Relaciones impropias: otro disfraz de la violencia

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Sheila Thompson es vecina de Limón. Cuando tenía 14 años se enamoró de un joven, lo conoció por teléfono intentando defender a una amiga de los acosos de aquel hombre.

"Vea no moleste más a mi amiga", fueron las primeras palabras que cruzó con el que hoy es padre de su hijo de tres años.

Realmente no sabe cómo fue que empezaron las cosas, una conversación tras otra la llevó a un encuentro que pronto se convirtió en un noviazgo a escondidas. Solo sus amigas sabían de aquella ilusión que por algún tiempo despertaba el desconocido.

Lo que no sospechaba era que esa relación le cambiaría la vida y la haría madurar de golpe. Qué iba a imaginar que algo negativo se escondía detrás de las mil frases de amor o las caricias que afloraban en cada encuentro.

La realidad es que se trataba de una relación tóxica, de esas de las que uno escucha y dice "qué tonta esa mujer seguir ahí". Pero para cuando Sheila lo supo ya la fortuna estaba echada.

Conoció al padre de su hijo cuando iba al colegio, ella tenía 14 y él 28. "La verdad nunca le puse mente a eso de que fuera mayor, fueron cosas del destino, en realidad", cuenta la joven.

Cuando empezaron a frecuentarse Sheila tenía amigos a los que por costumbre les hablaba de "mi vida" o "mi cielo" y los trataba como si fueran hermanos de sangre, pero eso a él le molestaba, la celaba y le reclamaba más tiempo. Fue desde ese momento que sin darse cuenta empezó todo.

Los primeros gritos se dieron en el cumpleaños de aquel hombre, le enojaba que la joven no lo pudiera acompañar. "Yo le expliqué que era menor de edad, que mi mamá jamás me dejaría salir a esas hora y menos si no sabía con quien. Me decía que yo no iba porque no lo quería".

Con el tiempo las mariposas se fueron muriendo y salieron a la luz frases como "parece monja con esa ropa" o "qué piernas más flacas", que llegaron acompañadas de control y condiciones.

"Uno no le va tomando importancia a esa cosas, uno no ve que son señales de violencia. Ya después era control total. Sí tuve ganas de dejarlo, pero no podía. Es difícil decirlo, cuando ya uno lo vive se enrolla tanto que no sabe cómo salir de ahí. Si hubiera sabido lo que ahora sé no hubiera permitido lo que pasó, lo único bueno que salió de todo esto es mi hijo", reflexiona.

Sheila es una de las 12.300 adolescentes madres, cuyas parejas les doblan o triplican la edad. Es decir, que vivieron una relación impropia, esas donde no existe equilibrio de poder y en las que una de las partes sale perdiendo.

Paula Antezana, representante auxiliar del Fondo de Población de las Naciones Unidas en Costa Rica (UNFPA), explica que las relaciones entre niñas adolescentes y hombres adultos lejos de ser vínculos de amor, empatía y compañerismo, se trata de nexos de sumisión donde vemos que la niña no solamente se expone a un embarazo, sino que está en riesgo abandonar su colegio, dejar de ser niña y entrar en cuadros de violencia intrafamiliar.

Según un estudio realizado por DNI Costa Rica, Modelo de prevención a nivel local: 30/15, las relaciones impropias es una violencia "naturalizada", es decir, que se ve como una forma "normal" de relacionarse.

Esta situación contribuye a que quienes la sufren piensen y sientan que es "lo que les ha tocado vivir", haciéndoles creer que son las responsables de que ocurra.

Esta violencia, al igual que otras como el sexismo, actúa en forma de ciclo, ya que empieza muy solapada, aumentando gradualmente el daño a sus víctimas.

Salir de esta situación no es imposible, sin embargo, se dificulta por situaciones como tener la promesa, sueño personal y presión social de tener una relación en pareja, la dependencia económica y emocional, y las imposiciones sociales y religiosas de que la familia debe permanecer unida a toda costa.

Cifras. Las cifras en Costa Rica dependen de la edad. Entre quienes inician su vida sexual antes de los 15 años, tres de cada 10 hombres y seis de cada 10 mujeres lo hace con alguien cinco o más años mayor.

Mientras que en el grupo que inicia su vida sexual entre los 15 y 19 años, el número de casos que lo hace con alguien mayor se reduce a la mitad en el caso de los hombres y a 4 de cada de diez mujeres.

Estas cifras, que se desprenden de la II Encuesta de Salud Sexual y Reproductiva, no son del todo nuevas. Desde el 2011 un estudio similar determinó que el 8.5% de las niñas entre 12 y 19 años estaba involucrada en una relación impropia. La mayor parte en unión libre y un menor porcentaje casadas.

Sin embargo, no fue hasta la segunda quincena de enero de este año que el Gobierno publicó en el diario oficial La Gaceta la nueva ley 9406, conocida como la Prohibición de Relaciones Impropias, en la que se castiga con prisión las relaciones sexuales con menores de edad.

Anteriormente, una joven entre 15 y 18 años podía contraer matrimonio con la autorización de sus padres. Con la modificación de la ley, la edad se fija a los 18 años independientemente de contar o no con el permiso de sus progenitores.

Además, con el cambio al código penal, se configura el delito de relaciones sexuales con una persona menor de edad, si se trata de un joven de 13 a 15 años y la pareja es cinco años mayor. Cuando el menor tiene entre 15 y 18 se configura el delito cuando la diferencia de edad es de 7 años.

Antezana explica que el consentimiento sexual se establece a los 13 años, siempre y cuando la pareja no exceda los cinco años de diferencia. "La ley no está criminalizando la relación sexual cuando se da entre pares. El gran reto ahora es ejecutarla. Estamos hablando de situaciones muy encarnadas en la sociedad", aclara.

Patriarcado. Ver a las mujeres como objeto sexual, vivir en una cultura adulto-centrista y bajo la sombrilla del patriarcado es, a criterio de los expertos, la causa principal de que las relaciones impropias continúen vigentes en nuestro país.

Para Elizabeth Ballestero, gerente técnica del Patronato Nacional de la Infancia (PANI), se trata de una problemática que en definitiva no se detendrá con una nueva ley. Se dificulta en una sociedad que "premia" al hombre que consigue una pareja joven, como si se tratara de un trofeo. Mientras que en las mujeres se inculca la idea buscar en un hombre un papel de protector, que "las mantenga y las lleve a vivir su cuento de hadas".

"Una chica que empieza su adolescencia viene con todas esas expectativas de la cultura y se acerca un hombre que tiene dinero y le compra cosas y por un tiempo juega ese papel de protección que quizá no tuvo en casa. Mientras el hombre lo que busca es saciar sus deseos de conquista y mostrarlas como un trofeo", sentencia Ballestero.

De acuerdo con las expertas, las relaciones de pocesión, de control de la intimidad, la forma de vestir y hasta la forma de hablar no debería tener cabida en una sociedad que ha mejorado, por ejemplo, en el índice de nacimientos por mujer que está en 1.4, pero por otro lado se materializa la desigualdad al encontrar que esos nacimientos se concentran en chicas menores de edad.

"Esta es una bola de nieve, las estadísticas nos dicen que la situación en el país ha cambiado poco, pese a que desde hace 10 años se habla de ello, esto debido a que hay raíces culturales muy profundas", dice Antezana.

Perfiles. ¿Quienes son estas niñas? Aún no existe un mapa que nos indique quiénes son las jóvenes que se ven inmersas en relaciones impropias. Lo que sí se sabe es que son chicas que no tuvieron una figura adulta que brindara afecto y protección.

"El hecho de tener padres no significa que jueguen bien ese rol. Son chicos que están sumergidos en entornos de violencia y caen muy fácil ante el afecto fuera de casa, un afecto que luego se convierte en abuso", dice Ballestero.

Estos criterios del PANI no están muy alejados de la realidad que arrojan las encuestas de salud realizadas en Costa Rica.

Según estos estudios las adolescentes más propensas son las que tienen un nivel de escolaridad bajo, están en el área rural o urbano-marginal, son indígenas, migrantes o viven en zonas fronterizas. En síntesis se trata de poblaciones sumergidas en la pobreza.

"En este dibujo vemos como la falta de acceso a nuevas oportunidades las empuja en relaciones impropias", explicó Antezana.

La línea desarrollada en el 2016 por DNI Costa Rica en las comunidades de Limón y Chacarita, arrojan las razones por las que los hombres buscan mujeres jóvenes para emparejarse: "por sus cuerpos, la vejez los aburre, no pueden con una mujer adulta, porque las jóvenes acceden más rápido con dinero y cariño; y porque las mujeres jóvenes realmente se enamoran, mientras que las adultas son más frías y controladoras".

Esta realidad se refleja en la II Encuesta de Salud Sexual y Reproductiva. Cerca del 25% de niñas y adolescentes que sufrieron abuso u hostigamiento sexual en algún momento les ofrecieron dinero, ropa, trabajo y otros privilegios a cambio de mantener relaciones sexuales.

En tanto, el informe del DNI indica que las adolescentes aprueban vincularse con adultos entre otras aristas por la madurez del hombre, dinero, protección y por querer irse de sus casas. Aunque deja claro que las adolescentes no reconocen que se enfrentan a niveles de violencia con estas parejas.

La educación formal e intrafamiliar es clave para lograr el cambio cultural que pondrá freno a las relaciones sexuales con adolescentes.

Entre los retos pendientes queda el divulgar la existencia de esta ley y apoyar a las adolescentes para que, al igual que lo hizo Sheila, tomen control de su vida y se establezcan retos que las saquen de los círculos de violencia como el que trae las relaciones impropias.

Fuentes:

Fondo de Población de las Naciones Unidas, Costa Rica (tel.:2296-1265)Patronato Nacional de la Infancia (tel.:800-2262-6262)DNI Costa Rica (tel.: 2236-9134)

Fotografías de Priscilla Mora, para UNFPA Costa Rica.

Nota del editor: Se aclara que con el cambio al código penal, se configura el delito de relaciones sexuales con una persona menor de edad, si se trata de un joven de 13 a 15 años y la pareja es cinco años mayor.

PUBLICADO: 27 de Marzo, 2017 AUTOR: