El vaivén del amor y el desapego

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Nos sentamos las cuatro formando un círculo. Como no tenemos una mesa ante nosotras, colocamos la taza de café al lado de la pata de la silla y nos pasamos un tazón de plástico con galletas danesas. Gia, Laura y Susana me cuentan las razones que las llevaron ahí, al grupo de Codependientes Anónimos (CoDA) de Costa Rica. Virginia tiene un hijo, Susana, un novio; y Gia, quería tener una novia pero tenía una familia que la hacía ocultar su preferencia sexual.

Los tres son nombres ficticios. Si hace algunos años ellas no hubieran llegado a ese grupo, todo sería muy diferente: Virginia podía estar aún lidiando con un hijo que consumía drogas, Susana continuaría sobrellevando relaciones dolorosas y Gia seguiría reprimiendo su homosexualidad y encontrando un refugio en la comida. Las oficinas de CoDA se encuentran en plena zona universitaria, en San Pedro, en el tercer piso de un edificio que colinda con la línea del tren. Allí, sobre una escuela de matemáticas y el local de una cadena de comida rápida, pocos imaginarían que un pequeño espacio abre las puertas para aquellos que no han aprendido a amar en el orden adecuado: colocándose a uno mismo delante.

El amor ayuda a la salud.
“¿Es el amor un arte? En tal caso, requiere conocimiento y esfuerzo”. Erich Fromm FOTO: Flickr ampliar

"Cuando una persona nueva llega al grupo lo que uno le explica es que nosotros no vamos a aconsejar ni darle una opinión sobre su problema. Lo que sucede es que cada uno se da cuenta, como parte de venir al grupo, de que el problema no radica en la persona que tiene a su lado, sino que tiene que ver con uno mismo", explica Gia.

El amor es uno de esos conceptos tan repetidos que terminan por perder su concepto original. Después de estar presente en casi todas las películas, los discos de música pop y miles de novelas −escritas y televisadas− son pocos los que se hayan salvado de este sentimiento. Incluso, aquellos que padecen Alexitimia, un trastorno sicológico que sufre el 10% de la población mundial, tiene emociones, su problema es que no saben reconocerlas o expresarlas.

Existen muchas hipótesis para esta necesidad innata de sentirse ligados a otros, a cosas o situaciones. Para el sicoanalista Sigmund Freud, el ser humano es incapaz de diferenciarse de su madre al nacer.

"El decía que nosotros nacemos y los primero que vemos es un ser omnipotente que nos quita el hambre, no cobija, nos saca el cólico. Esto hace que el humano en ese momento crea que él es parte de ese mismo ser", explica el neurosicólogo Allan Fernández.

Pero tarde o temprano llegará un punto de quiebre, muy doloroso, que nadie es capaz de recordar: "cada uno de nosotros nos damos cuenta que yo soy un objeto y ese ser es otro. Ahí es donde empieza a constituirse la personalidad".

Esta explicación freudiana, que es conocida como el Complejo de Edipo, se relaciona con el amor ya que repercute en las relaciones que el ser humano tejería el resto de su vida. El ser humano buscará, instintivamente, volver a ese momento primigenio en que no era necesario pedir nada pues nuestra madre era capaz de suplir todas las necesidades.

Desde otra perspectiva, Erich Fromm considera que el amor es una necesidad humana que acaba con la separación hacia los demás a través de la comunicación interpersonal. En su libro El arte de amar (1956), considera que este sentimiento se debe construir con constancia y dedicación:

"¿Es el amor un arte? En tal caso, requiere conocimiento y esfuerzo. ¿O es el amor una sensación placentera, cuya experiencia es una cuestión de azar, algo con lo que uno «tropieza» si tiene suerte? Este libro se basa en la primera premisa, si bien es indudable que la mayoría de la gente de hoy cree en la segunda", señala al inicio de su texto.

Amor y desapego.
FOTO: Carlos Fonseca. ampliar
"“Si soy feliz puedo compartir felicidad con los demás pero no puedo pedirle a alguien que me haga feliz o pretender que voy a hacer feliz a otra persona”. "

Ni medias, ni naranjas

Todos han sentido amor, pero no todos saben amar y son todavía menos los que saber dejar de hacerlo. A CoDA llegan muchos con este dilema entre manos. El primer paso es reconocer la responsabilidad de cada uno en el éxito o el fracaso de sus relaciones.

"Uno se da cuenta que el error con los demás está con uno. Por ejemplo, si en una relación a mi me agreden, yo soy la que estoy aceptando, yo soy la que estoy permitiendo que esa situación", asevera Gia.

Desde la perspectiva de Freud, el amor es aprendido ya que esto no se "trae" de nacimiento. "Si no le explicás al ser humano como se juega el amor, este se va a construir un modo particular de entenderlo", indica Fernández.

De esta manera, algunos aprenden a dar amor y otros a recibirlo. El problema estriba cuando se busca llenar vacíos personales en el otro o esperamos la llegada de una media naranja que el destino nos ha preparado: una idea que nos vende el amor romántico en cada película y cada canción.

Así le ocurrió a Susana, quien llegó hace cuatro años a CoDA. Ella se aferraba a relaciones con aquel que le prestara algo de atención y llegó a hacer grandes inversiones, sentimentales y financieras, por esas personas que amaba. Luego de darlo todo y esperar algo a cambio, esas relaciones terminaban y la dejaban con una gran carga de soledad que buscaba solventar en otra relación. En el grupo se dio cuenta de las raíces de su actitud: la ausencia de amor durante su infancia que seguía buscando afuera para llenar vacíos internos.

Hay grandes similitudes entre el "amor romántico" con algo que se parece al amor pero que sin duda es mucho más estremecedor: el enamoramiento. "Estar enamorado no es lo mismo que amar −manifiesta la sicóloga Marisol Montero− El enamoramiento es una atracción motivada por la apariencia y la personalidad del otro y el ajuste con la propia; influye en el cuerpo y la mente (placer, pasión) en su máxima expresión".

El amor va más allá y aparece después de que el enamoramiento, al que los científicos le han dado una duración máxima de 30 meses, y se relaciona con una conexión con el otro y su esencia. "Amar es pensar en tres: tú, yo y nosotros", expone Montero.

Amar sanamente involucra un gran trabajo de autoestima para cada una de las partes. En caso contrario, las expectativas desmedidas, los celos, la inseguridad, el deseo de salir huyendo y las infidelidades pueden aparecer tarde o temprano para acabar con cualquier vínculo. Las dos mitades de la naranja no están ahí para complementarse. Cada uno debe encontrarse la otra parte para sí mismo. Luego resultará más fácil convivir en la misma canasta.

El éxito parte de la confianza, el diálogo, la comprensión y el desapego...sí, saber que no hay que depender o necesitar otra persona para estar completos. Reconocer que el camino que dos personas se esfuerzan por construir en conjunto puede bifurcarse en cualquier momento.

Otros amores, otros dolores

Aprender a desapegarse de las relaciones es casi tan difícil como hacerlo de las cosas: el trabajo, la comida, los padres, los hijos. Todas son relaciones que pueden llegar a tornarse amorosas y desoladoras, según como se manejen.

Si resultan positivas son parte de la construcción de nuestro propio destino. "El 'amor' por el trabajo, el ejercicio o la familia, motiva a actuar de cierta manera a todas las personas y exige una entrega personal de cada uno. El amor al trabajo por ejemplo nace de la perspectiva de construir las condiciones materiales de aquellos a los que se ama", asevera Montero.

Allan Fernández explica que, al igual que el amor de pareja, son relaciones de objeto, situaciones en las que depositamos toda nuestra energía en un ente en particular. Si en nuestra historia no tenemos una constitución psíquica "vigorosa", eso se hará presente en la manera de relacionarnos con el entorno. De allí se entiende quien busca refugio en el trabajo, el ejercicio o su familia ante el miedo o la incapacidad de amar. No obstante, el apego a cualquier cosa es peligrosa, ante el equilibrio frágil que rodea cada faceta de la existencia.

"Por ejemplo, cuando alguien se aferra a su trabajo de un modo amoroso y lo hace el centro de su existencia, lo que te está diciendo es que en el centro de esa existencia no hay nada y por eso es que coloca el objeto 'trabajo' ahí. El problema es que este es tremendamente volátil porque no depende de la persona que se mantenga el resto de tu vida", advierte el especialista.

Otras pasiones desbordadas tienen una lógica similar y buscan lograr un sentido de control en una vida que no tiene dirección. En el caso de Gia, ella buscó refugio en la comida durante un tiempo en el cual, se hallaba ante un dilema doble: por un lado, su relación con sus padres y, por otro, las conductas de competencia que descubría con cada una de sus parejas.

Virginia, por su lado, se dejaba llevar por una noción errada de amor de madre. Ella descubrió a su hijo en el centro de adicción a las drogas y sintió la necesidad de hacer algo. Hizo todo lo que pudo. Le costó mucho darse cuenta que su hijo no era solo su hijo, sino también otra persona, independiente y capaz de tomar sus propias decisiones. Así que antepuso su amor propio y se olvidó del "qué dirán" y le pidió al muchacho que saliera de su hogar. Hoy, si bien mantiene contacto con él, lleva siete años asistiendo al CoDA y aprendiendo el verdadero valor de amarse para después compartir con los demás.

"10 canciones de amor (a uno mismo)"

Oda al amor propio by Melissa Hernández on Grooveshark

"Uno se da cuenta que no necesita a alguien al lado para que le de amor, pero sí para compartir el amor. Si soy feliz puedo compartir felicidad con los demás pero no puedo pedirle a alguien que me haga feliz o pretender que voy a hacer feliz a otra persona", relata Gia.

La opinión es compartida por Fernández, quien sugiere que lo que debemos buscar es el desapego y priorizar la felicidad antes que el equilibrio. "Esto no es vivir las cosas con frialdad, es entender que todos los ligámenes afectivos son medios, ninguna es un fin", indica.

No existe una fórmula mágica para aprender a introducir el desapego en nuestra vida cotidiana. Allan Fernández sostiene que buscar ayuda profesional es la mejor opción ya que permite ahondar en los vacíos de cada quien.

También, sugiere que nuestra vida debe ser como una mesa que se sostiene de muchas patas. Una de ellas es la pareja, otra la carrera, otra nuestro pasatiempo...así, cuando una de las patas tome su propio camino la mesa se tambaleará, pero jamás habrá de derrumbarse.

Fuentes:

Allan Fernández, neurosicólogo, (Tel:.2223–6603) , Marisol Montero, sicóloga de la Torre Médica Momentum (Tel.: 4700–1000) y Codependientes Anónimos de Costa Rica (Teléfonos:. 8421–0250 y 8347–8339

PUBLICADO: 27 de Febrero, 2015 AUTOR: