De entrada, citando a los geniales Les Luthiers, contestaría 3 palabras: "Yo que sé". O, tratando de esquivar semejante predicamento, contestaría -sé que es de mala educación- con otra pregunta: "¿por qué me preguntan a mí?". El amor, lo decía ayer en una entrevista, es un problema filosófico y por ende científico. El alma, también. De hecho, recuerdo una interpelación recibida al publicar Contra los dolores del alma. Una querida lectora, luego de leerlo, me escribió: "ay doctor, ¿cómo usted habla del alma si no cree en Dios?" Quise explicarle cómo el concepto de alma es mucho muy anterior a la aparición del cristianismo. Sentí un gran deseo en demostrarle cómo el alma, según los cristianos parece un plagio tomado de la filosofía griega. Sin embargo, no lo hice. Si ella quiere pensar que el alma es un invento de los que escribieron la Biblia, tiene todo el derecho a seguir pensando eso. No quise derrumbar sus fantasías.

Hablando de fantasías, no son 2 ni 3 las veces que alguien, en consulta, deshecho en llanto, confiesa: "estoy seguro que era la persona indicada. ¿Por qué no funcionó?". Esa escena es siempre dolorosa. Algunas veces, las razones por las que no funcionó son más que evidentes. Sin embargo, ese nunca es el momento para compartir opiniones. Frente a una persona doliente, el silencio es mucho más apropiado que cualquier cosa que se pueda decir. Eso que pasa ahí, en ese momento, es una especie de muerte. Murió algo. En realidad, murieron muchas cosas: planes, proyectos, sueños, etc. En otros casos, las razones no son fáciles de observar. Todo se veía bien. El rompimiento pareciera algo súbito, inesperado, sorpresivo.

¿Se asegura uno, al encontrar al supuesto "amor de la vida" el éxito en una relación sentimental?. ¿Realmente quieren leer mi respuesta? ¿Están seguros? Bueno, aquí va. No, no lo asegura. Sí. Lo siento. Yo se que las novelas latinoamericanas y las películas de Hollywood contradicen mi opinión. Se bien que todos queremos creer que el amor lo vence todo. Pero la clínica enseña otra cosa. El amor de nuestra vida puede llegar, quedarse un ratico e irse. Algunas veces fue esa persona la que decidió irse. Algunas veces fuimos nosotros los que la convencimos de retirarse. Algunas veces, sencillamente, las condiciones no estaban dadas.

El amor no es suficiente. Se requieren de otros elementos adicionales: respeto, admiración, amor propio, balance psicoemocional, etc. (sobre esto ya he escrito en varias ocasiones). Caso hipotético: me tropiezo con esa "alma gemela". Esa persona, no entendemos muy bien por qué, se fija en nosotros. Se crea una cercanía. Nuestra mente empieza a volar. Se activa el botón de los "cuandos": cuando nos besemos, cuando empecemos a jalar, cuando convivamos, cuando nos casemos, cuando tengamos hijos, cuando nos pensionemos... Es irremediable. El ser humano promedio, incapaz de vivir en el presente, empieza a diseñar escenarios posibles. La producción de fantasías se alimenta de uno de los peores consejeros internos: las expectativas. Poco importa si son positivas o pesimistas. No faltará el (la) que, al conocer a su media mitad, empieza a ser torturad@ por su fatalista mente: y si mis papás no lo aceptan, y si alguna de mis amigas me lo intenta quitar, y si está muy pegado a su mamá, y si será un amante torpe, y si no quiere casarse, y si no, y si no... Los "cuandos" y los "y si nos". Efectivos modos de autodañarse.

Yo sé que para algunos lo que estoy a punto de proponer resultará demasiado "hippie". Siento mucho fortalecer el estereotipo que muchos tienen respecto a mi profesión. El calificativo de "chancletudos" nos ha acompañado, al menos en nuestro país, desde siempre. Estoy seguro que el (la) que piensa así no habrá forma de hacerla cambiar de parecer (quién sabe por qué estará leyendo esto). Una de las claves con las cuales evitar el padecimiento a la hora de emparejarse, es simplemente esta: manténganse en el presente. Suelte el pasado. No gaste energía prediciendo el futuro. ¿Cuántas veces hemos perdido la oportunidad de vivir algo agradable ya que nuestra mente se empeñó en devolvernos al pasado? ¿Cuántas veces desperdiciamos una ocasión potencialmente benefactora por ponerle más atención a lo que esperábamos que sucediese mañana? Solo tenemos este momento. Aquí, a esta hora. Lo que suceda en un par de horas no podemos prevenirlo. Solo existe el hoy, el ya, el ahora. Permítanme entonces compartir el slogan psicológico más hippie posible: "vivamos el aquí y el ahora". Horacio, el gran literato romano, lo entendió sin necesidad de asistir al psicólogo: "carpe diem, quam minimum credula postero": "aprovecha el día, no confíes en el porvenir".

Puedo sentir las vibraciones (recuerden que algunos psicólogos, los más hippies, hablamos de energías y esas cosas), provenientes de más de un querido lector: "ah, que bonito, típica hablada de psicólogo, siempre irresponsables respecto al futuro". No piense eso. No se ponga agresivo. Yo también deseo que mi esposa me acompañe lo que me quede de vida. Yo también quiero conocer muchos países que aún no conozco. Yo también quiero saber qué se siente cumplir 50 años (para eso me falta poco). Es solo que no cuento con el carisma gracias al cual saber qué depara mi futuro. Prefiero hacerle caso a Horacio que a Walter Mercado.

Un colega hipnoterapeuta (dícese de los profesionales en salud que utilizamos técnicas sugestivas) y psiquiatra norteamericano de nombre Michael Newton, plantea algo muy interesante, respecto a la supuesta existencia de las llamadas "almas gemelas" (soulmates). En un libro altamente polémico, titulado "Destiny of Souls" ("El Destino de las almas"), propone la real existencia de dichos seres. Según él (usted tiene todo el derecho a pensar que el tipo está reloco), la conexión no se da entre personas. Poniendo el ejemplo de usted y su alma gemela, serían su alma y el alma del (la) susodich@ las que son gemelas. ¿Entienden? No son ustedes. Son sus almas. De ahí que la afinidad experimentada rebasa lo mental, lo intelectual. Se siente una "familiaridad" ilógica, imposible de explicar con palabras. Sin embargo, esto que de entrada suena tan romántico, no necesariamente lo es.

De acuerdo al psiquiatra en cuestión, su alma gemela no tiene por qué enamorarse de usted. Menos aún siente la obligación de aguantarle a usted sus chichas y desequilibrios. Lo mismo sucede en caso contrario. Usted puede andar cargando un alma cuya contraparte podría ser su primera suegra, el profe de educación física del cole, la persona que le atendió tan amablemente en aquel restaurante hace años, etc. Esa brutal conexión no tendría por qué devenir amor o deseo de emparejarse. Es más, tropezarse con la persona que alberga alguna de sus almas gemelas (sí, lo siento, el tipo dice que son varias, no es solo una), no le asegura nada. Hasta podría resultar molesto. Su alma gemela podría ser la monja que le enseñó catecismo, aquella cuyas técnicas pedagógicas parecían fomentar el aburrimiento y la desidia. O esa persona con la que habló un minuto al esperar un taxi a la salida de algún aeropuerto. Esa que no aparece ni en Facebook. Incluso su exjefe, aquel que parecía tenerl@ entre ojos. Y así podría continuar enumerando situaciones ficticias, pero estoy seguro que ya captaron la propuesta básica de este colega. En síntesis, ¿qué es una alma gemela para el doc Newton? Alguien que aparece en nuestra vida, la cual, gracias a la fuerte conexión sentida, se convierte en un personaje fundamental de nuestra historia. Esa marca, esa enseñanza, no tendría necesariamente que sentirse agradable.

¿Sostiene usted en estos momentos una relación con su alma gemela? La (lo) felicito. Esmérese en portarse a la altura. ¿Cree usted que las almas gemelas no existen? Excelente. Nadie la (lo) está obligando a aceptarlo. ¿Considera usted que toparse su alma gemela haría las cosas más fáciles? No seré yo quién intente hacerl@ cambiar de opinión. ¿Sufre usted aún ya que su alma gemela se fue con su mejor amiga? Esa alma gemela no le convenía.

A esta altura de mi vida, a mis cuarenta y tantos, ya no me afecta en lo que la gente quiera creer. Si las almas gemelas, el amor a primera vista, las vírgenes que lloran (me refiero a las estatuas), los ovnis, los zombies y los políticos honestos existen, pues "todo bien" como dicen los jóvenes ahora. Es solo que, al menos para mí, una relación sentimental no se sostiene con creencias y fantasías. No alcanza. Se requiere de acciones, de voluntad, de madurez. Estoy seguro que dos personas, no siendo almas gemelas, con tiempo, amor, respeto y constancia terminaron convirtiéndose en algo muy parecido.

Allan Fernández, psicólogo clínico / 8835-5726 / https://www.facebook.com/psicologoallanfernandez / a.fernandez@ucreativa.com

Etiquetado como:
  • alma
  • psicología
  • relaciones
  • pareja