El miedo de hablar en público

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“El miedo llamó a la puerta, la confianza abrió y afuera no había nadie”, proverbio chino.

Recuerdo una escena de la película El diario de Bridget Jones, cuando Bridget intenta dar un discurso en público que termina siendo fallido, inoportuno, impropio..., todas las acepciones le cabe, en donde debía presentar un nuevo libro. Y finalmente, su oratoria verborrágica le hace pasar un mal rato.
Me trae a colación la esencia de este artículo: El miedo a hablar en público. Y ustedes dirán ¡pero en el ejemplo que he acabado de escribir, la protagonista habla! Así es, sin embargo no ha podido escaparse del miedo escénico que no solo provoca que algunas personas se petrifiquen frente a un auditorio, sino que también pueden desbocarse de tal manera que, finalmente, termina por suceder su más temible miedo: el terror al ridículo. Profecía autocumplida, que dicen.
Es que la base fundamental de este acto fallido es, justamente el miedo, y no es ni más ni menos que un padecimiento fóbico. Una fobia social específica que nos recorre por todo el cuerpo y nos va depositando a su paso, frío, sudor, temblor, sequedad en la garganta, rigidez en las piernas, tensión en el cuerpo. ¡Sí, todo un verdadero desastre!
Esta fobia social se intensifica en la preadolescencia o adolescencia (apertura social), etapa cuando  comienzan las relaciones en entornos distintos al familiar. Y es allí donde la necesidad de pertenecer, obliga al sujeto a atravesar el ritual mediante lo simbólico, es decir, mediante el lenguaje, su discurso social. Lleva entonces a pensar que aquellos que han sabido tener confianza en su discurso “de iniciación” son aquellos que luego superan exitosamente el miedo a hablar en público. Es entonces la valoración de la autoestima, una pista para determinar la cura de esta fobia. Crear en terapia ambientes seguros, que generen seguridad y provoquen empoderamiento son la fórmula para destrabar este molesta fobia. Por otro lado, si se crea un ambiente muy estricto, el nucleus accumbens (cerebro primitivo) preparará al cuerpo del sujeto para la huida o la defensa, y no para dar un discurso en público.
El miedo desde adentro
Al contrario de lo que muchos piensan, el miedo no se crea por lo que sucede en el exterior de la persona, sino por lo que ella misma construye en su interior y lo potencia con lo malo que cree que puede suceder: sentirse ridiculizado por esa masa que escucha y que todo lo juzga.
Sigmund Freud estudió el miedo. En su “teoría del miedo”, el sicoanalista más famoso de todos los tiempos, concluye que el miedo existente corresponde a un conflicto básico inconsciente no resuelto. Y lo que este orador temeroso no tiene resuelto es, justamente, el miedo al ridículo.

El miedo a hablar en público.
El temor al ridículo es una experiencia frecuente en muchas personas. FOTO: Foto Shutterstock.com ampliar

El temor al ridículo es una experiencia frecuente en la vida de muchas personas. Desde Cicerón hasta Demóstenes, grandes oradores, todos hemos pasado por ese aleteo de mariposas --y en esta caso, para nada enamoradas, por cierto--, que nos provoca expresarnos sin quedar perplejos frente a una audiencia por más pequeña que esta sea.
Y como ya he expuesto, frente a esta sensación nos quedamos paralizados, nos ruborizamos, tratamos de disimularlo y, en ocasiones, hasta hacemos cosas más ridículas para evitarlo, como le  pasó a la señorita Jones.
El temor a que los demás nos juzguen mal, se burlen de nosotros o nos tomen por tontos, no solo resulta infundado, ya que la mayoría de las veces solo está en nuestra mente, sino que además puede limitar seriamente nuestra existencia y paralizar lo mejor de nosotros: lo que surge naturalmente de nuestro interior. Y esa desconfianza nos hace descreer de nosotros mismos, de nuestras reales y verdaderas capacidades. Nos anula esa plusvalía necesaria para poder afrontar toda incertidumbre que el mundo real nos presente.
Entonces si alguien me pide una opinión acerca de cómo poder superar rápidamente esta fobia tan común entre las personas, le citaría a Diógenes de Sinope: “El movimiento se demuestra andando”. Es decir, más allá de trabajar en profundidad el inconsciente que provoca esa traba mental, les diría además, ¿tienen miedo a hablar en público? Pues ¡hablen en público! No escape a la situación, no se obsesione con lo que los demás piensen, no genere comparaciones dañinas, evite la culpa, el público es su amigo, ellos necesitan de su saber. ¡Ofrézcaselos!