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Consejos para odiar a alguien

Primero. Tengamos claro que el odio no es tan malo como lo pintan. Lastimosamente, nos educan para no ser rencorosos; sin embargo, no todo puede ser amor. Las historias necesitan un personaje antagónico que las haga caminar y las vuelva interesantes.

Segundo. Asegúrese de que usted hizo todo bien y que va a odiar con autoridad. Odiar con fuerza, con ganas, sin remordimientos. Para odiar, usted necesita amarse primero.

Tercero. Cuando usted odia a alguien no hacen falta gritos, agresiones o declaraciones públicas: basta con una mirada. Pele los ojos, mire profundo, piense en todo el mal que la llevó a odiar y proyecte ese sentimiento hacia el camino de la mirada. Las palabras sobran, los golpes aún más (aunque no crea, una mirada bien odiosa golpea).

Cuarto. No se sienta mal por odiar. Cuando nos hacen daño, el cuerpo responde. Es una reacción natural, no la reprima. Odiar es una consecuencia y perdonar a veces no vale la pena.

Quinto. Odie solo porque sí, porque se lo grita el instinto, porque ya hay demasiada propaganda en pro del amor y a veces solo odiando podemos cambiar algunas cosas y a alguna gente, empezando por una misma. No todo es lo suficientemente bueno como para merecer su amor.

El odio es una fuerza que puede ser canalizada a cosas positivas, por eso, es necesario odiar con ganas
FOTO: Foto Shutterstock.com ampliar

Primero. Tengamos claro que el odio no es tan malo como lo pintan. Lastimosamente, nos educan para no ser rencorosos; sin embargo, no todo puede ser amor. Las historias necesitan un personaje antagónico que las haga caminar y las vuelva interesantes.

Segundo. Asegúrese de que usted hizo todo bien y que va a odiar con autoridad. Odiar con fuerza, con ganas, sin remordimientos. Para odiar, usted necesita amarse primero.

Tercero. Cuando usted odia a alguien no hacen falta gritos, agresiones o declaraciones públicas: basta con una mirada. Pele los ojos, mire profundo, piense en todo el mal que la llevó a odiar y proyecte ese sentimiento hacia el camino de la mirada. Las palabras sobran, los golpes aún más (aunque no crea, una mirada bien odiosa golpea).

Cuarto. No se sienta mal por odiar. Cuando nos hacen daño, el cuerpo responde. Es una reacción natural, no la reprima. Odiar es una consecuencia y perdonar a veces no vale la pena.

Quinto. Odie solo porque sí, porque se lo grita el instinto, porque ya hay demasiada propaganda en pro del amor y a veces solo odiando podemos cambiar algunas cosas y a alguna gente, empezando por una misma. No todo es lo suficientemente bueno como para merecer su amor.

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Primero. Tengamos claro que el odio no es tan malo como lo pintan. Lastimosamente, nos educan para no ser rencorosos; sin embargo, no todo puede ser amor. Las historias necesitan un personaje antagónico que las haga caminar y las vuelva interesantes.

Segundo. Asegúrese de que usted hizo todo bien y que va a odiar con autoridad. Odiar con fuerza, con ganas, sin remordimientos. Para odiar, usted necesita amarse primero.

Tercero. Cuando usted odia a alguien no hacen falta gritos, agresiones o declaraciones públicas: basta con una mirada. Pele los ojos, mire profundo, piense en todo el mal que la llevó a odiar y proyecte ese sentimiento hacia el camino de la mirada. Las palabras sobran, los golpes aún más (aunque no crea, una mirada bien odiosa golpea).

Cuarto. No se sienta mal por odiar. Cuando nos hacen daño, el cuerpo responde. Es una reacción natural, no la reprima. Odiar es una consecuencia y perdonar a veces no vale la pena.

Quinto. Odie solo porque sí, porque se lo grita el instinto, porque ya hay demasiada propaganda en pro del amor y a veces solo odiando podemos cambiar algunas cosas y a alguna gente, empezando por una misma. No todo es lo suficientemente bueno como para merecer su amor.

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PUBLICADO: 23 de Diciembre, 2013 AUTOR:

Cosas ricas (un blog que no es de gastronomía)

Por Mónica Morales

Pensamientos e ideas, realidades y prejuicios: nos guste o no, esto es lo que hay. Divirtámonos, critiquemos, odiemos y amémos las mil y un cosas que nos suceden a diario. Tratemos de cambiar las que más nos interesen y las que no, aceptémolas con elegancia. Al fin y al cabo, es lo que hay.