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Manual para manipular (2da. parte)

Pues bien, recordarán la premisa de la primera parte de esto: el ser humano (así como otros animales) intenta imponerse. Detentar el sitial del Macho Alfa (o la Macho Alfa -que no es lo mismo que "la macha"-) tiene sus ventajas... y sus responsabilidades. Las jerarquías parecieran algo natural, muy a pesar de los que hemos tenido que lidiar en algunos momentos con el nada atractivo trance de ser mandados. Es que si el mundo accediera a mis designios... (si les interesa esto de la fantasía de "controlar", pueden accesar algo que escribí hace algún tiempo: " controláte con lo del control").

En una relación estable, fruto a su vez de la estabilidad de cada uno de sus miembros y de su entorno (hay familias de las que resulta mejor alejarse), señalarle al otro las actuaciones que podrían dañar dicha estabilidad no tendría que ser un problema. Todos nos distraemos... muchas veces. Se los he recordado -y me lo recuerdo yo- en varias oportunidades: tendemos a caer en el craso error de creer que nuestra relación, sea por duración, sea por intensidad de los afectos compartidos, continuará en piloto automático. Se los aseguro. Esa relación no la han inventado. Tranquilos. No voy a compartirles la en extremo cursi metáfora de la matita que necesita ser regada diariamente... pero algo hay de eso.

Sin embargo, aún y cuando mi pareja y yo nos pulamos en el -aparentemente- difícil arte de la comunicación efectiva, siempre aparecerán elementos desequilibrantes. Algunas veces en ella, muchas veces más en mí, una que otra vez en el entorno. A algunos les afecta la fluctuación cambiaria, a otros el resultado de la mejenga. A algunas personas no recibir "x" cantidad de "corazoncitos" en instagram les jode el resto del día. No faltará la persona que se devolvió desmoralizada: outfit nuevo para el gym y no logró la atención ni del  "personal trainer" -al que además le paga-. Podría continuar... sé que ya entendieron.

Hoy me internaré, no mucho (no vaya a ser que alguien agarre "volaos") en una estrategia, milenaria como el hombre, y aún así psicológicamente atractiva en los últimos tiempos. Conversación -nada- ficticia: 2 celulares, 2 usuarios -que sucede que son pareja-, 2 whatsapps "en línea":

Persona 1: "sos intenso y celoso"

Persona 2: "¡contestáme!!!"

Persona 1: "¡estoy trabajando!"

Persona 2: "¿segura?"

Persona 1: "ah, no jodás"

Persona 2: "no jodás vos"

Persona 1: "ciao"

Persona 2: "voy para allá"

Persona 1: "¡estoy trabajando!!!"

Persona 2: "eso espero, ahorita nos vemos".

Y podría seguir, pero la idea es no rozar la decadencia...

Como ya me referí en demasía a los psicológicamente sospechosos rasgos de la intensidad y la celadera, deseo colocar el acento en otro lado. A ver, ayúdenme. ¿Cuál está peor en esa conversa? Si usted contestó el número 2, vamos bien. Los celos son la antesala de la paranoia (de hecho son familia). El asunto no es ese, al menos hoy. Me interesa más reparar en la muy fea -pero eficiente- estrategia de convencer a mi pareja que son sus desórdenes psicológicos los que impiden disfrutar del emparejamiento.

Aclaración -creo- innecesaria: por supuesto que los problemas psicológicos de uno afectan la relación... Y por ende, al otro. Eso es obvio. Si su pareja es, por ejemplo, mitómana (dícese de las personas que mienten compulsivamente), no habrá meditación ni plegaria que pueda con eso. Es que de algo podemos estar seguros: el/la que siempre miente, si no hace algo al respecto, seguirá mintiendo. Los mentirosos compulsivos son altamente "confiables". Sí. Podemos CONFIAR en que continuarán haciéndolo. Igual el jugador compulsivo, el consumidor compulsivo, el workaholic, etc. Pero no me refiero a esto.

Algunas personas, con el deseo de esquivar la responsabilidad que se adquiere cada vez que nos emparejamos, gustan explicar la pobre relación mantenida. Lo hacen, trayendo a colación los rollos de la otra persona. Le hacen creer que es su locura la causante de los problemas que enfrentan. Intentan -algunas personas lo logran con facilidad- hacerle creer a su pareja que la relación sería envidiable si tan solo hiciera algo con sus desequilibrios. La otra persona, en caso de cargar ciertas inseguridades (y casi todos cabemos en esa categoría), empieza a dudar de su propia cordura. Creo que ya comprendieron el objetivo: lograr hacer sentir culpable al otro. Ya lo saben, se los he dicho cientos de veces. ¿Quieren controlar a alguien? Háganlo sentirse culpable. ¿No me creen? Fíjense en casi cualquier religión. Han hecho de la culpabilidad un altamente sofisticado mecanismo de manipulación y control.

El cinismo puede alcanzar niveles tales que logran hasta condicionar su amor al otro. " Yo te trataría mejor... Si me dejaras salir cuando yo quiera". " Es culpa tuya. Seguíle haciendo caso a tu tata y verás que no llegamos ni al otro mes". " Con razón vas a terapia... ¿Cómo me metí con vos?". Y lo loco no es que alguien intente manipular. Lo loco es que encuentre a alguien que quiera jugar tan neurótico juego. Este fenómeno se conoce con el nombre de "gaslighting". El término proviene de una película clásica en que la protagonista empieza a perder la cordura, gracias al deseo de su pareja de hacerle creer que se está volviendo loca (y no "loca" a lo bonito, como la canción de Shakira). Dícese -dejenme intentar una definición un poco a la carrera- del maltrato psicológico tendiente a generar en el otro la duda sobre sus percepciones, emociones e ideas.

Sí. Leyó bien. Maltrato psicológico. Ahora esperen. No crean que solo las parejas inescrupulosas practican el "gaslighting". No. Para nada. Existen familias que en esto derrochan maestría. El objetivo es el mismo: buscar chivos expiatorios. Colocar la responsabilidad en alguien, con el único propósito de, vía culpabilización, manipularl@. En las familias en las cuales algún miembro es, por ejemplo, drogadicto, esto se ve clarísimo. " Viera doctor que eramos una familia perfecta, hasta que nuestro chiquito empezó a fumarse hasta los helechos". " Señora, con todo respeto. Las familias perfectas no existen. Pero, de existir, le aseguro que no generarían adictos".

Bueno, ¿cómo van con este improvisado manual? La próxima semana les voy a confiar otra estrategia para la manipulación. Estoy seguro de que muchos la reconocerán...


Allan Fernández, psicólogo clínico / 8663-5885 /  https://www.facebook.com/psicologoallanfernandez  / a.fernandez@ucreativa.com

Enredos amorosos

Por J. Allan Fernández

El amor es energía y, como tal, depende del uso que se le de. A algunos los cura y a otros los enferma. Algunos lo utilizan como motivación y otros no logran dejar de padecer sus efectos y ausencias. Es la fuerza que sostiene la vida. Investigo este fenómeno tan paradójico desde hace años. Primero desde la psicología, la sociología y el psicoanálisis, luego desde la neuropsicologia, la filosofía y la espiritualidad. Hoy en día, el amor no es solo asunto de literatos y poetas. El amor también es objeto de estudio científico y, si a la ciencia le interesa, a mí me interesa. A ustedes?