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¡Rica, mami! ¡Por usted, yo también me vuelvo perro!

Quince minutos después llegué a mi destino: el parque en el centro del distrito. Era domingo. Era día de pasear a los perros. Llegué caminando acompañada por mis dos canes que estaban estrenando correa.

Quince minutos después había llegado, tras un trayecto que pareció eterno. Luego, tuve miedo de volver a casa. Volver significaba quince minutos más de trayecto, quince minutos que iban a ser eternos. Entonces me senté en el parque a evadir miradas del que pasó ahí la noche, del que salió de su casa a ver quién iba acompañada de un par de perros, del que pasó en moto y del que gritó algo desde un carro.

Intentaré transmitir lo que sentí en aquel parque del centro del distrito: hartazgo, cólera, preocupación y miedo, miedo, mucho miedo. Volver a casa era recorrer la misma calle por la cual me gritaron una y otra vez piropos que no eran piropos, piropos que eran acoso, que eran agresiones.

Me envalentoné y regresé a casa con mis dos perros que se convirtieron en cómplices y que aceleraron el paso con algo del temor que les trasmití a través de la correa nueva. Me envalentoné y empecé a caminar con la esperanza de que ninguno de esos tipos se envalentonara y cumpliera con lo que decían sus piropos. Y llegué, sí. Sana, sí. Nada pasó, no. O tal vez sí, pasó que este no es un país de libre tránsito ni igualdad ni respeto.

Después del sábado será domingo. Los domingos se pasean los perros, esta vez con un gas pimienta dentro del bolso y mi abuelita me pidió el favor de sacar también a su rottweiler. Mi abuelita es una sabia. Anhelo que sea domingo.

Cosas ricas (un blog que no es de gastronomía)

Por Mónica Morales

Pensamientos e ideas, realidades y prejuicios: nos guste o no, esto es lo que hay. Divirtámonos, critiquemos, odiemos y amémos las mil y un cosas que nos suceden a diario. Tratemos de cambiar las que más nos interesen y las que no, aceptémolas con elegancia. Al fin y al cabo, es lo que hay.