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Víctimas del confort

Tomé este título de una canción de blues. La escuché un sábado camino al consultorio y me pareció una genialidad. El "confort", la comodidad, eso que todos anhelamos, podría convertirnos (a nosotros y a nuestra pareja) en víctimas. Justo ese día caí en cuenta que el confort puede aniquilar una relación. Entrémosle si les parece...

Ayer mi barbero me contaba que su esposa, la cual se encuentra embarazada, se antojó de un "churchill" puntarenense (para las personas que siguen este blog fuera de Costa Rica: un postre folclórico)... ¡el domingo por la tarde! Él, un super buen tipo, recorrió 200 kms. para que su señora se comiera el postre en cuestión. Recuerden que siempre lo digo: los buenos tipos y las buenas tipas existen, solo debemos tomárnoslo con calma, no vaya a ser que el miedo a la soledad nos induzca a elegir incorrectamente. Si el tema les interesa, pueden leer esto.

Si usted nunca ha estado enamorado, lo siguiente no lo va a entender. No se esfuerze. No se preocupe. Tiene todo el derecho a pensar que estoy exagerando. Cuando uno se encuentra enamorado, esos 200 kms. no son nada. Con gusto uno los recorre diariamente, aunque solo sea para ver a esa persona media hora. Uno se vuelve cuántico: ni el tiempo, ni el espacio (distancia) importan. Lo único realmente importante es nutrirse de la presencia de ese ser que monopoliza nuestros sentidos. Si tu mamá te pide ir al super te da pereza. Pero si es esa persona la que te llama, irías hasta caminando si fuese necesario.

Como es de esperarse, esa otra persona, al ver el esfuerzo que hacemos, irremediablemente sopesa la posibilidad de darnos una oportunidad, toda vez que no muchas veces pasa en la vida que, alguien, "desinteresadamente", quiera volarse una tarde de su vida con el fin de comerse un poco de hielo, sirope (según algunos, cancerígeno) y leche en polvo. Fíjense en las comillas. Allí está la clave. Si el verdadero amor lo es en la medida que se presenta como incondicional, entonces debemos concluir lo siguiente -lo cual se que no es muy romántico-: ese churchill no es un acto de amor. Ojo. No se distraigan. Ya hace rato no estoy hablando de mi barbero. Es una situación hipotética. Estoy hablando de usted. Estoy hablando de mí.

Como sigue este cuento ustedes lo saben, lo he contado cientos de veces. El enamoramiento va destiñéndose y, en el mejor de los casos aparece el amor. Sin embargo, el amor como efecto del enamoramiento no es necesariamente un resultado lógico. Algunos, del enamoramiento pasaron al aburrimiento, al hartazgo, a la rutina. A algunas parejas ya no habrá churchill que las reanime. Para otras, ir todos los domingos a comerse el churchill es lo más emocionante de la semana. Incluso los habrá que al solo escuchar la palabra "churchill" sientan náuseas. No por el postre, sino por lo que representa: una relación indigerible.

Algunos de ustedes ya se antojaron... así de sugestionable es el cerebro mamífero. En este momento piensan: " que este tipo llegue a algún lado a ver si me voy a comprar un churchill". Diay, yo pienso que ya lo vengo diciendo. Pero, para evitar los malos entendidos, voy a reafianzar la motivación de este escrito: cuando ya no se siente el deseo de recorrer una carretera completa con tal de ver a la persona amada, el confort vendrá a teñir de gris el espacio compartido. Imaginen la escena: esa persona, la cual hace unos años, con solo decir la palabra mágica ("churchill"), nos motivaba a montarnos al carro e ir a buscarlo a donde fuera, hoy, al echar mano de la misma palabra, lo más que consigue es un " llamá a alguna heladería express, decíles que pago con c10.000". Golpe bajo, yo sé.

Cuando uno piensa que la relación ya no requiere ser cuidada, empezamos el camino hacia la tristeza y el dolor. ¿Quiere alguno de ustedes evitarse el asistir a terapia de pareja? Fácil. No caigan presa del confort. Eviten que la rutina se mude con ustedes. No, claro que no se trata de salir corriendo a Puntarenas cada vez que su pareja experimenta un pico hipoglucémico. Pero al menos vayan -preferiblemente- juntos y se comen algo. Las series de Netflix no se van a ir a ningún lado... si siguen pagando la suscripción.

Algunos de ustedes saben que adopté el ovovegetarianismo hace algunos años. Como buen ex-prediabético extraño los alfajores, el chocolate, el capuccino y el tres leches. Mi esposa, haciendo gala de su creatividad y amor, cada cierto tiempo, visita algún restaurante vegano en el cual comprarme algún postre que pueda yo comer. Para mí, ese acto vale más que la manejada hasta el Puerto. Allí ella me demuestra algo fundamental: me tiene aún presente, luego de todos estos años. Y no, el postre no sabe ni parecido a una torta chilena... pero no tiene importancia. Es el acto simbólico, no la cantidad de glucosa.

Allan Fernández / 8663-5885 / https://www.facebook.com/psicologoallanfernandez





Enredos amorosos

Por J. Allan Fernández

El amor es energía y, como tal, depende del uso que se le de. A algunos los cura y a otros los enferma. Algunos lo utilizan como motivación y otros no logran dejar de padecer sus efectos y ausencias. Es la fuerza que sostiene la vida. Investigo este fenómeno tan paradójico desde hace años. Primero desde la psicología, la sociología y el psicoanálisis, luego desde la neuropsicologia, la filosofía y la espiritualidad. Hoy en día, el amor no es solo asunto de literatos y poetas. El amor también es objeto de estudio científico y, si a la ciencia le interesa, a mí me interesa. A ustedes?