Juntos pero no revueltos
Publicado el: 08 Feb 2012
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Por Mónica MoralesMás notas del autor
Andrea y Germán (seudónimos) están casados, se admiran, se adoran y se aman, pero prefieren vivir en casas separadas. Tras tres años de matrimonio y convivencia, llegaron a la conclusión de que sus estilos de vida era incompatibles, a pesar del cariño que se profesan.
“Hay detalles que pueden parecer insignificantes, pero con el tiempo se vuelven enormes, por ejemplo: mi esposo ama los “chunches”, tiene calaveras de mono guindando de las paredes y a mí me parece aterrorizante tener eso en la sala”, relata ella.
Para esta pareja, la convivencia no fue más que una piedra en el zapato y la solución ha sido placentera.
“Ahora el tiempo que estamos juntos es para disfrutar y no por rutina, cada quien tiene su propio espacio, puede decidir que hacer con su tiempo y tener sus cosas a su estilo”, cuenta Andrea.
La sicóloga Sarita Álvarez comenta que la convivencia es uno de los temas más difíciles en el matrimonio. Hay costumbres que son imperceptibles durante el noviazgo, pero cuando se habita bajo el mismo techo nos enteramos si la otra persona deja la ropa interior botada, si no baja la tapa del inodoro, si ronca, si se levanta muy tarde o demasiado temprano, etc.
Vivir con la pareja antes de casarse es una alternativa para probar antes de dar el gran paso. Hay una forma popular de saber cuando se está en esta etapa: ¡cuando se traslada el cepillo de dientes! Es una alternativa, aunque exige una mentalidad abierta y moderna que muchos jóvenes tienen, pero no así sus padres.
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