Hace casi 2 años (julio del 2015), iniciábamos esta aventura la revista Perfil, algún posible lector y yo. La propuesta estaba clarísima: ¿cómo se ve a los ojos de un hombre una relación sentimental? En este caso, un hombre que sucede que ejerce el oficio de la psicología clínica.

Hoy, observando cómo este proyecto se convirtió en realidad, decidimos hacer un breve repaso de lo aprendido hasta este momento. El exponer mis ideas, dudas y posibles explicaciones a todos ustedes ha sido un ejercicio invaluable. Será esta publicación, la # 100, la que cierre una etapa e inicie otra, esperamos, tan exitosa como hasta el momento.

Como primera reflexión deseo iniciar con algo muy motivante: a la sociedad costarricense le interesa la psicología. Ya superamos afortunadamente aquella etapa en la que el tico veía en mi profesión algo accesorio, casi ornamental (algunos incluso dirían inútil). Seguimos cargando los profesionales en psicología uno que otro estigma (chancletudos y no creyentes, como yo, por ejemplo). Sin embargo, aunque para los ojos de algunos el fuego eterno será nuestra recompensa por llevar una vida así de licenciosa, hemos logrado posicionarnos como un punto de vista necesario. ¡A mí ya me han invitado hasta a hablar sobre política! Siendo que soy un apolítico recalcitrante (la politiquería me aburre y la política de altura, al menos en nuestra Suiza centroamericana, escasea cada vez más). Si alguien desea conocer mi definición de psicología, pueden accesar a esto que escribí hace meses: "Contra los dolores del alma".

Como segunda reflexión deseo subrayar algo -dependiendo de cómo lo abordemos- estimulante o preocupante, a saber: un buen número de personas carga con definiciones de lo que debe entenderse por AMOR sustancialmente extraviadas. La confusión es impresionante. Lo confunden con sufrimiento, con sumisión, con dependencia, con agradecimiento, con preceptos religiosos, con sexo, con trueque, con escape, con suerte, con... tinuaría, pero creo que no es necesario.

Sobre estas confusiones he escrito bastante (no lo suficiente aún, ya que todavía tengo una que otra idea haciendo fila). Les propongo dos, a modo de controversiales ejemplos: "Las cruces pesan, al amor no" y/o "Si duele, no fue amor". Ah, esperen. ¿Y por qué dije que esto podía ser estimulante o preocupante? Es que cada día menos personas caen en la trampa de las viejas tradiciones dogmáticas que gustan confundir el amor con el castigo y el camino en compañía con el via crucis. Es preocupante ya que algunas personas aún caen en dichas trampas.

Como tercera reflexión, he aprendido (antes de empezar a escribir lo notaba, hoy lo puedo asegurar de modo contundente) que las redes sociales y la gente no muy balanceada producen un coctel intomable. Sé mejor que nadie que no podemos culpar a la herramienta. Si tomás un martillo para abrir una botella de vino, no solo no saciarás tu sed sino que con seguridad conseguirás recriminarte el haber perdido la posibilidad de tomarte una copita. Con las redes sucede lo mismo. Si estás mal y te sentás frente a un teclado vas a producir textos que tendrías que haber pensado mejor. No está mal que todos tengamos acceso. Lo que no está muy bien es que no controlés tus emociones antes de usar el espacio social que todos estamos leyendo. Todos tenemos derecho a la locura... Así como tenemos derecho a no enterarnos de la de los prójimos. Este tema no se va a agotar pronto. Se me ocurren más de 5 nuevas publicaciones al respecto. Voy, por el momento, a compartirles la publicación más exitosa del blog así como la más controversial: "¡¡¡Es que sos muy intens@!!!" y "Whatsapp para inmaduros".

En cuarto punto, no podría dejar pasar la oportunidad para denunciar la responsabilidad que los padres de familia detentan a la hora de enseñarles a sus hijos cómo funcina el asunto de la emparejada. Una pareja unida por las razones incorrectas daña tanto -en algunos casos incluso más- que el separarse. Además, y aquí sé que algunos decidirán dejar de leerme (les agradezco la compañía hasta este párrafo, claro está), resulta irresponsable elegir a alguien que no mostraba las características mínimas necesarias para emprender un proyecto de pareja con descendencia incluida. Elegir mal, y además mantenerse allí, es doble irresponsabilidad. El "miedo a la felicidad" y "Convivir es una cosa... la magia es otra" me parecen relevantes respecto al punto de este párrafo.

Continúo pensando que la revista Perfil demuestra valentía y responsabilidad social al permitirme, sin ningún tipo de censura, expresar mis reflexiones. No podré agradecérselos lo suficiente. En estos tiempos en que las líneas editoriales buscan adormecer al lector, distraerlo, sumirlo en estados de decepción y fatalismo, encontrar este espacio en el que no tengo que digitar un párrafo y luego devolverme a reescribirlo para que la revista no me regañe lo considero una bendición (no soy creyente pero la palabra bendición me gusta mucho).

Responsabilidad social ya que una sociedad balanceada es una sociedad que crece. Toda familia inició de una relación amorosa. No, perdón: toda familia tendría que haber nacido de una relación amorosa. Las que como pilar colocaron un enredo amoroso, no solo no ayudan en nada a sus miembros sino que terminan contaminando su entorno. ¿Qué es la sociedad sino un conglomerado de familias? Sueño con el día en que Costa Rica se convierta en una sociedad, no solo muy "feliz" (tengo mis dudas), sino equilibrada, en la que las creencias de cada quién le sumen a la colectividad. Una sociedad en la que los que decidimos no creer no tengamos que presupuestar las retahílas interminables de los que sí creen y, peligrosamente, detentan el poder.

Si logramos, uno a uno, día a día, reflexionar más y reaccionar menos, guardar más silencio, respetar más las diferencias, aplacar la envidia y el odio y alimentar la compasión y la bondad, llegará el momento en que eso que hoy nos enreda desaparecerá. No es fácil, claro está. Es mucho más fácil obviar la realidad. Escondernos. Perder el tiempo. Aceptar los miles de discursos que buscan enfermarnos, frustrarnos, amaestrarnos. Sé que muchas personas (sobre todo las que conforman esta masa crítica llamada juventud), finalmente desean habitar entornos más sanos. Yo lo seguiré intentando. Mi hija merece encontrarse una sociedad tica más sana, menos enredada. Y, en todo caso, seamos muchos o no, como suelo decir: ¿QUIÉN DIJO MIEDO?

Muchísimas gracias a todos por la paciencia. Ah no, esperen. ¿Y qué viene? Se preguntarán. Uy. Vienen muchísimas cosas. Más ciencia, más crítica, mucha más sexualidad, más enredos y posibles modos de desenredarse. Si ustedes gustan, pueden continuar acompañándome. Esto, como dicen cansonamente futbolistas y directivos, ¡LO SACAMOS ENTRE TODOS!

Allan Fernández, psicólogo clínico / 8663-5885 / https://www.facebook.com/psicologoallanfernandez / a.fernandez@ucreativa.com

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