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Besuquearse tiene su ciencia

Diay sí, tampoco es parar la trompa y ya. Vayan y pregúntenle a la gente si da lo mismo un buen besucón que uno mal ejecutado y luego me cuentan. Que el beso tenga relación con lo erótico, espero que sea conocimiento por todos manejado -"vox populi" como dicen las personas cultas-. Hoy deseo ir un poquito más allá. Me interesa compartirles qué -otras- funciones tiene el beso. Puesto en básico, lo que hoy me motiva a solicitarles su valiosa atención es, descubrir para qué sirve el beso. Besar a alguien, ¿qué nos permite conseguir, qué me genera y qué le genera a la otra persona? Podríamos echar mano a textos románticos, novelas empalagosas o poesías épicas. Pero no. Yo en toda ocasión voy a preferir confiar en la producción intelectual derivada de la ciencia. Soy un fiel creyente... En aquello que surgió de la experimentación, de la comprobación.

Partamos de una obviedad: besar tiene que servir para algo... Evolutivamente hablando. Si la especie humana ya no requiriese de chocar labios con labios y lengua con lengua, ya dicho acto habría desaparecido, o al menos habría sido sustituido por una estrategia más eficaz. El bicho humano, uno de los tantos mamíferos que aún no se han extinguido, algo debe buscar al llevar a cabo un acto tan antihigiénico. (¿O ustedes usan cepillo de dientes, pasta, enjuague bucal e hilo dental cada vez que se llevan otra boca a su boca?) El beso debe perseguir una función. Sirve para algo. De sus orígenes sabemos poco. Algunos intentan relacionarlo con el modo en que las aves alimentan a sus crías. Ajá. Como lo leyó. Es probable que las primeras madres de la historia (no las del Génesis, recuerden que estamos hablando de cosas posibles), se echaban la comida a la boca y luego se la pasaban, triturada y por ende babeada, a sus bebecitos y bebecitas.

Aprovechando esta oportunidad, tengo ganas de generar un poquito de controversia. ¿Ustedes han observado a una madre estampándole un beso en la boca a su hijo o hija? ¿Qué sintieron? ¿Incomodidad? Pues muy bien. Esa tendría que ser la reacción normal. No solo no se ve bien, sino que neurológicamente hoy sabemos que ser besado produce una serie de reacciones químicoendocrinológicas (hormonales), lo cual obviamente va a confundir el cerebro del pobre chiquito o chiquita. Dopamina, oxitocina y serotonina, he ahí las tres sustancias químicas que se segregan cada vez que alguien nos besa. No será casual que luego de un buen besucón nos sintamos algo mareados, algo intoxicados -en un buen sentido-, algo alterados. Pues claro que el chiquito o la chiquita está feliz recibiendo el beso de su madre. Las drogas tienen eso, nos gustan rápidamente... Para dejar esta parte, que sé bien a algunas no les encantó, piensen qué sentimos si vemos a un padre besando en la boca a un hijo o hija. Pues sí, la escena produce sensaciones molestas, y la de las mamás también. No lo digo yo. Lo dice la (neuro)ciencia.

Pienso que no es importante aclarar esto, pero mejor lo hago. Cuando hablamos de besar, estamos hablando de pegar la boca de uno con la boca de otra persona. El beso que le da a uno en la frente la abuelita o el que uno le da a alguien en la mejilla al despedirse no se asemeja, prácticamente en nada, al "beso beso". El beso del aprete (como decíamos los jóvenes hace 3 décadas). El beso al copar (como decían nuestros padres). El beso de "piquito" no genera nada, de ahí que cuando en una pareja lo único que queda "en stock" son besos de piquito, es porque la cosa se viene poniendo fea, viene perdiendo fuerza. Los besos de piquito son los que se recetan las parejas que se volvieron "roommates", las que esperan y esperan hasta que ya no haya nada que hacer. Un día después del día que ya no hay nada que hacer, salen soplados a buscar terapia.

Me interné en el campo de las parejas -el campo que tanto nos apasiona-, ya que encontré una investigación sumamente interesante (Wodarski y Dunbar, 2013). Trabajaron con una población de casi 900 personas (hombres y mujeres entre 18 y 63 años), ya que deseaban constatar 3 cosas:

1. ¿Es el beso un medidor de potenciales parejas?

2. ¿Produce algún efecto -no erógeno- en las parejas?

3. ¿Es el beso el punto de partida del acto sexual?

Respecto al primer punto (el beso como medidor), lograron comprobar que esos primeros besos de toda relación son fundamentales. Aún y cuando no para todos es lo mismo un buen beso (a algunas personas les gusta lo sutil, a otras la succión, a otras con mordisco incluido y no habrá quién ande buscando besos con sabor a cigarrillo), lo que sí es fundamental, tal parece es que el beso le otorga a la otra persona una puntuación muy alta en términos de establecer una relación amorosa. Fantasear con alguien que no nos gusta como besa es un sinsentido. Luego -no lo tomen contra mí, fueron ellos quiénes lo descubrieron- parece que existe una relación inversa entre la importancia del beso y la autoestima de la persona. Eso quiere decir que de este grupo estudiado, las personas con los índices más bajos de autoestima restaban importancia al acto de besar. Por ende, aquellas personas con altos niveles de confianza consideran fundamental la conexión oscular ("ósculo" es la palagra de domingo para "beso"). Poniéndonos mucho más técnicos, todos los seres humanos contamos con un sistema interno llamado Complejo Mayor de Histocompatibilidad. Este sistema está directamente conectado a nuestro sistema inmunológico y además es el que produce nuestro olor natural (el que podemos percibir si nos pasamos un dedo por alguna de nuestras axilas). Ese sistema nos permite determinar con quién cruzarnos produciría un mejor cachorro. El beso sería el curriculum en una entrevista laboral. Es el que nos permite constatar quién es apt@ y quién no.

El punto 2 y el 3 se interrelacionan. Ante el extendido prejuicio que plantea que para las mujeres es más importante besar que para los hombres (en el momento de lo erótico y lo coital), una investigación llevada a cabo por Hughes y Kruger demuestra que no existen grandes diferencias en términos de género. O sea, tanto para los tipos como para las tipas el beso tiene que estar presente a la hora de chocar anatomías con propósitos reproductivos -o su simulacro-. Lo interesante es el momento en que, dependiendo del género, deben estar más presentes los besos. Para la mujer, al final del acto. Para el hombre, al inicio.

Dejé para el final el resultado al que más valor le encontré. Las parejas que se encuentran más satisfechas con su relación, aquellas para las cuales su pareja cumple con las características deseables, las buscadas de antemano, aseguran que la frecuencia con que son besados por su pareja resulta imprescindible. Además, aparece una relación entre la cantidad de besos recibidos y la satisfacción sexual. Sentirse sexualmente satisfecho, según esta investigación, no depende tanto de la frecuencia como sí de la sensación de cercanía erótica respecto a su pareja. El beso, entonces, es tan importante como la sexualidad, aunque no siempre aparezcan en el mismo momento de la cotidianeidad.

En síntesis: cuando encontramos a alguien que -según nuestros gustos- besa bien, nos sentimos más atraídos, nos resulta más fácil pensar en interactuar sexualmente ("conocernos en sentido bíblico") y fantaseamos con establecer una relación a largo plazo con dicha persona. Así de fácil. Un beso es mucho más que un beso... Besuquearse tiene su ciencia.

Allan Fernández, psicólogo clínico / 8663-5885 / https://www.facebook.com/psicologoallanfernandez / a.fernandez@ucreativa.com

Enredos amorosos

Por J. Allan Fernández

El amor es energía y, como tal, depende del uso que se le de. A algunos los cura y a otros los enferma. Algunos lo utilizan como motivación y otros no logran dejar de padecer sus efectos y ausencias. Es la fuerza que sostiene la vida. Investigo este fenómeno tan paradójico desde hace años. Primero desde la psicología, la sociología y el psicoanálisis, luego desde la neuropsicologia, la filosofía y la espiritualidad. Hoy en día, el amor no es solo asunto de literatos y poetas. El amor también es objeto de estudio científico y, si a la ciencia le interesa, a mí me interesa. A ustedes?