"Internet nos cambió la cabeza"

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Hernán Casciari es un argentino que se enamoró de una catalana y se quedó con ella en Barcelona. Lejos de su país natal, encontró refugio en los blogs. Sin saber bien cómo y en qué momento, una comunidad digital se creó alrededor de sus publicaciones. Su primera y exitosa novela Más respeto que soy tu madre fue una edición de los textos publicados en Internet.

Luego, se inventó una excusa para hacerle creer a la gente que estaba trabajando y montó con su mejor amigo una revista trimestral, llamada Orsai, de distribución mundial, carente de publicidad y  comprada por los lectores sin injerencia de intermediarios. Todo esto es posible por las nuevas tecnologías.

Escritor, promotor de la democratización de la cultura, amante de las buenas series de televisión, del fútbol, de los libros que valen la pena y de la pizza, padre de una niña de nueve años y aficionado a hacer de todo un juego. Hernán Casciari nos comparte sus opiniones sobre los cambios del siglo XXI.

P: ¿Qué le dice a quienes aseguran que la gente ya no lee?

H: Me parece que con el advenimiento de las nuevas tecnologías se lee muchísimo; lo que pasa es que tal vez no se lee desde una misma plataforma o un mismo formato.

"Hasta hace unos 15 o 20 años, la única manera de lectura eran las impresas: los libros, las revistas; de un tiempo a esta parte, leer significa otra cosa: significa compartir experiencias, redes sociales, etc. Me parece que todo el mundo está leyendo algo. 

"Lo que difiere es que no hay una línea de lectura, una concentración en la lectura, ni una dedicación absoluta. Nadie se sienta los domingos en la tarde con un libro y un coñac a leer una larga novela.

"Se están diversificando mucho los formatos y yo no sé si eso está bien o está mal: solo sé que es lo que está ocurriendo. Entonces hay que plantearse que en los diversos medios haya una profundidad temática y un estímulo para el lector."

P: ¿Qué le diría a quienes auguran la muerte del papel?

H: Como humanidad tenemos un afán con la palabra “desaparición”. Cada vez que aparece algo nuevo se tiende a pensar que va a reemplazar para siempre a lo viejo. Estamos vaticinando la muerte de la radio, por ejemplo, desde 1810, y la radio está ahí y sigue siendo un canal de expresión genuino, veloz y no la mató ni el cine, la televisión, la fotonovela, ni Internet. 

"El formato del papel cumple una función, incluso hasta de objeto fetiche. Nadie regala un PDF para el cumpleaños de nadie; en cambio el libro es un regalo por excelencia. Así las cosas, en tanto la gente continúe cumpliendo años, supongo que la industria del contenido impreso en el papel seguirá viva y coleando".

"Los medios de comunicación tendrán que encontrar la manera de diversificar sus negocios y, sobre todo, dejar de patalear porque ni la gente está dejando de leer ni la información está desapareciendo."

P: ¿Hay alguna salida para la crisis de los periódicos?

H: Sí, que dejen de pensar en dinero y empiecen a pensar en otra cosa. Yo no creo que haya una crisis editorial: me parece que hay una crisis avariciosa. Los dueños de los grandes medios están viendo que no pueden hacerse millonarios con tanta facilidad, pero ese no es un problema del periodismo. 

"En nuestro mundo está cambiando la forma de consumir la información. Los medios de comunicación tendrán que encontrar la manera de diversificar sus negocios y, sobre todo, dejar de patalear porque ni la gente está dejando de leer ni la información está desapareciendo".

P: Con las nuevas tecnologías, ¿qué cambios ha percibido usted en nuestros hábitos más básicos: ver tele, comer y leer?

H: Somos otros, con toda seguridad. No tenemos las mismas costumbres que nuestros padres. Nos encontraríamos desamparados si, de un día para otro, nuestros sistemas de comunicación volvieran a 1970. Estamos acostumbrados a conectarnos de otra manera con las personas, con el audiovisual y con la información. 

"Nuestras neuronas funcionan distinto, nos ha cambiado la cabeza con Internet. Si hace 25 años hubiesen puesto a una persona a ver en televisión la serie Juego de tronos, que tiene más de diez historias paralelas, no habría entendido absolutamente nada pues no estaba acostumbrada a esa fragmentación de la información, sino a historias lineales".

P: ¿Cree usted posible que la cultura llegue a ser libre?

H: Tiene que ser así. La gente que está evitando que eso suceda se llegará a cansar o a morir.

"Pasó con la música. Cuando las primeras personas empezaron a descargar una canción, la industria discográfica hizo todo lo posible para que eso dejara de ocurrir: hablaron con los gobiernos, con la NASA, con la CIA, quisieron meter presa a gente por compartir una pieza… y no pasó nada. No tiene sentido ponerle fronteras al campo".


P: ¿Qué cosas le ofrece la lectura que no le pueden dar otras actividades?

H: Yo no tengo una predilección por la lectura. Me gusta que me cuenten historias con calidad, me da igual si me lo cuentan en un libro o por televisión. De lo que estoy seguro es que hay libros horribles y series de televisión patéticas, pero la televisión no es mala ni los libros son buenos per se. En una librería hay un libro bueno entre 150 porquerías.

"Decirle a un niño «apague la televisión y vaya a leer» es una tontería. A los niños hay que acompañarlos en su crecimiento emotivo e intelectual para que sepan distinguir la calidad de la basura, en cualquier formato".

P: A estas alturas, ¿volvería a aceptar un trabajo de horarios, corbata y oficina?

H: No sé si sabría hacerlo y tampoco hay necesidad pues mi trabajo consiste en escribir. Puedo escribir un cuento en un hotel, un parque, en cualquier sitio. No es un asunto de antisistema, sino de lógica.