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Manual del buen besador

Dicen que una imagen habla más que mil palabras, ahora imagínense lo mucho que habla un beso. Desde que Freud consideró que los labios son el lugar donde arranca el deseo sexual, ese intercambio de lenguas, saliva y bacterias empezó a tener alta importancia en las relaciones de pareja.

Luego, apareció una seudociencia llamada filematología que señala que según el beso y la composición química de la saliva podemos elegir a la pareja más idónea. Al besuquearnos liberamos endorfina, dopamina, testosterona, adrenalina y noradrenalina, es decir, múltiples sustancias que nos hacen felices, provocan deseo sexual y aceleran el corazón.

"Me di la tarea de crear un manual del buen besador. Lo hice yo, así que solo les puedo asegurar que funcione conmigo."

En los últimos (3285) días me he dedicado a besar muchachos para comprobar la teoría (solo por eso, claro).  Mi experiencia señala que solo siete de 63 veces ocurre lo señalado por los científicos. De los siete que me provocaron cosillas en el estómago, ninguno ha sido mi pareja idónea. Estimada filematología, se te cayó la teoría. Lo cierto es que si al final de la cita hay un beso mal dado, no debería haber una segunda vez. En este caso, no hay segundo malo ni muchachas masoquistas.

Me di la tarea de crear un manual del buen besador. Lo hice yo, así que solo les puedo asegurar que funcione conmigo; en todo caso, les queda a ustedes de tarea validarlo con su pareja. Ahí me cuentan.

1. Bese suave, despacito; pero sobre todo, bese con ganas.
2. De vez en cuando, la velocidad y la firmeza se agradecen.
3. Acaricie el pelo, la espalda, la cara. 4. Las manos están para algo. Según la confianza, se pueden explorar otras partes.
5. Los besos apasionados resérvelos para espacios íntimos.
6. Por favor, por favor, por favor, mantenga una adecuada higiene bucodental.
Dulzura, sensualidad y delicadeza.
7. La lengua úsela, pero no abuse de ella.
8. Relájese. Omita los besos tiesos.
9. Dese la licencia de hacer alguna travesura, un mordisco, una risa cómplice; pero ojo, cuidado se le va la mano con los dientes.
10. Bese más allá de la boca.

FOTO: Foto Shutterstock.com ampliar

Dicen que una imagen habla más que mil palabras, ahora imagínense lo que habla un beso. Ocho mil, ochocientas mil palabras.

La noche avanza bien hasta que llega el momento del beso. Mil preguntas: es o no es, funcionará o no funcionará, tendremos química sexual o preferiré irme a dormir sola.

Desde que Freud consideró que los labios son el lugar donde arranca el deseo sexual, ese intercambio de lenguas, saliva y bacterias empezó a tener alta importancia en las relaciones de pareja.

Luego aparece una seudociencia llamada filematología que señala que según el beso y la composición química de la saliva podemos elegir a la pareja más idónea. Me cuesta creer.

De lo que sí hay mayor fundamento es que al besuquearnos liberamos endorfina, dopamina, testosterona, adrenalina y noradrenalina. Un poco de sustancias que nos hacen felices, nos provocan deseo sexual y aceleran el corazón.

En los últimos (3285) días me he dedicado a besar tantos muchachos como sea posible para comprobar la teoría (solo por eso, claro) y bueno, mi experiencia señala que solo siete de 63 veces ocurre lo señalado por los científicos. Es lo que hay.

De los siete que me provocaron cosillas en el estómago, ninguno ha sido mi pareja idónea. Estimada filematología, se te cayó la teoría.

Lo cierto es que si al final de la cita hay un beso mal dado, no habrá una segunda vez. En este caso, no hay segundo malo ni muchachas masoquistas.


En este contexto, me di la tarea de crear un manual del buen besador. Lo hice yo, así que solo les puedo asegurar que funcione conmigo; en todo caso, les queda a ustedes de tarea validarlo con su pareja. Ahí me cuentan.
  1. Bese suave, despacito; pero sobre todo, bese con ganas.
  2. De vez en cuando, la velocidad y la firmeza se agradecen.
  3. Acaricie el pelo, la espalda, la cara. Las manos están para algo. Según la confianza, se pueden explorar otras partes.
  4. Los besos apasionados resérvelos para espacios íntimos.
  5. Por favor, por favor, por favor, mantenga una adecuada higiene bucodental.
  6. Dulzura, sensualidad y delicadeza.
  7. La lengua úsela, pero no abuse de ella.
  8. Relájese. Omita los besos tiesos.
  9. Dese la licencia de hacer alguna travesura, un mordisco, una risa cómplice; pero ojo, cuidado se le va la mano con los dientes.
  10. Bese más allá de la boca.
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Cosas ricas (un blog que no es de gastronomía)

Por Mónica Morales

Pensamientos e ideas, realidades y prejuicios: nos guste o no, esto es lo que hay. Divirtámonos, critiquemos, odiemos y amémos las mil y un cosas que nos suceden a diario. Tratemos de cambiar las que más nos interesen y las que no, aceptémolas con elegancia. Al fin y al cabo, es lo que hay.