Imagen que tienen las madres de sus cuerpos influye en la percepción que tienen sus hijas del suyo

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Siete de cada 10 madres en un estudio admitieron haber visto a su hija imitando algunos hábitos negativos en cuanto a la percepción de su cuerpo.

Por ejemplo, pararse frente al espejo y tocarse esos kilos de más que se acumulan en la cintura, hundir el abdomen o estudiarse el rostro buscando arrugas.

Al mismo tiempo, dos tercios de las mujeres británicas encuestadas admitieron reconocerse como "gordas" ante sus hijas, la mitad haber dicho frente a ellas que no se encontraban atractivas, y cuatro de cada diez dijeron ante ellas que se encontraban "fea".

Mujer en el espejo
Fijaciones de las madres en querer mantener un mismo peso o expresiones como "estoy gorda" influyen en la percepción que tiene sus hijas de sus propios cuerpos. FOTO: Shutterstock ampliar

Aunque el 50% dijo que intentaban esconder esos sentimientos negativos hacia sí mismas para ser un "modelo positivo" para sus hijas, una de cada siete admitió nunca haber reflexionado sobre lo que hacían.

"Está comprobado que la preocupación de la madre sobre su propio cuerpo afecta la percepción que tienen las hijas sobre el suyo", dice María Ignacia Burr, psicóloga especialista en trastornos de la conducta alimentaria de Clínica Las Condes.

Esta preocupación por tener un cuerpo perfecto, explica, se puede transmitir a partir de conductas y hábitos, como hacer dietas, ejercicio excesivo o intentar esconder los "rollos" frente al espejo. También influyen los mensajes referidos a la comida, el peso o al ideal de belleza corporal, bautizado como "fat talk" por los estadounidenses.

"Si una adolescente está continuamente viendo a la mamá que habla del peso, si esta le pregunta si la talla del pantalón le queda bien, si se ve gorda o flaca... esas típicas preguntas cotidianas, las chicas terminan repitiendo el patrón de la sobrepreocupación sobre el peso o la figura", asevera Burr.

Conductas protectoras. Los padres deberían aprender los riesgos que existen en este tipo de comportamiento, ya que pueden influir en que aparezcan desórdenes alimentarios en los adolescentes, advierte Burr.

"Desde niños, por ejemplo, podríamos aprender a que, en vez de decirles que no lleven galletas al colegio porque 'engordan', comprarles un yogur y decirles que lo lleven porque es 'más saludable y nutritivo'".

Las comidas familiares también son fundamentales para transmitir modelos de conducta alimentaria saludable a los hijos.

"Es una costumbre que se ha perdido, pero que es muy importante. Es más efectivo que decirles a nuestras hijas 'hagamos una dieta especial o te llevo a la nutricionista", dice la psicóloga.

Concuerda Patricia Cordella, jefa de la Unidad de Trastornos de la Alimentación de Red Salud: "Ahora se le está dando mucha importancia a comer en familia por lo menos una vez al día. Es en el momento de reunión, en la mesa, que nos miramos cara a cara y que podemos ponernos en el lugar del otro", dice la psicóloga, quien advierte que la comida no solo tiene la función de nutrir, sino también una de tipo social.