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Reivindicación del porno

“Cuando me besas quiero morderte, quiero morderte realmente duro en los labios”, dice Lisa, personaje de una película que no tiene guiones.
9 songs es mi referente de película porno. No me canso de verla. Una historia de una pareja que se envuelve entre música, bromas, abrazos, discusiones y sexo. Como yo con mi último novio, quien dejó de ser novio cuando las discusiones fueron más que el sexo (lo digo no por desahogo, sino porque me pude identificar con la cinta y eso es importante).
Los diálogos de la película fueron surgiendo de la improvisación de los actores y las escenas de sexo son tan explícitas como reales.

A nosotras (a mí, pero estoy segura que a nosotras también) nos gustan las historias así. Relatos reales de gente real, besándose y cogiendo como lo hacen los mortales promedio. Proyectarse, pensar que esa podría ser yo, que se parece a mi relación o que algún día (ojalá pronto) haré esta o aquella postura.

A las mujeres nos gusta la pornografía, nos excita, nos humedece, nos inspira; pero hay filmes de filmes. Estamos cansadas de ser el objeto de deseo y urgidas de ser sujetos que desean.

Queremos ver en la pantalla las fantasías que nosotras cargamos diariamente en la cabeza, y generalmente esas fantasías tienen dosis de erotismo, pasión, sensualidad, estética y humor. Tampoco se trata de una historia cargada de amor, bombones de chocolate y arreglos de rosas..., cliché. A más de una de nosotras nos gusta el sexo duro, pero coherente y sin abusos.

Sin abusos. Por favor. Lo seductor de las películas porno es poder imaginarse a una ahí y nunca he conocido una mujer que le guste imaginarse siendo agredida, golpeada, violada y ultrajada por cuatro tipos a la vez.

Shelley Lubben, ex actiz porno de la industria XXX californiana, ha hablado sobre el tema y sacado a la luz muchas barbaries que ocurren en la filmación de la pornografía inescrupulosa.

Muchas estrellas porno han sufrido trata de personas, abuso sexual, abandono de sus familias, agresión, coerción, amenazas. Han adquirido enfermedades de transmisión sexual, incluido VIH sida, y han sido involucradas en drogas. “Iba al baño y la cocaína estaba ahí”, dijo Shelley Lubben en una de sus conferencias como presidenta de la Fundación Pink Cross, una organización que lucha contra la pornografía.

Shelly habla en un video en el que basta (y recomiendo) ver solo un minuto. Imágenes fuertes. Muy fuertes.

En 9 songs (y no es que me paguen por promocionarla, simplemente me gusta) los actores asumieron que tendrían relaciones sexuales reales y, antes de la grabación, ensayaron las escenas para decidir si seguían o no con la película.

La pornografía, la buena pornografía es posible. Así que yo no abogo por el fin de los filmes tres equis, abogo por el fin de los abusos, en este ámbito y cualquier otro. Nada, absolutamente nada, puede justificar la coerción, los abusos a los derechos y el irrespeto cuando una mujer dice no.

A nosotras (a mí, pero estoy segura que a nosotras también) nos gustan las historias así. Relatos reales de gente real, besándose y cogiendo como lo hacen los mortales promedio. Proyectarse, pensar que esa podría ser yo, que se parece a mi relación o que algún día (ojalá pronto) haré esta o aquella postura.

A las mujeres nos gusta la pornografía, nos excita, nos humedece, nos inspira; pero hay filmes de filmes. Estamos cansadas de ser el objeto de deseo y urgidas de ser sujetos que desean.

Queremos ver en la pantalla las fantasías que nosotras cargamos diariamente en la cabeza, y generalmente esas fantasías tienen dosis de erotismo, pasión, sensualidad, estética y humor. Tampoco se trata de una historia cargada de amor, bombones de chocolate y arreglos de rosas..., cliché. A más de una de nosotras nos gusta el sexo duro, pero coherente y sin abusos.

Sin abusos. Por favor. Lo seductor de las películas porno es poder imaginarse a una ahí y nunca he conocido una mujer que le guste imaginarse siendo agredida, golpeada, violada y ultrajada por cuatro tipos a la vez.

Shelley Lubben, ex actiz porno de la industria XXX californiana, ha hablado sobre el tema y sacado a la luz muchas barbaries que ocurren en la filmación de la pornografía inescrupulosa.

Muchas estrellas porno han sufrido trata de personas, abuso sexual, abandono de sus familias, agresión, coerción, amenazas. Han adquirido enfermedades de transmisión sexual, incluido VIH sida, y han sido involucradas en drogas. “Iba al baño y la cocaína estaba ahí”, dijo Shelley Lubben en una de sus conferencias como presidenta de la Fundación Pink Cross, una organización que lucha contra la pornografía.

Shelly habla en un video en el que basta (y recomiendo) ver solo un minuto. Imágenes fuertes. Muy fuertes.

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PUBLICADO: 23 de Diciembre, 2013 AUTOR:

Cosas ricas (un blog que no es de gastronomía)

Por Mónica Morales

Pensamientos e ideas, realidades y prejuicios: nos guste o no, esto es lo que hay. Divirtámonos, critiquemos, odiemos y amémos las mil y un cosas que nos suceden a diario. Tratemos de cambiar las que más nos interesen y las que no, aceptémolas con elegancia. Al fin y al cabo, es lo que hay.