No puedo explicarles la emoción que sentí al matricular la carrera de PSICOLOGÍA, a finales del siglo XX. Como todo estudiante iba cargado de expectativas. Sentía tener muchas y muy buenas razones para elegirla. En primer lugar, me permitiría alejarme del negocio familiar, el cual nunca me atrajo -y sigue sin atraerme: los números, los cálculos y las finanzas no me despiertan ningún interés-. Segundo, me había leído un par de libros al respecto. Fascinantes ambos. Tercero, tenía algún tiempo de asistir a terapia. Gracias a eso -sumado al apoyo de las que hoy son mi esposa y mi suegra- tuve el valor para cambiar de profesión. Era un salto de fe, no les quepa la menor duda. Hoy, sin embargo, estoy completamente seguro que la psicología genera en mí una pasión y asombro que pocas cosas han logrado, a lo largo de mis cuarenta y resto de años.

Curiosamente el primer curso que me enamoró fue el de "FILOSOFÍA de la CIENCIA". Para mí era algo realmente exótico caer en cuenta que mi carrera es considerada -por algunos sectores- una ciencia. Algunos piensan que aún no merece ser considerada parte del acervo científico. No pienso inmiscuirlos en semejante discusión. Hoy vine a escribir sobre otra cosa.

¿Y qué es la psicología? Primera pregunta del curso. Ninguna respuesta satisfizo a la profesora. "Está bien", dijo ella. "¿Qué es la psique?". Las respuestas fueron mucho menos satisfactorias que las previas. Flora -así se llama mi colega y exprofesora-, recurrió al recurso de la etimología. Para todo aquel lector que no lo sepa, la etimología corresponde al estudio del origen de las palabras. Toda palabra, al nacer, surgió con el propósito de explicar o nombrar algo. Así nacen las palabras. Intentan ayudarnos a comprender la realidad.

"PSIQUE" es un término proveniente del griego. Entre sus múltiples usos, encontramos dos muy interesantes: aliento y ALMA. Por un lado, hace referencia al hálito de vida, el cual, nos asalta al nacer y nos abandona cuando nuestro cuerpo deja de funcionar. Eso que nos convierte en seres vivos. Por otro lado, todo aquello que nos genera afectos, sentimientos, ideas, sueños. Vean ustedes entonces cómo ejercer la psicología nos coloca en un sitial de privilegio: debemos poseer un saber ("logos") sobre los fenómenos del alma, todos aquellos relacionados con lo que conforman eso que llamamos "vivir". Luego el término se fue desvirtuando, hasta el punto en que llegó a reducirse a la "conducta". Y no digo que no tenga que ver, pero al llevarlo a ese nivel le restaron toda la potencia transpersonal.

Años después obtuve mi bachillerato y mi licenciatura en psicología. Como premio, no se si justo, pero lo acepté igual (un salto de fe de la facultad donde estudié), tuve el honor de ser asignado docente titular de "filosofía de la ciencia", allí donde años antes alguien nos preguntaba qué era la psicología. Algunos meses después, inicié mi posgrado en psicología clínica, al mismo tiempo que mis estudios en filosofía... bueno, ya. Suficientes recuerdos por hoy. A lo que quiero llegar es a esto. ¿Por qué la gente asiste al psicólogo? Fácil, ¿no es cierto? Asisten ya que algo les sucede en el alma. Algo sentimental, afectivo, mental, incluso espiritual no está funcionando bien. Allí donde debería sentirse PAZ se siente el conflicto. La FELICIDAD huyó y dejó el espacio para que el DOLOR y la duda se instalen. De aquellos momentos donde estábamos seguros de hacia dónde nos dirigíamos, llegamos a sentir la parálisis de no tener la menor idea de hacia dónde seguir, o, en algunos casos, ni siquiera se está seguro de si seguir es lo indicado. Lidiamos -se los solía recordar cada vez que podía a mis exestudiantes de facultad- con el dolor y el extravío.

Un fenómeno interesante este que les voy a compartir. Cuando te duele una muela, o te duele la panza o las reumas, no lo pensás 2 veces. Buscás ayuda. Nadie pensaría que es vergonzoso acudir al regente farmacéutico o al médico, tomando en cuenta que sobre los modos para aliviar esos tipos de dolores quizás no sepamos mucho. Si alguien te ve saliendo de la farmacia o la clínica, no tendrías que sentirte nervioso e intentar inventar alguna excusa para encubrir lo que andabas haciendo. Con la psicología no sucede lo mismo. He conocido personas que jamás le contarían a alguien que asisten a consulta. Algunos incluso estarían dispuestos a pagar más si diseñara yo una entrada por la cual ingresar y no tener que toparse con nadie. Tener problemas psíquicos (mentales, emocionales y espirituales) nos da pena.Las reumas son normales. La tristeza no .

Razones existen varias con las cuales tratar de explicar este fenómeno. Somos una sociedad aún altamente religiosa, en la que un buen número de feligreses encargan a Dios sus quebrantos emocionales. Otros, por ignorancia, soberbia, o ambas, buscan algún modo de ocultar dicho dolor. El término "analgésico", el cual también proviene del griego significa "sin dolor". Ahora, los analgésicos disminuyen el dolor, pero no resuelven la causa del mismo. El ejemplo que tengo es el mismo que le doy a mis consultantes cada vez me preguntan qué opino de los fármacos (sean ansiolíticos, antidepresivos o sonmníferos): cuando te tomás una dosis de acetaminofén o de ácido acetilsalicílico -la famosa aspirina-, no te estás curando de nada. Tomás ese analgésico con el fin de que el dolor no esté tan presente. Basta que el efecto de dicho fármaco desaparezca y observarás -lo sabemos de sobra- cómo el dolor reaparece. El antidepresivo no cura la depresión. El somnífero no cura el insomnio. El ansiolítico no cura la ansiedad. Dichos fármacos fueron diseñados para no sufrir el embate de dichos síntomas y padecimientos. Si la depresión se curase con antidepresivos, en algún momento el paciente podría dejar de tomarlos y experimentar una sensación de estabilidad, lo cual, también lo sabemos de sobra, no suele ser el desenlace usual. La persona que padece de depresión yse trata con antidepresivos queda condenado a utilizarlos de por vida, a lo cual podríamos sumarle la dependencia al fármaco.Salió más caro el caldo que los huevos , como decían nuestros abuelitos.

Acá debería aclarar algo. No estoy en contra -como algunos de mis colegas- del uso de fármacos. Considero que utlizados con moderación y complementados con un proceso psicoterapéutico no demasiado extenso se conseguirá, en el mediano plazo, eliminar dicho uso.

¿Por qué los fármacos son tan perseguidos? Esta también es fácil de contestar. Muchas personas no desean -algunos no pueden- comprometerse con su SALUD. Sueñan -fantasean- con que una pastilla resolverá lo que en realidad les toca a ellos. La pastilla se convierte en un objeto mágico (a lo Harry Potter). No hay pastilla que pueda generar equilibrio o paz. Esos estados solo se obtienen con constancia y mucha disciplina.

Ahora, no todos recurren a los fármacos. Algunos "crean" (lo cual no es el tipo de creatividad que uno querría observar) analgésicos. Tapan el dolor de un duelo no resuelto iniciando una nueva relación. Intentan encubrir sus problemas familiares creando una nueva familia. Huyen de su ansiedad, postergando (para esto las redes sociales son impresionantemente eficaces). Buscan alejarse de su poca atractiva vida hundiéndose en el trabajo, el ejercicio o las drogas... podría seguir enumerando situaciones, pero creo que ya captaron el punto.

No usemos a alguien de aspirina. No le pidamos a la fe emular los efectos del acetaminofén. Comprometámonos de una vez por todas con nuestra estabilidad emocional. Hoy parece ser un buen momento para iniciar.

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