado a la chica. Quedamos en vernos la siguiente semana, en un café en el centro de San José.

Tenía muchas expectativas al respecto. Era una mujer decidida y firme, o al menos esa fue la impresión que me dio al escuchar su voz cuando la llamé y la condición de conversar conmigo única y exclusivamente si le ponía un nombre ficticio.

Nuestra cita fue a las dos de la tarde y a la una yo ya estaba ahí. Quería captar cada detalle, incluso su llegada. Cuando la vi en la puerta, supe que era ella. Es de esas mujeres que tienen una presencia increible: todos en la cafetería voltearon para mirarla.

Yo era la única chica sola, así que supongo que por eso me reconoció. Venía con lentes oscuros, vestido negro y un despampanante sombrero. Se veía nítida y otras veces como si se tratara de esconder de alguien. Me brindó confianza desde el principio, así que cuando se sentó, le ofrecí el café que compré para ella y comencé a preguntar.

Me confesó que nunca ha tenido un novio formal. Perdió la virginidad a los 18 años con un chico comprometido y desde ahí, ha sido la amante eterna de diputados, cirujanos, empresarios, directores técnicos y hasta expresidentes.

Hay relaciones que la han marcado más que otras. La primera, con un expresidente de este país que le besaba intensamente los pies. Lo conoció cuando estaba en la universidad; asistió a una charla impartida por él.

Ese mismo día un hombre la contactó en representación del expresidente. Recuerda que un carro oscuro la recogió en casa de sus papás (ambos nunca se han enterado de nada). Ella les dijo que se iba a quedar en casa de una compañera de la universidad. La llevaron a una lujosa mansión, donde un chef exclusivo le preparaba la cena a ambos. Ella accedió y esa misma noche compartieron cama.

Hizo una pausa para tomar su café y seguir con el relato.

Fue la relación más profunda y apasionada que ha vivido. A escondidas duraron dos años; entre viajes fuera del país, lujos, bolsos de marca y joyas finas. Admitió haberse entregado por completo y recuerda entre risas las escapadas que se daba de sus padres.

"Yo era muy joven. A ese hombre le di mis mejores años. La adrenalina que sentía al fugarme de mis padres, al hacer el amor rapidito, semidesnudos porque él vestía traje completo ya que en 10 segundos tenía que atender a la prensa. Viajar a otros países y que en la madrugada se escabullera a mi habitación de hotel para que nadie se diera cuenta. Nunca he sentido eso con nadie; él me enseñó muchas cosas, siempre lo voy a recordar", decía justificándose.

Asombrada ante tales confesiones, le aseguré que mi autoridad moral no me permitía juzgarla. Le dejé claro que no era necesario que me diera tantos detalles y nombres, si no se sentía cómoda.

Mientras se secaba con la mayor delicadeza unas lágrimas que le corrían por las mejillas, se le notaban frunces en el rostro.

Respiraba profundo y decía que nunca se ha compenetrado en la cama con nadie, como lo hacía con él. Según ella, nunca tenían sexo. Siempre hacían el amor con muchísima pasión. Mientras hablaba, me pasaba por la cabeza una canción que dice: "fuimos más que dos amantes, fuimos aguardiente, fuimos delirantes"...

Después de tres años la relación de amantes fugitivos culminó, porque Victoria estaba involucrada sentimentalmente. Además, por estatus social, y todo lo que conllevaba ser presidente en ese momento. No podían llevar la relación a otro paso, pues semejante escándalo repercutiría en su rol público.

Después de ese amorío, Victoria duró un años en duelo. Estuvo así hasta que conoció a un entrenador de fútbol.

"Lo conocí en un bar. Yo estaba sentada con unas amigas y él me enviaba bebidas con el mesero. Cuando nos íbamos me mandó el número en la servilleta y a los días, yo le escribí. Salimos a cenar a las montañas de Heredia. Todo era muy apasionado e intenso, como para que no se diera nada", expresó.

A los meses, se convirtieron en fugitivos. Cuando él le dijo que se iría del país a entrenar a un equipo extranjero, sintió que el mundo se le venía encima, pero aceptó continuar la relación a escondidas y a larga distancia.

"Con él duré siete años. Me compró un automóvil y me pagaba los vuelos para ir a visitarlo. Era muy excitante saber que lo esperaba en el hotel desnuda en la cama y que él llegaría después del entrenamiento. Su esposa siempre creyó que se extendían las sesiones en el campo", afirmó.

Volvió a abrir su corazón y cuando se dio cuenta había roto la promesa de no llevar la relación a "segunda base", como lo llama ella. En palabras más sencillas, significa que tenían un acuerdo tácito de que ninguno se enamorara. Intentó terminar la relación en reiteradas ocasiones, pero siempre caía.

"Todo fue confuso con él. Me decía que me amaba, pero no dejaba a la esposa. Siempre pensé que tenía un conflicto de amor en su cabeza. Lloré mucho cuando todo llegó a su fin, pero llegamos al acuerdo de que había sido muy bonito lo vivido, aparte de que él siempre me aseguró que nunca encontraría una mujer como yo", contó Victoria.

Después de ese bonito recuerdo, Victoria trató de conocer a otros hombres con menor poder e influencia, sin embargo; nunca pudo conciliar una relación puesto que ninguno la hacía sentir poderosa y protegida.

"He conocido a muchos hombres importantes en mi vida. Así pasé toda mi juventud; salí con diputados, futbolistas, cirujanos, empresarios y muchos otros. Siempre me gustó mantenerme en el anonimato. Creo que es mejor vivir así. Le entregué mi corazón a todos y cada uno de los hombres de mi larga lista y nunca esperé dinero ni lujos a cambio. Todo lo que me dieron fue por su voluntad. Nunca exigí nada más que amor y fue lo que menos me dieron", confesó.

Después de cuatro horas de conversación, dos tazas de café y varias reposterías, Victoria concluyó que siempre los va recordar. Los detalles prevalecen en su mente y corazón y a cada uno le tiene un amor diferente. Al final lo que para ella era una cuenta progresiva, para ellos fue regresiva.

Sumaba dinero, experiencia, lujos; su pasaporte se llenaba de sellos y ellos caían en la desdicha y consolación de brazos jóvenes. Mientras tanto, los días de desolación envejecida aumentaban, sumando años y arrugas.

Tras escuchar las experiencias de Victoria siendo "la otra", es fácil concluir que, en una relación extraoficial, las mujeres llevamos las de perder y muchas, como Victoria, terminan arrepintiéndose. Además, son pocos los casos en los que una persona casada deja a su familia para oficializar la relación con su amante.

De acuerdo con la sicóloga estadounidense Joy Davidson, la mayoría de los estudios concluye que los niveles de infidelidad han aumentado considerablemente en los últimos años, a pesar del hecho que el 90% de las personas que son infieles están conscientes de que está mal.

Victoria es una mujer fuerte. Ella asegura que en algunos años piensa escribir un libro, impreso en páginas negras. Cree en el karma y estima que en algún momento, la vida le va a cobrar todo lo que ha hecho, si no es que ya lo está haciendo.