La década melodiosa de una banda de mujeres

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El pequeño cuerpo de la quinceañera Fabiola Badilla carga un reluciente y pesado trombón dorado hasta el salón de ensayo del Colegio Nuestra Señora de los Desamparados. Una vez sentada, Fabiola posa sus labios en la boquilla del instrumento y el flujo de aire se convierte en sonidos inimaginados y melodiosos, gracias a la vibración.

Fabiola y su talento se sumaron hace ya tres años a la banda de marcha del colegio y sus melodías se acompañan de las de otras 104 muchachas que tienen la música por pasión. Juntas, conforman la banda de mujeres más grande de Centroamérica.

"No se ven muchas mujeres tocando el trombón. Me pareció un reto y eso me gustó", declaró la joven, catalogada como líder en potencia de la sección de trombones de la agrupación.

105 chicas practican todo el año, concentrándose en afinar su oído y acompasar su baile. En desfiles y conciertos visten sus mejores galas y al son de música clásica, ritmos costarricenses y hasta modernos éxitos pop, reciben los aplausos.

Educación con ritmo

La mayoría de los jóvenes prefiere sumergirse en las redes sociales o dedicar sus ratos libres a los videojuegos, pero las integrantes de la Banda de Conciertos y Banda de Marcha del Colegio Nuestra Señora de los Desamparados se centran en aprender a tocar un instrumento, marchar con ritmo, estudiar partituras hasta el amanecer e idear técnicas para sorprender en cada presentación.

Marco Muñoz, el director de la banda y Damaris Araya, directora de este colegio de solo mujeres, encontraron diez años atrás el potencial que tiene la música en la etapa educativa de las chicas.

En este colegio siempre existió una banda. Al inicio se trató de una agrupación tradicional, de esas que vemos cada 15 de septiembre en los desfiles de la independencia; conformada básicamente por percusión y liras. Sin embargo, Araya visualizó la posibilidad de instaurar una banda de marcha, con un despliegue más amplio de instrumentos de cuerda, viento y percusión.

Con esa idea en mente, conoció a Marco en un encuentro pastoral en Desamparados mientras este tocaba la trompeta. De inmediato distinguió su madera de profesor e hicieron clic. Así, se convirtieron en la dupla perfecta para formar a sus estudiantes en una gran banda de marcha, como complemento a la educación integral de las chicas, atraídas por la sonoridad, el baile, los instrumentos y la fusión de ritmos.

"Siempre he creído que la música es un antídoto contra las drogas, la depresión, toda clase de mal que pueda tener una criatura. Pensando en eso y mirando que la música disciplina, que permite expresar lo que no pueden muchas veces con palabras, vi en la banda una gran oportunidad", aseguró Araya, quien es parte de la congregación de Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia.

Sonoras vidas

La banda cambió la vida de muchas estudiantes a lo largo de su década de existencia. Damaris aseguró que, incluso, ha permitido a un par de alumnas mantenerse alejadas de la idea del suicidio.

"Una estudiante me confesó una vez que no se quitaba la vida gracias a la banda. Tenía una situación familiar muy complicada. Su ámbito familiar no producía ganas de vivir en aquel momento. Con el instrumento, las muchachas encuentran paz", contó la hermana.

Cada sábado -y algunas tardes entre semana- los vientos y la percusión retumban entre las paredes del colegio desamparadeño.

Ana María Dobles, de 16 años, guía a sus compañeras de la sección de saxofón, inspirada en su música favorita: la de los años ochenta.

Dobles entró a la banda mientras cursaba su octavo año. Hoy está a punto de graduarse. Lamentablemente, eso significa decirle adiós a su espacio en la agrupación.

Muñoz explica que la banda, por su naturaleza colegial, tiene un sistema de desarrollo cíclico. Cada año, las estudiantes de undécimo se gradúan y deben relevar su instrumento a una chica nueva de séptimo.

"No lo vemos como limitante. Nos mantenemos al nivel de las bandas comunales que tienen músicos profesionales. Nosotros tenemos a una muchacha en tiempo efectivo por 4 años porque el primer año es de aprendizaje. Cada año, son unas 30 a 35 chicas las que rotan porque se gradúan o se cambian a la educación técnica. Pero entran nuevas con muchas ganas de aprender", explicó el dirigente.

Ana María sale de la banda con su graduación, pero no planea desaprovechar lo aprendido pues quiere seguir con sus estudios de saxofón, paralelos a una carrera de sociología.

"Esto es una oportunidad muy buena porque son muy pocos los colegios que tienen una banda así. Si yo quiero estudiar para saxofonista, aquí me brindan ese apoyo. El director me puede buscar canciones y asesorarme para audicionar a la etapa básica de la UCR o en una banda comunal", aseguró la joven.

Colores y alegría

Once chicas ondean banderas de colores mientras marchan alegres al ritmo de la música. Son las Color Guards.

"Las Color Guards somos un complemento a la banda. Somos la parte que le da color porque ellas se caracterizan por la seriedad. Nosotros le damos una cara de felicidad. Las acompañamos con la bandera, haciendo coreografías. Básicamente involucramos danza contemporánea, jazz y otros", explicó la líder de las abanderadas, Gaudy Rodríguez, de 17 años.

Rodríguez prepara a su sección de chicas bailarinas y se asegura de que no descoordinen cuando la banda interpreta canciones como Just Dance, de Lady Gaga.

Por su parte, María Gracia Wadsworth toca los tenors; un instrumento que consiste en cuatro tambores unidos de diferente tamaño y estructura sonora.

A sus 16 años, María Gracia ya ha pasado por casi todos los instrumentos de percusión: comenzó con los platillos, siguió con el bombo y con el redoblante, hasta que llegó a sus preciados tenors.

"La percusión es una de la secciones más importantes en la banda ya que en la mayoría de las canciones se encarga de llevar el ritmo y el tempo, para que la banda se pueda guiar. Casi ninguna banda tiene mujeres en la percusión. Esa es una de las cosas que más me llamó la atención al elegir instrumentos", explicó la estudiante, quien hoy figura como líder de la sección de percusión.

Década armónica

Cuando la banda inició con la expansión de instrumentos, la hermana Damaris no se enfrentó a una tarea sencilla.

Las primeras trompetas las compró sin saber de marcas ni calidades. Luego llegaron los saxofones y hasta un clarín. "En ese momento yo le juro que no sabía ni qué era eso", confiesa la directora.

Con la incorporación de Marco, la banda fue tomando sentido. Se organizó en secciones. Se estableció el sistema de liderazgo, en el cual las chicas que tienen más conocimiento guían a sus compañeras de instrumento. Ser líder de sección constituye un honor y todas las integrantes aspiran a serlo. Para ello, deben mostrar compromiso, disciplina, puntualidad y talento.

La banda de mujeres ha sido invitada al Festival de la Luz desde el 2008. Incluso fue elegida como la banda ganadora en el 2011 y quedó de segundo lugar dos años más tarde. Mérito que no fue tarea fácil puesto en el este festival josefino, se enfrentaron a bandas de marcha cantonales que cuentan con músicos experimentados y muchos profesionales.

Además, las chicas viajaron fuera del país el año pasado por primera vez. Esto lo hicieron como invitadas especiales del Festival Nacional de Bandas en Panamá. El 2017 será en año de México, pues las chicas viajarán para el Festival de Bandas de Acapulco.

"El proyecto es muy caro. Nos hemos financiado con actividades.Tenemos una Comisión de Padres que trabaja durante todo el año para ayudarles a las chicas con los gastos, sobre todo cuando hay actividades fuera de la institución. Solo transportar la banda es casi medio millón de colones, pues son más de 100 muchachas, todas con su instrumento", explica la directora.

Marco añadió que los instrumentos son activos costosos, pues van desde los 150 mil colones hasta los 3 millones de colones, por lo que para las chicas es difícil adquirir un instrumento propio para seguir practicando en casa.

"Es muy triste la injusticia social, porque los instrumentos son muy caros. Los gobiernos deberían de quitarle impuestos a los instrumentos musicales, deberían de favorecer esto. Muchas veces nos quejamos de la juventud, que ha perdido el rumbo... Pero, realmente, ¿qué les damos nosotros? Estos espacios son muy importantes. El talento está, lo que falta es la oportunidad para desarrollarlo", apuntó Araya.

Las mejores 60 estudiantes conforman la banda de conciertos además de pertenecer a la de marcha. Con la agrupación de conciertos las horas de ensayo aumentan y las chicas se preparan para diferentes actividades dentro y fuera de la institución.

Han sido invitadas a tocar en actividades especiales, conciertos navideños en centros comerciales e incluso en las provincias costeras. Recientemente, organizaron un gran concierto de "música plancha" a beneficio de la banda, que consistió de unas 14 canciones. Ensayaron muchos meses para esta actividad e incluso debieron sacrificar parte de sus vacaciones de medio año para asistir a prácticas.

"Cada nota que ellas ejecutan, alegra el corazón de otra persona", concluyó la directora de la institución.

¿Qué es una banda de marcha?

Es una actividad física y artística. Consiste en una banda musical que se conforma por instrumentos de viento metal, viento madera y percusiones. Generalmente participan en desfiles, marchando al estilo militar y entonando diferentes melodías que pueden ser piezas de cualquier género musical adaptadas a los instrumentos de la banda.

Utilizan uniformes con alusión militar. Algunos de los instrumentos que las componen son trompetas, clarinetes, saxofones, flautas, trombones, tubas, tambores, multi tenores, redoblantes, platillos y bombos. Además, se acompañan de un cuerpo de animadoras, abanderadas o Color Guards.

PUBLICADO: 12 de Septiembre, 2016 AUTOR: