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Sexo con-ciencia (1ro. de varios)

El sexo y el hambre... Son los dos grandes motores del avance humano. Necesidades ambas. Fundamentales para el correcto funcionamiento del humano. Modos de nutrir y conservar ese altamente sofisticado aparato llamado "cuerpo". Sigmund Freud, hace más o menos 120 años, se aseguró un espacio en el Olimpo de los pensadores controversiales: el ser humano es sexual por naturaleza.

Lo sexual nos acompaña desde nuestros primeros días, mucho antes que el lenguaje y el pensamiento complejo. Somos seres eróticos con cuerpos erógenos, desde aquellos momentos en que saciábamos nuestra hambre gracias al cuido y alimentación de nuestras madres. En el momento de recibir leche materna, empezaban nuestros sensores eróticos a activarse. Comer de mamá era fuente de nutrientes y fuente de placer. Es desde ese momento que comer y sentir placer quedan conectados, si es que lo que vivimos en esos momentos transcurrió del modo indicado.

En el niño humano, las primeras vivencias de la sexualidad son experimentadas como curiosas sensaciones. No hay malicia. No tienen fin en sí mismas. Irrumpen en el cuerpo y generan alguna acción. El niño siente, sonríe, busca perpetuar dicha sensación hasta que algún otro estímulo lo distraiga. La sexualidad no es nada particularmente importante. Es solo un modo de sentir(se). No hay razonamiento de por medio. Es un encuentro con el cuerpo. En esas partes de nuestra historia empezó la historia de nuestra sexualidad. Lo que hicieron nuestros padres en esos momentos configurará nuestra visión de lo sexual. ¿Nos hicieron sentir culpa por eso que no buscábamos sentir? Allí empiezan los problemas psicológicos, emocionales y fisiológicos.

Para no convertir este encuentro en una solapada clase de psicosexología, decido viajar hacia el fascinante mundo de las relaciones amorosas. ¿Qué es lo primero que suele llamarnos la atención de alguien? ¿Su alma? ¿Sus valores morales? ¿Su escolaridad? No. El primer acercamiento visual a ese ser fue motivado por la estética. Esa persona nos recordó que existen ciertos tipo de personas que simplemente nos gustan. Eso que nos gusta no necesariamente le gustará a otras personas, pero eso a nosotros nos importa poco. Existen dos tipos de personas: las que nos atraen y las que no. Algunas personas aseguran que alguien que hoy no me atrae podría atraerme en el futuro. Yo no estoy tan convencido (tampoco estoy en condiciones de negarlo científicamente). Si alguien me gusta no me costará tanto permitirle a ese ser internarse en mi espacio vital (incluso voy a tratar de facilitarle dicho ingreso). La naturaleza funciona de modo perfecto. Si se gesta una atracción, cada uno de dichos objetos (cuerpos) creará las condiciones gracias a las cuales fomentará dicho encuentro.

Si he dicho esto 1000 veces serían pocas. Igual, acá viene la 1001: en época de enamoramiento todo lo que me gusta del otro se encuentra amplificado. Es una estrategia evolutiva. La especie humana requiere no desaparecer. Necesita nuevas crías gracias a las cuales pueda asegurar su permanencia. La atracción, entonces -se que no es muy romántico- es algo mucho más biológico que emocional. La sexualidad, decía alguien muy inteligente, es un invento humano (No de Freud. Recuerden que él pensaba que lo somos por cuestiones originales). Los animales no son sexuales. Son instintivos. Poseen temporadas en las cuales se sienten más interesados en generar descendencia y otras en las que casi cualquier cosa es más importante que eso. Con el humano no sucede eso. Parece que la atracción sexual se encuentra presente a lo largo de nuestra vida. Eso, piensan algunos, podria ser algo aprendido, algo instalado. Sigamos...

Hice referencia al enamoramiento ya que me parece injusto (irreal, ilusorio) comparar la novedad de aquellos primeros encuentros con lo que sucederá una vez las picadas aguas de la pasión vayan encontrando una cadencia más serena. Esa persona que te gusta, cuando aún no la has invitado a las proximidades de tu fisiología, la tenés que construir artificialmente en tu mente. No sabés a qué sabe, cómo huele, cómo se siente su roce, qué catálogo de sonidos posee. Contás solo con tu capacidad óptica y tu creatividad mental. Conforme esos primeros encuentros van dándose, aquello que una vez fue imaginado va dando paso a lo real. Algunas veces lo vivido fue mejor que lo fantaseado. Algunas veces no. Si sucedió lo primero, tendría sentido intentar construir algo más (o al menos intentar mantener lo ya alcanzado). Si la realidad no me reporta grandes ilusiones, quizás haya que evitar el crearse esperanzas o alimentárselas a la otra persona. Recuerden el karma...

Ustedes no me lo van a creer, pero conozco parejas en las que ni siquiera la etapa del enamoramiento valió el esfuerzo, el tiempo y las ilusiones empeñadas. Y, tienen todo el derecho a pensar que estoy a punto de escribir esto solo por generar drama: algunas de esas parejas siguieron intentando alcanzar un estado que nunca conocieron. Fueron a terapia de pareja. Fueron a hablar con el sacerdote amigo de la familia. Fueron al urólogo y a la ginecóloga. Buscaron sexólogo. Mandaron a comprar varios kits de aparatos sexuales... Pero nada. Se querían, se caían bien, eran buenas personas. Pero sexualmente no hubo conexión. Pocas veces conozco a alguien en estos momentos. Pero, si alguna vez alguien en ese momento me preguntase qué hacer, yo recomendaría no llevar las cosas hasta el cansancio. Algunas conexiones simplemente no se dan. Eso no es ni bueno, ni malo. Es así. Lo forzado termina quebrándose.

Hablando de mitos y leyendas (y no precisamente las que recomiendan esperar al matrimonio para acceder a la sexualidad de nuestra pareja), no sería difícil escuchar personas que afirmen que el hombre es un ser tremendamente sexual (algunos dirían patológicamente sexual), a diferencia de la mujer, quién, más que a la sexualidad, aspira al amor. Yo no sé si en alguna época eso fue así de claro. Lo que sí les puedo asegurar es que los problemas sexuales más comunes los encontramos hoy en los hombres. Disfunción eréctil, eyaculación precoz, masturbación compulsiva, adicción a la pornografía, romance con la consola de videojuegos, inapetencia erótica, etc. Aquel "semental" de las leyendas urbanas, o se extinguió o se le acabó el fuelle. Yo pienso que está sucediendo lo mismo que con los osos pandas. Déjenme compartirles mi osada (osada, no de osa) alegoría.

Hace un par de años conocimos, mi esposa, mi hija y yo, a un grupo de pandas, los cuales nacieron en el zoológico de Chapultepec (ciudad de México). La experiencia fue maravillosa. Son tan tiernos como los imagina uno al verlos por televisión. En el Museo Papalote (es un museo para niños donde los adultos se divierten muchísimo), tuvimos la oportunidad de observar un documental sobre los osos panda en China. Una de las ideas que me generó el documental es lo difícil que resulta cruzar a una pareja de pandas. Las condiciones son tan específicas y los tiempos tan efìmeros, que el hecho que tengamos aún pandas resulta casi un milagro.

En la próxima entrega les cuento por qué los pandas me dieron una lección invaluable para la clínica.

Allan Fernández, psicólogo clínico / 8663-5885 /  https://www.facebook.com/psicologoallanfernandez  / a.fernandez@ucreativa.com

Enredos amorosos

Por J. Allan Fernández

El amor es energía y, como tal, depende del uso que se le de. A algunos los cura y a otros los enferma. Algunos lo utilizan como motivación y otros no logran dejar de padecer sus efectos y ausencias. Es la fuerza que sostiene la vida. Investigo este fenómeno tan paradójico desde hace años. Primero desde la psicología, la sociología y el psicoanálisis, luego desde la neuropsicologia, la filosofía y la espiritualidad. Hoy en día, el amor no es solo asunto de literatos y poetas. El amor también es objeto de estudio científico y, si a la ciencia le interesa, a mí me interesa. A ustedes?