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Inhale, mantenga, exhale

No, no voy a hablar hoy sobre los trabajos de parto. Solo he estado en 2 en mi vida: en el que yo aparecí (el cual no recuerdo) y en el que apareció mi hija. En este último, la premura de la situación nos hizo tomar la decisión de traerla por cesárea. Mi esposa estaba plácidamente tranquila por los efectos de la anestesia y yo con un revoltijo de emociones -envidiando en algunos momentos la anestesia-. Créanme, pocas escenas podría uno comparar con la llegada de una hija.

Inhale... mantenga... exhale. Tres momentos, tres fases de un proceso. Cada uno de ellos, responsable de activar una serie de reacciones en nuestro cuerpo. Iniciamos nuestra vida extrauterina inhalando. Terminaremos nuestra vida exhalando. Entre un momento y el otro, nos "mantendremos" vivos. Respiramos, no porque lo decidamos, no porque queramos. Respiramos ya que lo necesitamos. Ven, aquí sí podemos decir que NECESITAMOS de algo (hago referencia a los momentos -aparentemente polémicos- donde me gusta asegurar que no necesitamos de una pareja).

Una de las razones por las que me siento totalmente seguro de haber elegido a la pareja correcta, radica en el hecho de que sus búsquedas, sus intereses, coinciden, en mayor o menor grado, con los míos. Mi esposa, buscadora insigne en el campo de lo espiritual, ha tocado varias puertas. De ella escucho el término "meditación" muchos años antes de que llegara a interesarme a mí. Aún y cuando en algunos momentos no entendía yo qué andaba ella buscando, o, para qué andaba buscando, he sentido una gran admiración por su pasión y deseo de conocimiento. Que nuestra hija se llame "Sofía" no crean que es casual (si no sabe usted de dónde proviene dicho nombre de pila, es un buen momento para que ingrese a algún buscador y descubra su significado).

En el momento en que me permití interesarme en todo esto de lo místico y lo espiritual, las cosas empezaron a tener sentido. Ya cargaba yo con un bachillerato y una licenciatura en psicología, una formación en psicoanálisis y dos posgrados: uno en psicología clínica y uno en filosofía. Me tropecé con la meditación por cuestiones, en apariencia, azarosas y desde ese día, prácticamente todo se transformó, tanto para mí como para mi familia (esposa e hija). Me preparaba yo para participar de un posgrado internacional en neuropsicología. Fue en ese momento donde me di cuenta que la meditación era más atractiva para la ciencia que la psicología misma.

Alejándome de viñetas anecdóticas, les cuento todo esto ya que una de las primeras cosas que me llamaron la atención al estar rodeados de practicantes espirituales, era la insistencia con que se reparaba en la importancia de la respiración. Hasta ese momento, la respiración nunca me había parecido algo interesante. Yo sabía que yo respiraba y que usted también lo hacía. Sabía que si dejaba de hacerlo me moriría y lo mismo le sucedería a usted. Más allá de eso, pensar en respirar nunca había sido, para mí, un tema de interés.

Sin embargo, la ignorancia no tiene por qué convertirse en destino. Empezamos a estudiar la relación entre el buen respirar (no es solo tragar y botar aire) y la salud en general (la emocional y la física). Muchos estudios han demostrado la relación, por ejemplo, entre los procesos de envejecimiento y los malos hábitos respiratorios. Es un campo fascinante, en el que confluyen las ciencias más empíricas con las propuestas más filosóficas y espirituales. Los invito a leer al respecto.

Cada relación amorosa cuenta con momentos particulares. Con etapas, con estadios (no, no me refiero al rescinto donde se celebran competencias y espectáculos, entre de nuevo a internet y busca todas las acepciones de dicho término). Hay días buenos, otros no tanto y otros para el olvido. Disfrutamos temporadas enteras de dulzura y recreación, así como instantes de desasosiego, dolor y frustración. Así es la vida. Felicidad-tristeza. Luz-sombra. Vida-muerte. Crecimiento-retroceso. Yin-Yang.

Hace un par de años me realizaron una entrevista que me sorprendió. El tema era "¿qué hacer cuando uno se enoja con su pareja?", el cual pueden encontrar en mi página profesional  https://www.facebook.com/psicologoallanfernandez . Me pareció muy interesante. Al ser contactado por la periodista, lo primero que pensé fue: "¿Habrá gente que no sepa qué hacer en esos casos? ¡Qué locura!". Luego, al escuchar la motivación de la periodista me di cuenta que su interés era totalmente válido. Aunque les parezca increíble, algunas personas se emparejan sin siquiera estar seguros si cuentan con la madurez suficiente para portarse a la altura. Y no. No me salgan con el rebuscado "¡Ve! ¡¡¡Es necesario estar emparejado!!!". No, lo siento. No me convencen. Respirar es necesario. Emparejarse no, sobre todo cuando no se ha madurado emocionalmente o, se siente usted atraído por alguien emocionalmente infantil. Sufrimiento es lo único que va a conseguir.

Pensemos en esos momentos donde todo fluye en la pareja. El amor nos rodea, nos circunda. Todo funciona. Apapachos van, apapachos vienen. Si está usted en este momento, aproveche e INHALE todo lo que su relación genera. Nútrase de ella. Permita que todo ese bienestar lo inunde, lo colme, lo llene. Al inhalar, atraemos (mis consultantes reconocerán esta relación que acabo de proponer). Si las cosas marchan bien, aprópiese de ellas. Usted es corresponsable de dicho bienestar. Usted merece todo eso que está sucediendo, de ahí que inhalarlo, atraerlo, es en su caso, merecido.

En otros momentos las cosas no marchan tan bien. No están terribles, pero tampoco caminan como deseamos. No pensamos en salir corriendo, pero tampoco sentimos muchas ganas de sentarnos a conversar el por qué del problema. Incluso, no tenemos claro si el problema somos nosotros o nuestras parejas. Dudamos. La relación, en algunos momentos sentida como una respuesta (a las súplicas de los creyentes), se ha convertido en una pregunta. Más que relación ahora lo que tenemos es un enigma. Sabemos que debemos intentar arreglar lo que sucede. Es que no sabemos por dónde empezar. Este es un buen momento para "mantener", para "retener". Si el asunto no se muestra claro, "sostener la respiración" (metafóricamente) pareciera lo indicado. Aclare sus ideas. No abra la boca para decir algo de lo que después se pueda arrepentir y, sobre todo, controle (mantenga, retenga) sus emociones. Si no va a decir algo que valga la pena, mejor guarde silencio. Diciendo -o haciendo- algo indebido puede pasar de una relación compleja a una no-relación.

Tenemos también el tercer momento de las relaciones. Allí donde nada funciona. Este es el momento durante el cual algunas parejas buscan ayuda. Aquí, la compulsión por acabar esto que tanto malestar genera nos puede llevar a tomar malas decisiones. Pensamos que la causa de nuestra molestia es el otro (podría serlo... podría no serlo). Es por esto que aquí debemos mostrar nuestras mejores galas en términos de conciencia y ecuanimidad. Las crisis, propias de todo fenómeno en la naturaleza, no tendrían por qué convertirse en el momento final. La madurez de los miembros de la pareja va a ser, en momentos como este, fundamental (aquí sí puedo decir: NECESARIA). ¿Quiere acabar su relación? Si está seguro, hágalo. Eso sí, hágalo bien, como la gente. ¿No está seguro? Exhale... exhale profundamente. Pregúntese si esto que sucede tiene arreglo y/o si tiene sentido intentar arreglarlo. La compasión ante todo. Ante el otro, pero también ante usted mismo. Ya lo saben. Lo he dicho varias veces (lo tomé del budismo): nadie puede ser compasivo si antes no es autocompasivo.

Algunas relaciones nutren, regeneran, como el buen oxígeno. Otras son fábricas de toxinas (y con estas lo mejor que podemos hacer es expulsarlas de nuestro sistema, si es que no queremos enfermarnos). Si la suya es de las primeras, cuidela, oxigénela. Si es de las segundas, preguntese qué está haciendo ahí. Si la respuesta es: "no lo sé", le toca hacer algo. Es nuestra responsabilidad el estar bien. No vaya a ser que termine usted "ahogado... sin aire".

Además de mi página profesional, pueden contactar conmigo mediante la línea celular 8663-5885, la cual es administrada por mi secretaria.

Enredos amorosos

Por J. Allan Fernández

El amor es energía y, como tal, depende del uso que se le de. A algunos los cura y a otros los enferma. Algunos lo utilizan como motivación y otros no logran dejar de padecer sus efectos y ausencias. Es la fuerza que sostiene la vida. Investigo este fenómeno tan paradójico desde hace años. Primero desde la psicología, la sociología y el psicoanálisis, luego desde la neuropsicologia, la filosofía y la espiritualidad. Hoy en día, el amor no es solo asunto de literatos y poetas. El amor también es objeto de estudio científico y, si a la ciencia le interesa, a mí me interesa. A ustedes?