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Fórmula para sufrir: emparejarse con alguien egoísta.

Todos conocemos a alguien que, al final de su carrera profesional, no logra cerrar su proceso universitario. Es decir, aprobó ya todos sus cursos y, no entendemos muy bien por qué, no logra graduarse. Algunos llevan 10 proyectos de investigación, el siguiente menos apto que el anterior. Existen también los que no "encuentran" a qué dedicar su tesis. Pareciera que no "quieren" graduarse. Recuerdo un momento de mi práctica clínica en que recibía muchas personas en esta situación. La mayoría afortunadamente venció sus miedos y logró graduarse. Sí. Leyó bien. Era algún miedo inconsciente el que les impedía cerrar su proceso universitario. Cerrar procesos a los seres humanos les da miedo. Madurar da miedo. Cambiar da miedo.

A mí mi proceso de graduación en psicología me encantó. Estudié el tema que más me interesaba y lo abordé como lo consideraba apropiado. Leí todo lo que quise y al fnal logré un producto -aparentemente- interesante. Me concentré, no en las drogas, sino en las dependencias. Quise subrayar el hecho de que algunas personas se vuelven dependientes de casi cualquier cosa: del ejercicio físico, de los videojuegos, del trabajo, de la terapia (sí, algunas personas se vuelven adictas al proceso con el que deseaban superar su adicción, lo cual no dice mucho del terapeuta en cuestión), de la religión, etc. No tenía idea, a inicios del siglo XXI, que aquello que investigué me permitiría, muchos años después, trabajar con personas dependientes a la pareja, al dolor, a la tecnología, a las redes sociales.

En el proyecto de graduación quise inventar subtítulos que llamaran la atención. Uno de ellos sin duda lo logró: EL ADICTO NO AMA (¿qué curioso, verdad? en esos momentos el tema del amor y las relaciones no me interesaba demasiado). Utilicé a un autor argentino que proponía una hipótesis muy interesante. Para no aburrirlos con psicoanálisis, el doctor en cuestión plantea que el adicto siente que todo aquello que necesita, todo lo que le hace falta se lo provee el objeto droga. La ilusión del adicto, decía este investigador, es creer que ya encontró a su "media naranja", (sobre esto de "la completud" en el amor ya escribí algo). Por eso le cuesta tanto dejarlo. La droga, al ayudarle a separarse de su dolor, lo motiva a "casarse" con la droga, se funde, se empareja. Es un poco más complicado que eso, pero espero que al menos la idea básica la puedan retener. El adicto no necesita amar a nadie. Ya encontró algo que lo complete: la droga.

El discurso de los adictos posee un elemento fácil de encontrar: pareciera no importarles lo que los demás (sus familias, su pareja, sus amigos) están sufriendo. No es que quieran que la gente sufra -algunos quizás sí-. Es solo que la adicción se convierte en algo tan importante, que terminan privilegiando su placer al dolor de los otros. Ese placer, lo sabemos todos, termina convirtiéndose, tarde o temprano, en dolor. Parecieran, quizás ustedes estén de acuerdo conmigo, algo egoístas.

El egoísmo ha estado presente en la historia de todos nosotros. En nuestra niñez, aunque no lo recordemos, eramos ridículamente egoístas. Si usted -a quien le agradezco mucho su atención- es papá, mamá, o al menos tío o tía medianamente presente en la vida de sus sobrinos, habrá notado que los niños (y las niñas) son egoístas. Ellos quieren estar bien ellos. Ellos quieren que aquello que les gusta sea solo de ellos. A ellos los lazos sociales les vale un pepino. Será el proceso de socialización -ergo adiestramiento-, el que poco a poco vaya creando en ellos la conciencia de que tienen que considerar a aquellos que los rodean. No lo aceptan de buena gana. No entienden el por qué. Con lo lindo que es pasarla bien, les debe resultar enigmático que el bien de los otros sea algo que tenga que importarles. Psicológicamente hablando, todos los adultos somos egoístas rehabilitados. ¿O no todos?

Escena típica en la consulta:

-" ay doc, no se le quita lo egoísta".

- " ¡ ¡ ¡ Aja!!!". Ahí está la clave que andabamos buscando. ¿Cómo que "no se le quita"? Déjeme entender lo que usted acaba de confesar. ¿Usted eligió como pareja a alguien que desde el inicio se mostraba egoísta?. Yo solo le tengo una pregunta: ¿por qué? ¿qué quiso hacer? ¿quién le convenció que alguien egoísta iba a dejar de serlo? (en realidad fueron 3 preguntas).

El egoísmo es un rasgo de la niñez. Eso me permite plantear que todo adulto egoísta es en realidad un infante emocional. No le podemos pedir a un niño que ame como un adulto. Y no. No estoy justificando a esa persona que USTED ELIGIÓ para sufrir. Solo le estoy recordando que usted, al elegir a dicha persona, se vuelve corresponsable de sus malestares psicoemocionales. Como bien plantean nuestros abuelos: "el que quiere morir por su gusto, que lo entierren parado" O, "no se le pueden pedir peras al olmo". O, "el que con niños se acuesta amanece orinado".

" ¡ ¡ ¡ Ay doc, que dicha!!!. Se lo voy a mandar para que le ayude a madurar". Mejor no lo haga. Yo solo tengo una hija. Es a la única persona a la que me toca enseñarle a no ser egoísta. Además, yo estudié psicología, no educación preescolar.

En síntesis: el adicto no ama. El egoísta sí... a sí mism@. Por eso no necesita amar a nadie más. Entonces: si usted ama a alguien egoísta, mejor dedique ese tiempo a graduarse, o a estudiar pedagogía. Así podrá ayudar a niños -reales- a superar sus egoísmos.


Allan Fernández, psicólogo clínico / 8663-5885 /  https://www.facebook.com/psicologoallanfernandez  / jorgeallan@icloud.com

Enredos amorosos

Por J. Allan Fernández

El amor es energía y, como tal, depende del uso que se le de. A algunos los cura y a otros los enferma. Algunos lo utilizan como motivación y otros no logran dejar de padecer sus efectos y ausencias. Es la fuerza que sostiene la vida. Investigo este fenómeno tan paradójico desde hace años. Primero desde la psicología, la sociología y el psicoanálisis, luego desde la neuropsicologia, la filosofía y la espiritualidad. Hoy en día, el amor no es solo asunto de literatos y poetas. El amor también es objeto de estudio científico y, si a la ciencia le interesa, a mí me interesa. A ustedes?