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Los treinta no son los nuevos veinte

Hace siete años y diez meses, cuando empecé esta década, era otra persona. Si algo tienen los años veinte, es el cambio. La personalidad se transforma más veces durante esa década que en cualquier otra etapa, y es durante este tiempo que el cerebro cambia por última vez antes de entrar en la edad adulta.

Yo empecé siendo niña, creyente, celosa y algo berrinchosa. Ahora que voy de salida soy más adulta, más atea, más confiada y más paciente. Durante estas edades, las mujeres —y también los hombres— tendemos a probar de todo y quedarnos con muy poco. Probamos a los hombres y la ausencia de ellos, intentamos no emborracharnos demasiado, pusimos a prueba las amistades y perdimos una que otra o casi todas.

Época de hacer mucho y de muchas presiones: hay que estudiar, hay que tener novio, hay que disfrutar de un período de soltería, hay que tener las primeras experiencias laborales, hay que aprender a manejar —puntos extra si tiene carro—, saber varios idiomas, conseguir alguna beca, conocer el extranjero, ganarse el primer salario, madurar, vivir, crecer, llorar, reír, cantar en karaoke, usar minifalda e ignorar todo lo que te dicen que hay que hacer para empezar a hacer lo que realmente te interesa.

La cagamos una y otra vez, vivimos bajo el mandato budista de “el aquí y el ahora”, no nos afiliamos a ninguna operadora de pensiones, no pensamos en un marido, sino en el sexo de hoy en la noche. Los benditos veinte.

“Es solo un revolcón, es sacarse las ganas”, me propuso. Así no más, sin pensar en los chismes del día siguiente, en el riesgo de convertirse en papá por un revolcón, en lo que yo pensaría de él, en que los condones solo protegen el 70 % del virus del papiloma humano, en que el sexo a veces genera emociones, en tantos etcéteras que puede implicar el “revolcón”. Porque parece que lo que importa a los veinte es sacarse las ganas: hacer de todo y prosperar en poco.

Bueno, ya, dejémonos de estupideces: esta no es una edad para desperdiciar, es una década para construir. Bien lo ha dicho la sicóloga clínica Meg Jay durante una exposición de TEDx: "Los años treinta no son los nuevos veinte". Aprovechados o no, los años se van y no vuelven.

PUBLICADO: 23 de Diciembre, 2013 AUTOR:

Cosas ricas (un blog que no es de gastronomía)

Por Mónica Morales

Pensamientos e ideas, realidades y prejuicios: nos guste o no, esto es lo que hay. Divirtámonos, critiquemos, odiemos y amémos las mil y un cosas que nos suceden a diario. Tratemos de cambiar las que más nos interesen y las que no, aceptémolas con elegancia. Al fin y al cabo, es lo que hay.