¿Cómo solucionar los problemas de comportamiento del gato?

  • Conversemos

  •  

Ronronea, juega, tiene el pelaje brillante. Pero un día, el gato se vuelve descuidado en la limpieza de sí mismo, se orina en nuestra almohada o se pelea con el otro gato que hay en casa. Algo pasa.

Lo primero, dice Birga Dexel, terapeuta felina, es establecer la diferencia entre trastornos y problemas de comportamiento.

La caza continua de la propia cola,  morderla y lamerla continuamente, pertenece a la primera categoría. En algunos casos, el daño que se ocasiona el gato es tal, que puede llegar a haber que amputar una parte de la misma.

La causa, en muchos casos, es que el gato fue separado muy pronto de su madre. En muchas ocasiones, se separa al animal de la madre cuando tiene ocho semanas, y eso es demasiado pronto, explica Dexel. "Como pronto a las 12 semanas están preparados para ello, aunque es mejor incluso esperar a las 16", indica.

Cuando los cachorros han tenido que salir adelante sin su madre siendo muy pequeños, un solo desencadenante de estrés puede llevar a que haya problemas.

Entre estos se encuentra también la alopecia felina autoinducida: el gato se lame tanto el pelaje, que acaba perdiendo el pelo, viéndose la piel y, además, esta se inflama.

(Ante los problemas de comportamiento del gato, cuanto antes se intervenga, mejor y más rápido se solucionarán.Foto: Andrea Warnecke)

"Las zonas afectadas normalmente son la espalda, la panza y la parte interna de las patas traseras", indica Barbara Schöning, presidenta de la Sociedad Veterinaria de Medicina y Terapia del Comportamiento de Hamburgo.

No obstante, también puede ser que detrás de ello haya parásitos o una alergia. "Las alergias en los gatos se están incrementado, sobre todo desencadenadas por determinados alimentos para animales", dice Dexel.

"El animal también puede lamerse por problemas con los riñones o la vejiga, como una cistitis crónica", añade Schöning. Su dueño debe por ello llevarlo al veterinario en cuanto vea algún tipo de comportamiento extraño. También cuando esté nervioso.

"Puede haber una hiperfunción del tiroides", indica Heide Bernauer-Münz, de la Federación de Veterinarios en Activo de Fráncfort.

El síndrome de pica es más complicado: el gato se come, por ejemplo, ropa de cama, guantes de goma, alfombras o cualquier otra cosa.

"El pica puede estar condicionado genéticamente y se da con frecuencia en razas orientales como los gatos siameses o birmanos", cuenta Dexel. En este caso, el tratamiento es realmente complicado.

  Cambios en los felinos

Un comportamiento problemático nunca surge de la nada. Con frecuencia son varios factores los que desencadenan estrés en el gato. El animal puede estar aburriéndose y necesitando atención, o tiene pocos lugares para retirarse, poca comida o un arenero demasiado pequeño.

A los gatos tampoco les gustan los cambios. Son animales de costumbres. Así, una mudanza, una visita, las vacaciones de sus dueños, una nueva pareja o el nacimiento de un bebé pueden afectar al felino.

"Los celos son un gran problema en los gatos", apunta Dexel. Todo esto puede conducir a que el animal se encuentre incómodo e inseguro y reaccione a ello. Con frecuencia se vuelve sucio, se orina junto al arenero, en zapatos o en un cojín.

"Las personas muchas veces no entienden lo que ocurre y actúan incorrectamente", según Dexel. Algunos dueños gritan al animal o le restriegan la nariz en el orín. "Esto solo agrava la situación", dice la terapeuta felina. El animal se vuelve más inseguro y temeroso, lo que hace mayor el problema.

Orinar no es un acto hostil. "Es una estrategia de superación que aparece cuando hay estrés crónico y se puede convertir después en un ritual establecido", dice Schöning.

(Cuando sufren síndrome de pica, los gatos se comen ropa, entre otras cosas.Foto: Kai Remmers)

Cuando varios animales viven en casa, el problema puede ser también el mobbing, pero los dueños no se dan cuenta hasta que el animal se vuelve sucio o agresivo.

Los terapeutas veterinarios comprueban en muchas ocasiones que los animales no se soportan entre sí. Visitan el hogar y observan los comportamientos. "La mirada externa ayuda, yo veo cosas que el dueño no ve", dice Bernauer-Münz.

Si los animales han sido enemigos desde el principio, deberían estar separados en distintos lugares del hogar. Si se llevaban bien pero se han peleado, podrán seguramente reconciliarse.

Lo mejor es que el dueño se lo piense antes de meter un nuevo gato en el grupo. No se trata de lo que quiera él, sino de pensar en qué animal es el que encaja.

En el caso de que sea un bebé o una nueva pareja el origen del problema, puede ayudar prestar más atención al gato.

Hay una regla básica: "Cuanto antes se intervenga, mejor y más rápido se solucionará un problema de comportamiento", dice Bernauer-Münz.