Leche
Leche
Pixabay

Es el primer alimento que conocemos, aunque directamente de nuestras madres. Ya de niños, tomamos leche con cereal en el desayuno, comemos queso o yogur en las meriendas y nos tomábamos otro vaso para conciliar mejor el sueño. Todo, en una cruzada por alcanzar la meta de crecer con huesos fuertes a través de tres lácteos diarios. Quienes se descubrían intolerantes a la lactosa debían, desde niños, seguir el protocolo con la línea de productos sin ese componente.

Sin embargo, con el paso de los años, seguir ese ritmo se hace difícil. Un vaso de leche ya no es tan bien recibido por el estómago. El sentimiento parece ser colectivo, pues las alternativas a la leche son cada vez más variadas: bebidas de soya, almendras, avena, arroz o avellanas que dicen ser tan nutritivas como ese líquido.

"La leche es el alimento por excelencia de todo mamífero, aporta no solo calorías, o energía, brinda según la especie, la cantidad adecuada y necesaria de proteínas, carbohidratos, grasas, inmunoglobulinas, vitaminas, y minerales para un desarrollo óptimo", señala la nutricionista Melania Cevo, al referirse a la leche materna.

Por su parte, la nutricionista Paula Alpízar señala que la leche es un alimento de alto valor nutricional", "contiene un adecuado equilibrio en sus macronutrientes (carbohidratos, proteínas y grasas)".

Además, los lácteos poseen calcio, vitamina D y todos los aminoácidos esenciales. "Esto implica que contiene los aminoácidos esenciales que el cuerpo no es capaz de producir por sí solo", agrega la especialista.

¿Con grasa o sin grasa?

Por mucho tiempo, se satanizó la leche entera debido a que posee grasa saturada, directamente relacionada con problemas cardiovasculares. Sin embargo, los estudios que comparan la entera con la descremada demuestran que la segunda solo debe ser la opción para quienes tienen colesterol elevado o sobrepeso.

"La leche entera puede ser mejor para los niños en edad de crecimiento, ya que esta ofrece más calorías y nutrientes que la descremada. En la edad adulta, en cambio, es recomendable el descremado, porque las grasas que poseen realmente no son necesarias ya para el organismo. De todas maneras, una persona sana sin problemas de colesterol ni hipertensión puede tomar perfectamente leche entera, siempre que se consuma con moderación y no presente ningún malestar posterior a su consumo", explica Alpízar.




La intolerancia a la lactosa es muy común y afecta al 75% de la población en todo el mundo.

La sensibilidad a la leche puede también cambiar con el tiempo y con el estado general de salud y ser transitoria.




Cuando la leche no hace bien

Para entender la tolerancia a la lactosa, una condición que afecta a tres cuartas partes de la población, hay que ponerse un tanto científico. La lactosa es el azúcar de la leche, un disacárido formado por una molécula de glucosa y otra de galactosa. Cuando la consumimos, podemos digerirla a través de una enzima presente en el intestino delgado, la lactasa.

No obstante, cuando no tenemos suficiente lactasa, la lactosa pasa al intestino grueso directamente y causa intolerancia, la cual se caracteriza por náuseas, diarrea, calambres, gases e inflamación abdominal.

Los enemigos de la leche le asocian otros males, como acné, sobrepeso, osteoporosis, etc. "Si bien hacen falta más estudios, existe un número creciente de evidencias que vinculan la introducción temprana de la leche de vaca con algunas enfermedades crónico- degenerativas en los niños tales como la diabetes y la obesidad", reafirma Cevo, quien además señala los peligros de la leche de vaca en bebés en periodo de lactancia ya que estos ocasionan sangrados intestinales que pueden causar anemia.

Las dos nutricionistas coinciden que, ante la duda, lo ideal es realizar una prueba para determinar la intolerancia a la lactosa y buscar opciones más fáciles de digerir, como leche de cabra, yogur o leche agria. En caso de decidir abandonar los lácteos por completo, lo mejor es buscar asesoría nutricional para no sufrir un desbalance de nutrientes.

Alternativas

Existen numerosas alternativas a la leche, como las bebidas a base de almendras, cáñamo, soya y otras semillas. Estas son similares en color, sabor y textura, no así en composición nutricional ya que esto varía según el componente con el que estén hechas.

"Muchas se hacen cociendo o dejando en remojo los granos o semillas y posteriormente licuándolos y colándolos", manifiesta Cevo.

Lo importante es revisar las etiquetas nutricionales, según lo que uno busca. En la mayoría de ellas, el azúcar es el factor que debe considerar para evitarlas ya que suelen estar muy endulzadas como medida para mejorar el sabor. "Me gusta recomendar la leche de soya, ya que su valor nutricional en macronutrientes y calcio es muy similar a la leche de vaca, solamente que debe de consumirla con moderación. Muchas personas optan por la leche de almendras, la cual profesionalmente no recomiendo ya que su contenido de proteínas es muy escaso, tiene 1, mientras que la leche de soya o vaca contiene entre 7 y 8 g por taza", señala Paula Alpízar.

PUBLICIDAD

Fuentes: Paula Alpízar, nutricionista (tel. 8813-8361) y Melania Cevo nutricionista en Consultas Nutrición (tel. 8837-5398).

Etiquetado como:
  • leche
  • nutrición
  • beneficios