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Lecciones de una mujer con batita de flores

Más allá de los discursos de paridad y las convenciones de mujeres que visten trajes de sastre, el feminismo se construye en las calles, día a día. He conocido a muchas mujeres poderosas, no por mi profesión y mucho menos por mi simpatía casi inexistente, sino porque hay muchas de ellas y una se las topa cada nada.

Entre tantos ejemplos, hay una señora que me desvela, principalmente por su temple: dura, pero apenas lo suficiente. Ella, de 83 años, llevó palo -de la forma más literal de todas- hasta que sus agallas le permitieron romper un círculo de violencia. Echó de su vida a un hombre borracho y agresor, huyó, cayó, se levantó y volvió a reconstruir su vida tantas veces como fue necesario.

Ella, de caminar lento, en aquellos días sabía que un hombre la esperaba fuera del trabajo para obligarla a volver a la pesadilla y entonces salía por la puerta de atrás del negocio y corría varios metros para distraer al enemigo. Hasta que el enemigo se cansó y entendió que estaba ante una feminista . Lo entendió incluso sin saber que esa palabra existía.

Ella, de arrugas en el cuerpo, sabe lo que es tener que mudarse de San José a Limón y de San José a Turrialba para empezar de nuevo, buscar trabajo, huir de los golpes y alimentar a sus siete hijos. Viajes que duraban horas, que duraban hambres.

Sola, sin contactos, sin amigas, sin novios cariñosos, sin Internet, sin publicar sus anécdotas por Facebook. Sola, con coraje, con sueños, con decisión, con la esencia de lo que ahora llamamos feminismo. Caminó, tomó trenes y buses, llena de responsabilidades y con siete pares de ojos que confiaban en sus pasos. Aleccionada por esa mujer que es mi abuela, aprendí que no hay mayor conspiración contra el feminismo que las mujeres que hoy creen que convertirse en profesionales es suficiente para alcanzar la igualdad. Error.

Hay quienes tiene un título bajo el brazo y un trabajo que las dignifica, pero su vida depende de un hombre que las abrace y les recete un helado de caramelo cuando la vida se pone difícil. Dependencia. Ir juntas hasta al baño, buscar aprobación masculina, competir contra las personas del mismo sexo por ser las más bonitas, necesitar consejo hasta para saber qué calzones me pongo... Diría mi abuela que "no valen ni un cinco partido a la mitad".

Que no nos dé miedo ir a sentarnos a un restaurante y cenar con una misma, emprender un proyecto sola, viajar sin acompañante, vivir sin pareja o con una que respete nuestra independencia. O, mejor aún, que nos dé miedo pero logremos enfrentarlo.

Al final (y lo digo con mi escasa experiencia) cuanto más segura se es, más feminista de facto, y cuanto menos necesite uno a una pareja, mejores pretendientes le salen (no muchos, que las mujeres seguras tienden a intimidar, pero sí mejores).

Ella, la mujer de batita de flores, es para esta nieta el ícono del feminismo.

PUBLICADO: 23 de Diciembre, 2013 AUTOR:

Cosas ricas (un blog que no es de gastronomía)

Por Mónica Morales

Pensamientos e ideas, realidades y prejuicios: nos guste o no, esto es lo que hay. Divirtámonos, critiquemos, odiemos y amémos las mil y un cosas que nos suceden a diario. Tratemos de cambiar las que más nos interesen y las que no, aceptémolas con elegancia. Al fin y al cabo, es lo que hay.