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Nadie sabe pa' quien trabaja (parte final)

En la primera parte de esto recordarán que quedamos frente a Linus, el personaje de la historieta Charly Brown. Linus anda jalando la famosa frazada para arriba y para abajo. No la suelta. Parece que tenerla cerca le genera tranquilidad. Perderla, angustia. Desesperación. ¿Vamos bien? Perfecto. Lean esto que estoy a punto de citar: "la experiencia nos demuestra que el momento en que se produce la separación del otro -el ser amado-, se despliega toda una serie de inseguridades, enojos y hasta conductas auto-destructivas. Solo la presencia de ese fundamental ser permite al sufriente restablecer su estado de equilibrio. En su presencia, la seguridad. Su ausencia precipita los más aterradores temores".

Alguien en este momento piensa "eso es justo lo que me sucede cada vez que no me contesta por whatsapp, o cuando prefiere salir con sus amigos que verme, o cuando no me lleva a sus actividades con compañeros de la oficina". Pues bien. Lo que sigue no le va a gustar. La anterior descripción proviene de uno de los colegas más importantes del pasado siglo, el inglés John Bowlby, quien, gracias a su trabajo en orfanatos, pudo desarrollar su teoría de la angustia de separación. Planteaba Bowlby que esos NIÑOS, quienes ya habían sido abandonados una vez, se volcaban emocionalmente por casi cualquier persona que les prestara atención. Era una cuestión de vida o muerte. Ese niño, sintiendo su estado de precariedad emocional, requería "agarrarse" de alguien... o de algo. Tenganme paciencia. Este tema es pesado.

Volviendo a Linus, nos vamos a concentrar en el trapo que anda para arriba y para abajo. Utilizando una categoría de Donald Winnicott (el psicoanalista que mencioné en la primera parte de esto), le vamos a llamar a dicho trapo un objeto transicional. Esa cosa le permite al niño pasar de un estado a otro, de ahí lo "transicional". ¿De qué a qué? De un entorno angustiante a uno de madurez. El niño humano, en aras de madurar, tendrá que superar una transición: de la simbiosis con la madre a separarse de ella, gracias a lo cual logrará su individuación. Esta transición puede llegar a ser tan angustiante, que el niño requiere agarrarse de algo, como Linus. Luego, si el niño logra encontrar un entorno seguro, podrá divorciarse de su objeto transicional. Si siguen acá, ahora sí, voy a llevar todo esto al campo de las relaciones "adultas".

No son tres ni cuatro las veces que alguien llega, pulverizado a consulta, confesando, de modo desgarrador, lo siguiente: "usted no tiene idea lo que era mi ex-pareja cuando l@ conocí. Yo le ayudé a levantarse. Le acompañé. Le motivé. Gracias a mí se puso a estudiar, o a hacer ejercicio, o a cuidar su alimentación, o a acercarse a su familia. No es justo. Cuando ya dejó de necesitarme, me dejó. Me cambió. Ahora no para de publicar en instagram fotos con mi sustitut@. De verdad que nadie sabe para quien trabaja".

¿Ya entendieron por qué privilegié a Linus? ¿Si Linus era su ex, quiénes fueron ustedes? ¿Lo digo? ¿Seguros y seguras? Ok. Ustedes fueron el objeto transicional de sus exs. La frazada de Linus. El objeto con el cual calmarse. La cosa con la que sus exparejas lograron madurar (o al menos superar algún grado de inmadurez). De pronto alguien, no logrando aguantar el chichón al ver comprobada su intuición, explota en ira: "¡SÍ!!! ¡SIEMPRE LO SUPE! ¡ME USÓ!!!". Bueno, yo no dije eso. No solo no estaba yo ahí para asegurarlo, sino que más bien, si usted ha leído todo lo que hasta ahora he escrito, quizás perdió de vista lo siguiente: así como el niño no se "aprovecha" de la cobijita, sino que la requiere, la necesita, así tampoco podríamos asegurar que su expareja, con total conciencia, le montó a usted una trampa para luego dejarle. No dudo que esas personas existan, pero, que a usted le haya tocado me parece terrible.

En todo caso, como suelo subrayar, las motivaciones de su expareja escapan a nuestra intelección. Si usted estuvo con semejante tip@, debería darse por satisfech@ al no estar acompañad@ de alguien así. A mí me interesa mucho más el examen de conciencia que podría usted llevar a cabo. Vuelvan a la descripción de los chiquitos abandonados, esto según Bowlby. ¿Realmente siente usted todo eso cuando su pareja se le "pierde"? Pues bien. A madurar se ha dicho. No vaya a ser usted quién ande buscando a alguien/algo para calmar sus angustias infantiles.

Allan Fernández, psicólogo clínico / 8663-5885 / https://www.facebook.com/psicologoallanfernandez / jorgeallan@icloud.com

Enredos amorosos

Por J. Allan Fernández

El amor es energía y, como tal, depende del uso que se le de. A algunos los cura y a otros los enferma. Algunos lo utilizan como motivación y otros no logran dejar de padecer sus efectos y ausencias. Es la fuerza que sostiene la vida. Investigo este fenómeno tan paradójico desde hace años. Primero desde la psicología, la sociología y el psicoanálisis, luego desde la neuropsicologia, la filosofía y la espiritualidad. Hoy en día, el amor no es solo asunto de literatos y poetas. El amor también es objeto de estudio científico y, si a la ciencia le interesa, a mí me interesa. A ustedes?