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Sexo con-ciencia (toma # 2)

Recuerden que en la primera parte nos quedamos con el asunto de los ositos pandas. Si alguna vez llegan a observar algún documental sobre este tierno animal asiático (particularmente en el apartado de la procreación, ergo intentar cruzarlos) van a recordar esto que estoy a punto de plantear.

Los pandas no quieren saber nada sobre el sexo. Los 3 segundos que sí quieren -al año- difícilmente coinciden con el momento en que la osa está dispuesta. La osa, por otro lado, si no está en época de celo (15 días al año, de los cuales solo 3 o 4 cuenta con la posibilidad de quedar embarazada) es tremendamente agresiva. Hay que ver a una panda sintiéndose abordada en un momento en que no anda endocrinológicamente dispuesta a permitir que el panda se le acerque. Le puede arrancar la cabeza de un zarpazo. Y si el panda, por no estar "ojo al Cristo", deja pasar la oportunidad, luego no habrá malabar que sirva. Sumémosle a eso, pa' peores, la poca sutileza del macho, el cual, en el reino animal, es famoso por su poco tacto a la hora de hacerle el "approach" sex-oso. 

Deseo subrayar, ahora sí, algo fundamental: el oso panda, aún y cuando es considerado un mamífero no muy gregario (social), no tiene problemas de reproducción, excepto cuando es puesto en cautiverio, cuando es sacado de su ambiente natural, cuando le es arrebatada su libertad. Aquí es donde el documental dejó de ser algo interesante para convertirse en algo útil. Si el oso macho no siente encontrarse en su hábitat natural, sus funciones reproductivas se ven lesionadas. El exterior afecta el interior. Lo que sucede fuera de su cuerpo termina minando una capacidad innata, biológica, instintual. El panda, puesto en un ambiente que no le resulta natural, se vuelve INÚTIL en términos reproductivos. Y eso no es poca cosa. Al perder lo libidinoso, pone en riesgo la supervivencia de su especie.

¿Ahora sí entendieron el por qué de esta torpe comparación? Yo observo lo mismo en muchas de las relaciones humanas actuales. Nos encontramos rodeados de tantos distractores que nuestra natural capacidad de "conectar" con los otros se está viendo afectada. Y, a diferencia del panda, los humanos somos altamente sociales. Fuimos diseñados para vivir en grupo. Somos tremendamente torpes en entornos solitarios. He escuchado a muchas personas que aseguran dominar por completo la soledad... Gracias a su mascota.

¿Por qué creen que se ponen tan mal cuando se les muere el perrito? El perro era su pareja, su familia, su "roommate". Como bien decía una comediante norteamericana: " sueño con llegar por las noches a mi casa a hablar con un animal que no estoy seguro si entiende algo de lo que le digo". El ser humano necesita a un "otro". Es su cordura la que está en juego. Recuerden la película "Náufrago" (Tom Hanks). Fue "Wilson" (la bola con cara) su compañero en la isla. Su salvación.

Y es que la sexualidad es un medio privilegiado para conectar. Es un termómetro gracias al cual medir el grado de conexión y compatibilidad de la pareja. Hace algunos meses, mi esposa me leía un artículo sobre la apatía sexual de los "millennials" -particularmente los tipos-. Yo, antes de que empezara a leerlo le dije: " si no mencionan la pornografía no me va a resultar creíble". En efecto. La pornografía aparecía como una posible causa del decaimiento libidinal de los jóvenes en la actualidad.

Aquí debo detenerme, ya que me lo preguntan con frecuencia: "¿ usted qué piensa de la pornografía?". Depende. Si gracias a ella la pareja se "motiva", pues adelante. Incluso, si observarla genera un "arousal" particular en alguno de los dos, lo cual permite que luego, emparejados, tramiten lo que la pornografía no logró concluir, pues me parece útil. El problema se está dando en los tipos que, quizás al cargar fantasías adolescentes, llevan todo su interés sexual al ámbito de la afición por la pornografía, el cual puede transformarse en una especie de adicción (con la consecuente práctica de la masturbación compulsiva). Si desean una respuesta más profunda podrían preguntarle a algún sexólogo.

Pero no solo la pornografía. ¿Han visto el documental "Super Size Me"? Deberían. En mis tiempos de docente universitario era obligatorio analizar dicho documental. Para mí, es urgente que todos lo vean. Un tipo decide comer un mes completo únicamente comida de McDonald´s. Como era de esperarse se le "joden" un montón de indicadores de salud fisiológica. Y -de ahí mi interés primordial- más o menos a la mitad del experimento (día 18) le suceden 2 cosas altamente interesantes: empieza a deprimirse -sin razón- y a perder el interés sexual en su novia. La comida afecta nuestro estado emocional y nuestro deseo sexual. ¿Lo entienden? La pésima nutrición a la que nos vemos expuestos en la actualidad termina afectando hasta el interés en encontrarnos en "sentido bíblico". Gente mal alimentada = gente triste y sexualmente apática. Si desean ahondar más, podrían preguntarle a algún profesional en nutrición.

Siento que debo volver al tópico de la pornografía. Estoy seguro que a muchas personas les interesa... No solo la pornografía, sino lo que hoy sabemos científicamente al respecto. Nuestra estrategia usual: ir al cerebro. La discusión se encuentra abierta. Algunos investigadores aseguran que la pornografía nos daña. Otros no son tan pesimistas. Están los que lo perciben como una adicción. Otros no creen contar con la información necesaria para concluir algo tan pesado. Lo que sí parece observable es qué le pasa a un cerebro humano cuando observa pornografía con frecuencia: su sistema de recompensa se altera. El sistema de recompensa es el conjunto de partes del cerebro que se activa cada vez que estamos en presencia de algo que nos produce placer. Es por esto que algunos afirman que la pornografía logra lo mismo que las drogas (y el chocolate): se siente tan bien que intentaremos reproducir la reacción tantas veces como nos sea posible (habrá usted observado lo que cuesta abrir una caja de chocolates y solo comerse uno de ellos... Es una cuestión neurológica). 

El asunto con los P.P.U.'s (siglas en inglés para la categoría: Usuarios de Pornografía Problemáticos), es que corren el riesgo de perder contacto con la realidad. Es que ni ellos son el de la película, ni su pareja tampoco. El cerebro eleva a tal nivel la barra de lo que se requiere para alcanzar un nivel de excitabilidad satisfactorio, que la sexualidad "normal" deja de ser atractiva. El canal de porno se accesa cuando se desea y se apaga al no ser útil. La "relación" perfecta. No hay reclamos. No hay cambios de humor. No se requiere "foreplay". No hay represiones. No hay expectativas.

En síntesis: muchos tipos se están "pandeando" ("pandearse" es otra cosa, lo sé): se alimentan mal, no saben manejar la presión, prefieren enredarse románticamente, sea con la consola de videojuegos o con los canales de pornografía y se aíslan. ¿Es este un problema? Para la "panda" seguro que sí. Ellos no lo ven como un problema. Vuelven a ver a sus amigos y se sienten validados. Mal de muchos... 

Continuamos la próxima semana... si les parece.


Allan Fernández, psicólogo clínico / 8663-5885 /  https://www.facebook.com/psicologoallanfernandez  / a.fernandez@ucreativa.com

Enredos amorosos

Por J. Allan Fernández

El amor es energía y, como tal, depende del uso que se le de. A algunos los cura y a otros los enferma. Algunos lo utilizan como motivación y otros no logran dejar de padecer sus efectos y ausencias. Es la fuerza que sostiene la vida. Investigo este fenómeno tan paradójico desde hace años. Primero desde la psicología, la sociología y el psicoanálisis, luego desde la neuropsicologia, la filosofía y la espiritualidad. Hoy en día, el amor no es solo asunto de literatos y poetas. El amor también es objeto de estudio científico y, si a la ciencia le interesa, a mí me interesa. A ustedes?