Perdonar la liberará y no depende de otros

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Cuando nos hacen daño, una sensación de desagradable se percibe dentro. La tristeza, la frustración y el enojo que adueñan de nuestro interior y muchas veces se alojan como una pesada carga que nos agobia a diario.

Dejarla ir no es fácil, pero sí liberador. Lo mejor de todo es que no depende de nadie más que de uno mismo.

Cuando siente enojo se hace daño solo a usted. Es muy probable que la otra persona ni se entere de ello, por eso los expertos en sicología aseguran que el perdón es un acto para uno mismo.

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Cuando tenemos que pedir perdón

Este es un paso super difícil para muchos, ya que se trata de un acto de humildad. No es fácil reconocer que se ha hecho daño físico o emocional, y hay quienes no se perdonan a sí mismas si han cometido un error.

Lo primero para lograr pedir perdón es necesario reconocer que hice un daño, no es culpar a otros. Es reconocer la responsabilidad.

En segundo lugar entra la empatía con el dolor de la otra persona. Ponerse en los zapatos del otro, entender por lo que esa otra persona está pasando y analizar porqué nosotros actuamos de cierta forma. Este debe ser un proceso reflexivo, donde se deben dejar de lado excusas como "el otro me provocó".

Debe haber un propósito de corrección. Estar consciente de lo que pasó y lo que nos llevó a actuar de esta forma. Si ya sabe que cuando se enoja dice cosas que hieren, lo mejor es no hablar en ese momento, y retomar el tema cuando ya se ha calmado.

Pedir perdón explícitamente. No se vale darlo por hecho. La palabra es curativa para uno como para la otra persona.

Explíquese sin excusas y con razonamiento: "Perdóneme, la lastimé con las palabras que dije, no debí actuar así". No justifique sus reacciones en las acciones de otros.

Reparar el daño. Ya lo hecho está hecho, dice el refrán, pero en definitiva es necesario buscar cómo reparar ese daño. Sí, lo material puede ayudar, pero al darlo no olvide "pedir perdón" y además decir "que si puede hacer algo más para que se sienta mejor o sanar la herida".

Hay que ser empático, no se vale que sea de la boca para afuera.

Cuando debo dar el perdón

Aquí estamos del otro lado de la tortilla: cuando somos los lesionados y esperamos una disculpa del otro. Sin embargo, aquí también es necesario perdonar y perdonarse.

Las heridas de otros son como la cicatrices que nos dicen dos cosas: "aquí hubo un daño y soy la víctima" o "aquí sané y aprendí de la experiencia del perdón".

El perdón es un acto de liberación para uno, no tanto para la otra persona. Al perdonar no se renuncia a nuestros derechos ni a buscar no volver a ser herido.

"Cuando uno no da perdón los sentimientos de enojo le hacen daño a uno mismo, cuando se toma la decepción de liberarse uno tiene que reorientar ese sentimiento hacia sanarse". 

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Para lograrlo:

1. Reconozca que sufrió un daño, que eso la lastimó. Lo que uno no habla el cuerpo lo grita y si no expresa van a empezar a aparecer los "itis" (gastritis, colistis...).

2. Elija perdonar. Es liberar los sentimientos negativos que se sienten hacia quien le causó el daño, se lo pidan o no. Es cortar lo que la mantiene atada a lo que esa persona me le hace.

3. La autoprotección. Ya decidimos perdonar, ahora tome la medidas para que esa situación no vuelva a ocurrir. Si bien no fue su culpa, es necesario aprender a poner límites y no volverse vulnerable. Tomar fuerza de lo aprendido y si es necesario tomar distancia de quien le genera daño.

4. Reflexione. Si escucha a una persona quejarse y decir que le tocó trabajar mucho o que otros se aprovechan de alguna forma de ella, es momento de tener retrospectiva, ponerse en lo pies de esa persona y pensar si en algún momento usted pudo actuar de esa forma para no volver a hacerlo.

5. Expresión de ese perdón. Aquí lo importante es entender que expresarlo sana, ya sea que otra persona lo escuche o no y el proceso es personal. No siempre va de la mano de que el otro me entienda, sino de lo que usted acaba de decidir.

Algo debe quedar claro, el perdón no es asuntó de creencia. Es liberarse a uno mismo.

Fuente: Ana Catalina Cárdenas, psicóloga de la Clínica Integral Pediátrica (tel:.8317-9096).

PUBLICADO: 19 de Diciembre, 2016 AUTOR: