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Sexo, amor y compañeros de trabajo

Les voy a comentar de algunos errores que la gente comete al involucrarse con un compañero de trabajo. Yo ya los he cometido todos, así que confíen en lo que digo.

El primer error es meterse con alguien del trabajo. Así de fácil. No se hace. Una amiga lo explica de la siguiente manera: "uno no caga donde come". Mi amiga no es muy fina pero sí directa. Si quiere una frase más bonita podemos utilizar la que dice: "no se deben mezclar los negocios con el placer".

Involucrarse con alguien de la misma empresa pocas veces sale bien y requiere de mucha madurez que, por lo pronto, yo no tengo.

Romance laboral
FOTO: Shutterstock.com ampliar

Si la intención es meramente sexual, van a convertirse en la comidilla de todo el mundo. Por más disimulo, la gente percibe esas miradas de deseo, esas sonrisas nerviosas y esa cara de bobos que ustedes ponen. Recuerden, no solo de pan vive el hombre, también se alimenta del chisme.

Además, las mujeres llevan la peor parte. Mientras los hombres se convierten en galanes, donjuanes, conquistadores; nosotras pasamos al plano de zorras, fáciles, puestas. Injusto pero real. ¡Bienvenidos al siglo XXI! (Cualquier parecido al siglo XVII es mera casualidad).

La última vez que intenté algo con un compañero de trabajo, él estaba encantado; lo noté porque "la maleta" Borges era cualquier vara. Sin embargo, en cuestión de segundos se me quitaron las ganas, bastó que él hablara mal de una de nuestras compañeras porque se había acostado con Fulanito y le guiñaba el ojo a Menganito. La doble moral, señores, es un repelente sexual.

Si la relación trasciende al plano emocional, usted tendrá que ver a su pareja todos los días. Al inicio puede ser bonito: almorzar juntos todos los días, hacer planes después del trabajo, dejarse chocolates en el escritorio, ir y venir juntos, compartir las mismas cosas, socializar con la misma gente, verse todos los días, controlar si está hablando demasiado con algún otro compañero o compañera, verlo en momentos de estrés, saber dónde está en todo momento, conocer con exactitud su horario, etcétera. ¿Notaron cómo la relación se fue desgastando? Y viene la mejor parte: cuando terminen.

Si saber ligar tiene su ciencia, terminar es todo un arte. La mejor manera de terminar como amigos es dejar de ser amigos: no Facebook, no mensajes, no llamadas para ver cómo estás, no visitas, no salidas con amigos. Es fácil, asegúrese de que esa persona deje de ser parte de su vida al menos por un tiempo prudencial (tres años). ¿Cómo carajos pretenden terminar bien si se tienen que ver al día siguiente en la reunión de planeamiento de trabajo? ¿Cómo le va a sonreír o aplaudir una idea si le destrozó el corazón? 

Romance laboral
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Para peores, terminar con su compañero de trabajo es darse cuenta que su único amigo del trabajo era él. Era con quien usted almorzaba, viajaba, salía, hacía planes después del brete. Sorpresa, hay que empezar de cero a socializar.

Dios guarde él le sonría a otra chica de la empresa, porque usted va a sentir cómo se le baja el azúcar, se le detienen los latidos, se le escurre la sangre, se le mojan los ojos y se le rompe el alma en mil pedacitos. Síntomas que usted deberá ignorar para entregar ese maldito informe completo a sus jefes antes de las cinco.

Para nuestra suerte, hay una salvación: renunciar. Renunciar a su sueño, a su trabajo ideal, a un salario estable, a una carrera profesional y a una imagen de madurez. Renunciar, además, a su próximo trabajo porque cuando le pregunten porqué acabó su relación laboral anterior, usted va a ponerse a llorar por un amor y difícilmente le den la plaza vacante. Así las cosas, volvamos al inicio: el primer error es meterse con alguien del trabajo.

PUBLICADO: 18 de Julio, 2014 AUTOR:

Cosas ricas (un blog que no es de gastronomía)

Por Mónica Morales

Pensamientos e ideas, realidades y prejuicios: nos guste o no, esto es lo que hay. Divirtámonos, critiquemos, odiemos y amémos las mil y un cosas que nos suceden a diario. Tratemos de cambiar las que más nos interesen y las que no, aceptémolas con elegancia. Al fin y al cabo, es lo que hay.