El traje típico de Costa Rica: su historia

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Una enagua floreada larga y una blusa de gola con lentejuelas. Sobre los hombros, las gasillas son las que no dejan que un chal negro con flores amarillas cambie de posición. Leidy Muñoz además tiene puestas unas sandalias de cuero y lleva su cabeza adornada con flores. Al moño tallado le supo agregar un par de trenzas falsas con cintas que combinan con el vestido. En el estudio fotográfico, una luz cenital y un fondo negro le dan más énfasis a las cintas y a los colores de la enagua floreada. La fotógrafa congela los movimientos de la enagua, mientras la bailarina enseña los tipos de vueltas usadas en las coreografías. “Así es como el vestido se luce más”, dice Leidy ataviada en el traje típico, con los labios rojos y dando vueltas primero para un lado y luego para el otro para no marearse.Veinte años de bailar en la Asociación de Cultura Popular Costarricense Güipipía hacen que Leidy diga con seguridad que en cuanto a trajes “los tiene todos”.

El director de la agrupación, Edgar Cerdas, se ha dedicado a investigar los trajes típicos y vestimenta de nuestro pasado, razón por la cual Muñoz tiene vestuarios de cada provincia, de algunas regiones e incluso de grupos indígenas. Aún así, la enagua volada y la blusa que lleva puesta, ese traje que nos imaginamos cuando decimos traje típico costarricense, no se relaciona en nada con nuestros antepasados precolombinos, ni con las poblaciones indígenas que aún tenemos y ni por asomo tiene una pizca de nuestros ancestros afrocaribeños. ¿Qué lo convierte entonces en el traje típico?

Asociación de Cultura Popular Costarricense Güipipía
FOTO: Jeannine Cordero ampliar

La bailarina es la culpable

El historiador José María “Milo” Junco asegura que Margarita Esquivel Rohmoser es la responsable del traje tal y como lo conocemos. Esquivel nació en 1921 en Costa Rica y destacó como una bailarina prominente. Su exitosa carrera la llevó a estudiar en la reconocida academia de baile Martha Graham en Nueva York.“En los años 40, o por ahí, a ella la invitaron a una convención donde debía llevar un vestido representativo del país de origen. Entonces ella se inspiró en vestidos que había visto en fotografías antiguas y además averigüó cómo andaba la cosa en otros países. Luego habló con una costurera muy famosa en ese tiempo: Leila Guardia”, detalla Junco.

El historiador explica que la costurera tomó la blusa y la hizo de gola, con dos y hasta tres saldos de tela, agregó lentejuelas, abalorios, cintas de raso y moños de cintas. A la enagua lisa y simple le agregó enormes vuelos usando tela más pesada y brillante. Además hizo la falda doble plegada. Se les ocurrió también colocar flores y trenzas sobre la cabeza como una diadema. La característica cinta negra amarrada en el cuello con un relicario o un crucifijo, usada en la época de la Colonia, también fue agregada al traje. 

Labriegos sencillos

La bailarina y la costurera lograron diseñar un traje que representara a Costa Rica, pero la elaboración del imaginario que el traje representa se venía gestando desde antes. Lucía Arce, historiadora del Teatro Nacional explica que la clave se encuentra en nuestra historia.

“Hay que entender un poco la historia de Costa Rica para lograr conceptualizar qué es el traje típico. Es una representación dentro del común imaginario, un elemento más de la identidad cultural, que en este caso se expresa mediante la vestimenta”, detalla. Luego de la independencia surge la necesidad de agrupar a los pobladores de las regiones con el fin de convertirse en la nación que luego sería Costa Rica.

“La nación es un elemento más bien cultural. Una nación es una colectividad integrada por personas que se suman al común denominador: mismo idioma, misma religión, mismas costumbres. ¿Qué pasa cuando Costa Rica se independiza? Pues que tiene que sumar a todos sus actores como necesidad política y para sobrepasar localismos”, agrega Arce.En este escenario es que el nacionalismo juega un papel importante, es con los elementos nacionalistas que se crea un común imaginario y nos sentimos identificados con un país con el fin de construir un proyecto político. Nuestro país no es el único que tiene representaciones de su identidad en la forma de vestimenta, de hecho todos los países lo tienen, la diferencia es de donde se toman esos elementos. “Ya sea que se tomó de sus grupos más autóctonos o indígenas, o bien de otros grupos representativos, finalmente tiene que ver con esa adaptación del simbolismo que busca ser genuino”, agrega la historiadora. 

Poco a poco se van creando esos elementos de identidad: Juan Santamaría se establece como el héroe, la Virgen de los Ángeles es la patrona y la Campaña Nacional del 56 se convierte en el acontecimiento. A estos se le sumarán elementos elaborados con el fin único de exaltar el nacionalismo como será el himno nacional y la bandera. Dentro de la construcción de la identidad de esa nueva nación se le debe agregar el tipo de país que se quería construir: un país con un modelo político que no era para las mayorías, sino que favorecía a unas cuantas familias adineradas. Precisamente por eso era importante que la clase baja, la mayoría, fuera representada en esos elementos de identidad. “Una de las claridades fundamentales en esta construcción del estado, después de la independencia, va a ser crear una civilización y el sinónimo de civilización es Europa. Es ese imperante eurocentrismo que nos va a llegar desde todo punto de vista. Quienes van a implementar el modelo político, económico, filosófico e ideológico, que es el liberalismo, van a emularlo de todas las formas y van a usar el nacionalismo y el concepto de nación, tomando elementos de la cultura popular. El traje típico es uno de ellos”, puntualiza Arce.


Trajes de época

Si bien el concepto de traje típico se acuñó para darle forma a una nación, es un hecho que la vestimenta típica se inspira (a pesar de sus interpretaciones libres) en la indumentaria que nuestras antepasadas usaban desde la colonia hasta el siglo XIX, por lo que tenían una fuerte influencia española.

Investigaciones como las de Junco y Cerdas han logrado acercarnos a los trajes usados en las provincias y regiones costarricenses, que ahora son clave para reconstruir nuestra historia y alimentar el folclor tico, entendido como el conjunto de tradiciones de un grupo particular. Junco asegura que la ropa usada por doña Anacleto Arnesto Fajardo de Troya, que vivió en Cartago desde 1809 hasta 1877, da una idea de la forma en que se usaban los vestidos durante esa época en dicha provincia. El traje era supuestamente similar al oficial de Navarra en España, de una lana aterciopelada y hasta el tobillo dejando expuestos los botines negros.Igual con Alajuela, donde señala que lo usado era una blusa con estampado de flores pequeñas y manga larga que se arrollaba. La enagua de Heredia era característica por su estampado mientras que lo que se usaba en San José era más sencillo.Limón es quizá una de las provincias con mayores diferencias, precisamente por su población afrocaribeña. Los elementos de esa herencia africana, hacía que se vistieran muy elegantes y utilizaran accesorios muy particulares como el turbante, explica Junco. Guanacaste fue, y sigue siendo, un territorio que vino a aportar muchísimo culturalmente desde su anexión en 1824. Prueba de ello es que su acervo cultural tuvo una gran influencia sobre el diseño más reciente del traje, especialmente por sus colores, accesorios y peinados. Asimismo hace un gran aporte musical, que va a ir de la mano del traje y la forma de bailar.Aún así investigadores del folclor van a insistir en que basarse totalmente en los aportes de esta provincia es un error.

La vestimenta tradicional de las poblaciones indígenas ha dejado pocos rastros. Desde el siglo XVI, con la conquista, se hicieron esfuerzos sistemáticos para alejarse y exterminar todo lo relacionado con grupos indígenas, especialmente porque lo civilizado no se asociaba con estas poblaciones. No obstante, Cerdas ha recuperado información valiosa sobre estos grupos identificando el uso del algodón y otras fibras naturales para elaborar su indumentaria. Además se sabe que acostumbraban decorar con plumas de colores y alhajas de jade, piedra y oro. A pesar de esta información, el traje típico costarricense no se asocia con lo indígena puesto que ese no era el enfoque que se quería dar a la nación. 

Entonces ¿cómo debería ser el traje típico costarricense? Podemos profundizar en las razones de su creación, en los orígenes de su implementación o en las ropas que verdaderamente usaban nuestros antepasados en otras épocas, pero no tendremos una respuesta definitiva. Aún así, el traje se convirtió en una representación del ser costarricense y un elemento identitario. “Si el baile popular y el traje típico se mantienen es porque existen folcloristas, gente o grupos dentro del país, que se han interesado”, explica Arce. La “verdad” detrás del traje es que representa una parte de nuestra historia, un proceso que aún sigue en marcha. Leidy dice que no podría bailar igual sin colocarse la blusa y la enagua de colores. “Amo mi país y el folclore de mi país. Ponerme el traje es sentir a Costa Rica” expresa. 



Fotos Jeannina Cordero / Producción Jairo Barrantes / Maquillaje Hugo Gamboa
Fuentes: Libro Mujeres destacadas de Costa Rica, Inamu, 2007 / Libro En busca de mi verdadera identidad cultural, MEP, 2004 / Lucía Arce, historiadora Teatro Nacional / Edgar Cerdas y Leidy Muñoz de la Asociación de Cultura Popular Costarricense Güipipía/ José María “Milo” Junco.

PUBLICADO: 18 de Septiembre, 2014 AUTOR: