CrossFit
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¿Por qué estoy madrugando para ir a que me torturen? Mi primera pregunta a mi somnoliento ser, despierto desde las 5:30 a. m.

Sí, estaba despierta para ir a mi primera clase de CrossFit, entre emocionada y asustada por mi futuro próximo.

Mientras me ponía mi outfit de gimnasio me preguntaba si iba a encajar con los crossfiteros y sus colores estrambóticos. Quizá no, pero la idea tampoco era integrarme, solo sufrir lo menos posible.

A los crossfiteros me gusta llamarlos "los panderetas del deporte" (sin ofender a ninguna religión ni culto, que nunca es mi cometido) y escribo esto mientras mi compañera de la redacción de Perfil, Melissa - asidua crossfitera- desenvuelve un paquete que le acaba de llegar de Red Logistic y brinca de emoción con unas medias que a primera vista son horrendas: una combinación de magenta, cian, verde limón, lila y negro... Ya luego las veo y las voy comprendiendo y asumiendo. O por lo menos las acepto como son, no sin antes aguantarme la risa por la descripción del empaque de las medias: Tomboy light. Ni modo, es una cultura. ¡Claro! El entrenador tenía unas medias muy parecidas cuando llegue a la primera clase. Las mías eran blancas, ni modo.

A otro crossfitero le vi unos cupcakes en sus tobillos y todo bien: él hace deporte mientras viste con diseños de harinas y grasas saturadas, porque la congruencia no parecen ofrecérmela.

La jornada

Llegué temprano al box (así se llaman las bodegas donde los adoctrinados del CrossFit sufren y se llenan de endorfinas cada día) de CrossFit Snaga en Escazú.

Vi cajas de madera de todos tamaños y cuerdas gruesas guindando del techo y pensé que era lo que correspondía: salto de caja (o box jump, porque para hacer CrossFit te hay que ser bilingüe) y tratar de trepar la cuerda para, por supuesto, fallar en el intento.

Resultó que no, que la clase - como era para la prensa, todos inexpertos - no nos la quisieron poner tan complicada. La invitación corrió por parte de Herbalife, marca que aprovechó la presencia de periodistas para presentar un nuevo producto: la bebida hidratante CR7 Drive.

El entrenador, Tomás Calvo (quien también es dueño de Snaga), nos dio una breve explicación.

Resulta que las sesiones de CrossFit duran de 45 minutos a 1 hora y se trabaja con intensidad muy alta. Cada día existe un WOD (Workout of the Day o entrenamiento del día) distinto. En este se organiza un circuito de ejercicios funcionales, con intervalos de descanso. (Por cierto, los intervalos de descanso son escasos, apenas para agarrar una bocanada de aire y seguir muriendo).

Entonces, todo se resume en una pizarrita con una serie de ejercicios que se hace en una bodega.

Uno podría decir: "¡qué fácil! Me busco los ejercicios en Youtube y lo hago desde la sala de mi casa y así no pago un Box". El dilema está en la disciplina: estoy segura de que usted no va a exigirse tanto como lo hace con sus "compañeros de sufrimiento" ahí.

Tampoco va a tener la supervisión de un profesional que le corrija las formas y que le indique en qué momento es hora de avanzar, aumentar el peso o seguir con una versión más avanzada del ejercicio. He ahí la razón de famoso estigma de que el CrossFit lesiona.

Seamos claros: el CrossFit lesiona si usted no tiene a un profesional capacitado al lado que le indique cuando hace mal un ejercicio. En los ejercicios de alta intensidad la forma lo es todo y un error puede generarle una lesión. El otro eterno problema que atormenta a los crossfiteros: el EGO. El ego no los deja rendirse a pesar de que hayan llegado a su máximo del día. La cultura del CrossFit es vivir por la competencia: contra los demás y contra usted mismo. Debe poder hacerlo mejor que ayer y no permitirá que los demás le ganen. El gran problema del ego.

El "entreno"

El WOD de ese día inició con un Warm Up (calentamiento jamás, todo en inglés). Este consistió en KettleBell Swings, Air Squats, Jumping Jacks... Anglicismos dolorosos. Dos rondas. No me cansé, pero el calentamiento cumplió su objetivo.

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"Vayan a correr una milla". Todos principiantes, nos vimos las caras, ya rosadas, y nos reímos nerviosos. No pude más que pensar: "a mí póngame a caerme tratando de treparme a la cuerda, yo no vine a una maratón".

Luego, supimos que era en serio y no hubo remedio. La milla terminó siendo la mitad: 800 metros, porque el entrenador se apiadó de nuestras almas.

Jadeando bajo el sol escazuceño me ahogo, me pongo roja y ya todo me duele. No llevamos ni 10 minutos. Correr 200 metros frente a unas bodegas, mientras esquivo a unos repartidores que cargan cajas a un camión no era exactamente lo que me imaginaba de mi primer día en CrossFit.

Era solo el principio. A punto del vómito, todos llegamos a ver la pizarra, que por supuesto ya veíamos borrosa. Ahí estaban unas palabrejas en inglés.

20 Ring rows

20 Burpees

20 Desplantes Overhead

20 Sit Ups + Bola

5 rondas

Lo de 5 rondas me confundió. Pensé que no, que era broma. Pero sí: CINCO rondas. Los ejercicios no fueron nuevos para mí porque en el gimnasio suelo hacer clases de entrenamiento funcional. Pero por nombre solo conocía los burpees. Ese martirio increíblemente efectivo que consiste en hacer una lagartija, brincar hasta levantarse del suelo con la fuerza de los brazos y bajar a posición de sentadilla para volver a la plancha y la lagartija. Así, hasta el infinito y las lágrimas.

A photo posted by Cristina M Jiliuta (@jiliuta) on Dec 3, 2016 at 4:36pm PST

Los ring rows son remos con ayuda de aros que cuelgan del techo, el desplante overhead se hace con un disco encima de la cabeza y los sit ups con bola son como la versión espantosa de un abdominal. Llega la ronda dos, la tres, la cuatro...Ya quiero abandonar.

Al final quiero completarlas aunque se me vaya la vida en ello: una tiene orgullo. Lo logro. Cuando estoy a punto de desmayarme en el suelo, resulta que falta el "check out". ¿Què? ¡¿Cómo puede faltarle algo a la tortura muscular?! El check out en un hotel es el fin de una visita placentera. En CrossFit es como escupirle a un cuerpo sin vida. "Corran 400 metros, con eso terminan". Quería gritarle: "Cállese y se me calma todo, don instructor".

Ya miserables, las víctimas salimos a correr fuera del box. Sudamos y nos morimos. Casi a rastras, regresamos al box para las palmadas y los aplausos por haber sobrevivido.

La verdad al día siguiente no me dolió nada. No fue tan terrible. Ahora pienso en volver. ¿Será que ya me evangelizó la secta del deporte?

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