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Manual para manipular (addendum)

Cuando escribí la tercera parte de este manual pensé que había cubierto todas las aristas posibles. Luego de leídas estaba tranquilo. La próxima vez que a alguien se la estuvieran "aplicando" (como dicen ahora los jóvenes) solo tenía que ojear mis publicaciones y determinar si estaba perdiendo su tiempo. Sí. Cualquier persona que ande por la vida practicando el "gaslighting", el "ghosting" y el "breadcrumbing" anda buscando cualquier cosa menos amor. Bueno, no. Perdón. Voy a suavizarlo. Podría andarlo buscando. Es solo que no ha madurado lo suficiente como para mantenerse en una relación emparentada con lo amoroso. Manipular, en las relaciones, da cuenta de algún (algunos, en realidad) trastorno. Quedarse a ser manipulado... también.

Mi esposa, no me pregunten cómo lo logra, encuentra unas cosas interesantísimas en la red. Es una investigadora nata. Unos días después de publicada la 3ra. parte del manual, me puso al tanto de un par de nuevas estrategias para pasearse en la salud psicoemocional de la pareja. Una es realmente original. La otra me parece que ha existido desde tiempos inmemoriales.

Los celulares han venido a trastocar eso que solemos llamar "relaciones". Ahora sí podemos elegir cuándo, cómo y cuánto vamos a invertir en tratar de comunicarnos con otros humanos. Volverse "usuario" nos otorga dicho poder... Y nos quita otro montón. El teléfono suena. Volvés a ver la pantalla y, a diferencia de lo que sucedía en los ochentas, al ver de quién proviene el "approach", podés elegir si se te antoja contestar o no. No sean hipócritas. Todos hemos dejado de contestar algo, sea porque estábamos haciendo algo importante o por que no teníamos ganas de escucharle al otro el cuento. Si te lo aplican es terrible. Cuando lo hacés no te parece tanto.

Hace un par de semanas, hablando con un querido amigo, me explicaba de las veleidades de la opción "do not disturb" (no molestar). Básicamente, al elegir dicha opción, representada por una media lunita (no se si menguante o creciente, habría que averiguar), el teléfono no pasa sonando cada vez que alguien te llama o escribe. Es más, investigando al respecto, el Iphone te da la opción de elegir quienes quedan por encima de la opción. Quiero decir, yo puedo configurar la opción para que las llamadas y mensajes de mi esposa y mi papá sí se notifiquen y el resto de personas queden atrapadas bajo el influjo de lo lunar. Estoy seguro que la tecnología Android tendrá algo similar.

Pues bien, luego de este -no muy profundo- acercamiento a las tecnologías digitales, puedo ahora sí mencionar nuestra cuarta estrategia de manipulación/método para joderle la vida a alguna persona: el famoso "mooning" (aja, proviene de "luna"). Es ese punto de locura en que, en lugar de decirle a esa persona que ya no te interesa lo que vaya a sucederle en su futuro, el cual claramente no compartirán, utilizás la opción del celular para no estar recibiendo sus desagarradores y muy sentidas súplicas de amor, o al menos de atención. Con esta opción, cada cierta cantidad de horas -si querés- revisás cuántos mensajes y llamadas coleccionás de esa persona a la que en algún momento le hiciste pensar (y sentir) que había llegado el momento de juntar un camino con el otro, lo cual devendría un nuevo recorrido, ahora en compañía de esa persona especial. Diay sí. Fatal. Tienen razón. No es culpa de la tecnología. Es culpa de ese usuario tan inescrupuloso y, a todas luces, desconocedor de la implacable ley universal del karma.

Pero ahí no termina la cosa. Existe otro modo, el cual, de acuerdo a mi opinión, ha existido siempre. Escena típica, cotidiana y recurrente. Dos personas se conocen. Una de ellas le confiesa a la otra que está teniendo problemas en su relación. El interlocutor (el receptor, puesto en términos de la teoría básica de la comunicación), no me pregunten cómo, piensa algo así de loco: "esta persona que tiene problemas no sabe algo: ¡yo soy la solución!". Empiezan a salir. Se enredan. Aparece el insomnio, la ansiedad, la decepción, aderezado todo lo anterior con una que otra chispita de efímera contentera. Una de las 2 personas empieza a experimentar sentimientos más profundos por la otra persona (siempre sucede) y, como era de esperarse, se los comunica. Acá por lo general suceden 2 cosas:

1.  La otra persona le contesta que por pura "casualidad" está sintiendo lo mismo (ustedes sabrán si lo creen o no) pero que no puede hacer nada por el momento. Pero, eso sí, algún día todo se solucionará... Para bien. Deciden escaparse el 1ro. de agosto (las 2 personas activan la opción de "no molestar" de sus teléfonos) y caminarse la romería entera a Cartago. No desde Tres Ríos. Desde la oficina. Ya que saben que eso que están haciendo a La Negrita no le debe hacer ninguna gracia, así que deben ofrecerle un par de suelas de tennis bien desgastadas. Se tienen que disfrazar, claro está. En este país toparse gente conocida en la romería es facilísimo (ese día caminan los que rezan, los que pecan y los que buscan el empate). 

2. La otra persona, luego de escuchar tan romántica confesión, les devuelve un fulminante: "No me presionés. Sabés que no puedo hacer nada al respecto". En términos balompédicos, esta cruda frase vendría siendo un: "En todo equipo hay titulares y suplentes. Vos, en este, no sos parte de los de la foto de inicio de la mejenga". Qué mala nota, ¿verdad?

Eso que acaba de suceder camino a la basílica de los Ángeles, y continuará sucediendo -se los aseguro-, es el modo más brutal de la "nueva" estrategia de manipulación: el famoso "benching" (aja, de "bench", banca). Diay sí. Algunas personas son banca en estos momentos. Sueñan con ser de la partida en algún encuentro. Una que otra de esas personas lo logró. La inmensa mayoría... No. Ahora, no todo está perdido. Ser banca tiene su belleza también. Menos responsabilidad. Te asoleás menos y tenés menos presencia en redes.

En síntesis: te están aplicando el "benching" cuando te aseguran que lo que está sucediendo -no muy favorable- pronto cambiará. De pronto alguien piensa: "¿habrá gente así de despiadada?". Sí. Claro. Y hasta van a misa o al culto los domingos. Y, aunque no me lo crean, hay gente que se presta para sostener este mórbido jueguito.

Alguna vez le preguntaron a alguien que admiro mucho si él considera que a este mundo le faltan más terapeutas (en pos de alcanzar mayores grados de salud). La respuesta de él fue implacable y valiosa: "No. A esta sociedad lo que le falta es madurar". El que manda a la banca a alguien no ha madurado todo lo necesario. El que se queda sentado en la banca... Tampoco.

Allan Fernández, psicólogo clínico / 8663-5885 / https://www.facebook.com/psicologoallanfernandez / a.fernandez@ucreativa.com

Enredos amorosos

Por J. Allan Fernández

El amor es energía y, como tal, depende del uso que se le de. A algunos los cura y a otros los enferma. Algunos lo utilizan como motivación y otros no logran dejar de padecer sus efectos y ausencias. Es la fuerza que sostiene la vida. Investigo este fenómeno tan paradójico desde hace años. Primero desde la psicología, la sociología y el psicoanálisis, luego desde la neuropsicologia, la filosofía y la espiritualidad. Hoy en día, el amor no es solo asunto de literatos y poetas. El amor también es objeto de estudio científico y, si a la ciencia le interesa, a mí me interesa. A ustedes?