¿Fingir o no fingir?

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La comedia romántica de 1989 “Cuando Harry conoció a Sally” es famosa por una icónica escena, en la que Sally finge un orgasmo en medio de un restaurante. El punto era demostrarle a Harry que él no era capaz de identificar si se trataba de un orgasmo real o uno falso. Tanto en el cine como en la vida real, los orgasmos fingidos siempre han sido tema de conversación: la mayoría de las mujeres hemos fingido el orgasmo en alguna ocasión y a la mayoría de los hombres les preocupa que sus parejas finjan. 

Un estudio reciente del Colegio Kenyon de la Universidad Temple en Estados Unidos volvió a despertar esta discusión sobre el orgasmo, la investigación buscó determinar los motivos por los que una mujer podría fingir llegar a la cúspide del placer. Luego de hacer entrevistas a 431 mujeres con vida sexual activa, se identificaron cuatro razones: por no herir a la pareja, por inseguridad, para elevar la excitación y para dar término a la relación sexual.

Llegar al éxtasis durante el coito no siempre es posible
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“Generalmente se ataca mucho a la mujer, se dice que es una barbaridad que finja orgasmos, en lugar de tratar de entender que es lo que hay detrás” explica la sexóloga Ana Mora. Ella también coincide con el estudio estadounidense al indicar que no existe una sola explicación para que las mujeres aparenten el placer. La especialista establece tres razones fundamentales. La primera, tal y como indicó el estudio de la Universidad de Temple, consiste en la relación que existe entre orgasmo y afectividad. “Recordemos que las mujeres generalmente establecemos relaciones afectivas, por lo que el encuentro sexual está vinculado a esa parte. Se trata entonces de relaciones donde, debido al vínculo, no se quiere lastimar a la pareja” explica la especialista. Es decir, fingir para no herir. 

Mora también explica que a menudo, la falta de comunicación puede ser la causa de que la fémina simule el placer. Generalmente, durante la intimidad, no existe posibilidad de hacer observaciones o conversar sobre la relación. Evitar la situación de incomodar al otro con una observación, crítica o sugerencia, deviene en que exista esa necesidad de aparentar el orgasmo. Además, conversar al respecto significa enfrentarse a los cuestionamientos del otro. “La mujer evita hacer evidente que no tiene un orgasmo, porque también hay mucha culpa desde su parte. La creencia de que hay algo malo en ella” detalla. 

Finalmente la especialista detalla que una razón importante para no decir la verdad acerca de la relación sexual radica en la falta de conocimiento de su anatomía. “Debemos entender que muchas veces la mujer tiene muchos mitos alrededor del orgasmo. Por ejemplo, se cree que sólo se obtiene a través de la penetración, aunque se sabe que no todas lo alcanzan así; igualmente hay mujeres que no alcanzan el orgasmo a partir del sexo oral, pero la pareja asume que eso es garantía del orgasmo. Es decir, hay mucho desconocimiento de la autoestimulación y de las formas que existen para alcanzar placer”, señala Mora.

Sin orgasmo no vale

Cualesquiera que sean las razones, es un hecho que el orgasmo sigue considerándose esencial y eso no es necesariamente cierto. Se considera la culminación del sexo, el punto más alto y el elemento determinante de que “estuvo bien”. No es de extrañar entonces que una de las consultas más comunes que recibe Mora de parte de los varones es ¿cómo hago para saber si es real? La respuesta: no hay forma de tener certeza. Sólo una conversación sincera podría indicarlo. 

Ahora bien, esta preocupación masculina se relaciona con otros conceptos erróneos: que el orgasmo es la única manera de alcanzar placer y que es la tarea del hombre que la mujer tenga el orgasmo. “Se piensa que no podría haber encuentro satisfactorio si no está culminado por un orgasmo, pero eso lo hemos descartado con personas que tienen algún tipo de discapacidad o están bajo medicación, de modo que se limita la respuesta sexual; estas personas igual tienen relaciones sexuales muy satisfactorias”.

Mora señala que esta idea se ha impuesto a menudo por lo que muestran los medios, las películas y la misma pornografía: siempre se culmina en el orgasmo, somos “orgasmo-centristas”.

Asimismo es momento de que los hombres dejen de pensar que es su tarea que las mujeres lleguen al éxtasis. “Se debe romper la idea de que son los proveedores del placer de la mujer. Ahora sabemos que las mujeres deben tener un papel activo”, detalla la especialista. 

Más que atender las razones detrás del por qué fingimos, deberíamos enfocar nuestros esfuerzos en conocer nuestro cuerpo. Identificar que nos gusta y cómo es más fácil tener placer que satisfaga nuestras necesidades y nos complazca, ya sea con un orgasmo o sin él. Al fin y al cabo, cada una es la dueña de su sexualidad. 

Fuentes: Ana Mora, sexóloga 

PUBLICADO: 10 de Junio, 2014 AUTOR: