El año pasado no podía esperar que terminara mi día laboral para irme a la Antigua Aduana. La Feria del Libro 2013 dio un giro. Lo que antes era una venta de textos en descuento se transformó en un evento literario, como ninguno al que había ido hasta el momento. Me impresionó, me sorprendió.

El país invitado, México, llenó anaqueles con libros que definitivamente no se podrían encontrar en ninguna librería local. Las librerías más comerciales, destacaron por una jugosa oferta e importantes rebajas. Todas las noches había un concierto diferente en una enorme tarima techada. ¿Ya hablé de los invitados? La Feria del 2013 nos impactó con charlas de altísima calidad.¿Qué será lo que pasó entonces en esta Feria? Mi sensación es que retrocedimos un poquito. Quizá mis expectativas, considerando el cambio positivo de la edición anterior, eran demasiado altas. Pensé que por ser Estados Unidos el país invitado, la oferta iba a ser inmensa; pensé que los invitados iban a ser aún más destacados; pensé que las librerías iban a ponerse la flor en el ojal con mayor variedad de títulos y a mejores precios. Pensé y pensé.

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A ver, no es que esta feria sea un desastre, es sólo que yo esperaba aún más. La feria sigue siendo gratuita y la sección de las editoriales independientes en La Casa del Cuño se mantiene maravillosa. Lo que me falta es la chispa de la sorpresa, lo que la diferenció la edición 2013 de otras.

Al parecer yo no soy la única que opina así. Varias personas me han compartido sus opiniones y la mayoría coinciden: “no es lo mismo que la del año pasado”. Curiosamente la gran mayoría de las observaciones son respecto al país invitado, no por ser Estados Unidos, sino porque donde en el 2013 la oferta de publicaciones mexicanas era inmensa, hoy dan charlas y pruebas de vino gratis.

En conclusión, muchos pensamos que este año iba a estar igual o mejor. Pero bueno, habrá que esperar con ansias la feria del libro del año que viene, a ver si se logra superar aquella fiesta literaria que nos dejó boquiabiertos.

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