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Diatriba contra la autoayuda

De niña leí todo lo que había en casa, que lastimosamente no era mucho ni muy selecto. Ahora que recuerdo, me leí entera la Enciclopedia sobre Sexualidad de Océano porque mis papás la escondían, y eso es lo que hacen los niños: dirigirse hacia lo prohibido. Paréntesis. Ya voy entendiendo: que yo me sepa de memoria esa enciclopedia explica ahora tantos textos de este blog. Fin del paréntesis.

Lo mismo decía el autor argentino Hernán Casciari: "Si querés que un niño lea, escondele los libros, decile que eso es prohibido de tocar y cuando volvás, ya lo habrá leído todo".

Cuando me aburrí de la sexualidad, quiero decir, de la enciclopedia, seguí con uno de los escasos libros de a mi alcance:   Un grito desesperado. Así empezó mi viaje por los libros de autoayuda, que terminó muy poco tiempo después. No recuerdo nada de estos textos: ni la trama, ni los olores, ni las escenas, ni los protagonistas, ni la ropa que vestían. Nada.

Un grito desesperado no va de literatura, sino de sentimientos, emociones y valores religiosos, asegura el poeta tico Gustavo Solórzano-Alfaro, donde "el que piensa, pierde".

Achacarle la culpa a mi memoria sería una estupidez. Recuerdo con señas el lugar donde los policías golpearon a Alex y cómo luego llegó a casa del escritor F. Alexander; recuerdo perfectamente cómo era esa casa, cómo era la alfombra, dónde había gradas, qué ropa lucía el escritor, cuál era la apariencia de Alex, a qué sabía el vino. Leí  La Naranja Mecánica hace más de diez años y aún tengo las imágenes grabadas en mi cabeza.

¿Por qué, entonces, no me quedaron grabadas las enseñanzas de cómo lidiar con la vida? ¿Por qué sigo cometiendo errores? ¿Por qué no sé  Cómo ganar amigos e influir sobre las personas?

Ha de ser porque esa literatura de supermercado no es literatura. Literatura es arte, y arte no es un recetario para vencer el conformismo y la mediocridad. No hay imágenes, no hay historias.

Si existen tantos libros prácticos como  Amar o depender, Los límites del amor y otros más firmados por Walter Riso, ¿qué infame persona se atreve a cometer errores en el amor?

¿Para qué hundirse en problemas, pensamientos, estrés? Consulte la autoayuda: sabiduría escrita en pasos y forma sencilla para que todos entiendan y nadie quede con dudas. "Sabiduría rápida para gente con prisa", diría el novelista costarricense Juan Murillo para referirse a  El Monje que vendió su Ferrari.

Murillo osó comparar el libro de autoayuda con una hamburguesa. La analogía es vulgar pero correcta. Una hamburguesa se come rápido, a la mayoría de la gente le gusta, nos hace sentir saciados y, después de un rato, el cuerpo expulsa los desechos como quien olvida las palabras.

Al final, ¿a quién le importa quién se ha llevado mi queso o quién le compró el Ferrari al monje? El que cree que con eso va a asegurarse su éxito personal, tenga por seguro que está empezando mal.

PUBLICADO: 23 de Diciembre, 2013 AUTOR:

Cosas ricas (un blog que no es de gastronomía)

Por Mónica Morales

Pensamientos e ideas, realidades y prejuicios: nos guste o no, esto es lo que hay. Divirtámonos, critiquemos, odiemos y amémos las mil y un cosas que nos suceden a diario. Tratemos de cambiar las que más nos interesen y las que no, aceptémolas con elegancia. Al fin y al cabo, es lo que hay.