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Entre más amigos y menos atractivos... mejor.

Vieran que bonito es vivir la etapa de los cuarentas. Lo he dicho varias veces: la mejor etapa de MI vida. Lo aclaro para que aquellas personas a las que la vida no les va gustando mucho, no se formen expectativas y fantasías. Es una etapa maravillosa, sí y solo sí, en los treintas, más o menos empezaste a tomar las decisiones correctas. Los veintes... otro día hablamos de esa etapa. Aclarado lo anterior, inicio con una confesión: yo sí me casé con mi mejor amiga. Continúa siendo mi esposa y, además, posee un atractivo físico impresionante. Y sí, también es una mujer con valores, muy cariñosa, mamá de lujo para mi hija, etc. Pero en términos de belleza (y entiendo perfectamente a todas las personas que se preguntan cómo habré hecho para convencerla), mi mejor amiga/esposa es hermosísima. Lo era hace casi 30 años -cuando nos conocimos en la universidad- y continúa siéndolo (entren a mi página en facebook y diríjanse a "fotos". Las pruebas son contundentes).

Esta publicación de hoy nació de una especie de experimento social. Lo escribimos en conjunto, los queridos amigos del "fan page", la ciencia y yo. Luego de leer un par de investigaciones al respecto, quise preguntar a los seguidores de la página qué pensaban de emparejarse con el/la mejor amig@ (viernes) y -el sábado- hasta qué punto la belleza física de la pareja podía generar tensión en la relación (luego de ver las fotografías de mi esposa pueden dirigirse a las publicaciones, para que puedan leer las respuestas -sumamente interesantes- obtenidas). Empecemos entonces...

¿Servirá para pareja el/la mejor amig@? Algunos aseguran que sí, tanto a los que les funcionó la fórmula, como a los que les parece atractiva la propuesta. Otros piensan que no (a algunos les fue mal, a otros simplemente no les suena). Incluso, algunos pensaban que es un riesgo innecesario, ya que contar con un(a) mejor amig@, a la postre, podría ser más "útil" que emparejarse. Imaginen: mejor amig@ + pareja: el combo perfecto. Sin embargo, leyendo las reacciones en mi página -favor no tomarlo como predictor-, parece que "pegar" semejante "lotería" está reservado para pocas personas. Algunos hasta perdieron su mejor amig@ por andar haciendo experimentos. "Fueron por lana y salieron trasquilad@s", como reza el sabio refrán. ¿Será buchonada? ¿Abusar de la suerte?

Un grupo de colegas de la Universidad de Monmouth (Estados Unidos) tomó a una población de estudio de más de 800 adultos y condujo una investigación cuya premisa era muy sencilla: ¿considera usted a su pareja su mejor amig@ o cuenta con alguien más en esa categoría?. Las respuestas, a un nivel inicial, eran fáciles de predecir: las personas actualmente en una relación estable sentían que su pareja se convirtió, sin buscarlo, en su mejor amig@. No hubo mayores diferencias entre hombres y mujeres investigados. Resulta interesante que, al preguntársele cómo observar en su relación esas características propias de la amistad, un buen número de entrevistados refiere el hecho de que su pareja fomenta el crecimiento, tanto el suyo como el de dicha persona. Es que los amigos nos apoyan. Los mejores amigos nos apoyan mucho. Las parejas/mejores amig@s entienden el valor de apoyar al otro, de no estorbar en el crecimiento individual. ¿No les parece una buena noticia? A mí sí.

En la actualidad, plantea el grupo de psicólogos norteamericanos, esperamos de una pareja mucho más que en el pasado. Es por eso que da la impresión que emparejarse con su mejor amig@ podría asegurarnos ese "plus" deseado. Nos volvimos exigentes. La imagen del padre proveedor y la madre productora de chiquitos ya casi a nadie le parece atractiva... afortunadamente. Siguiendo con la investigación, se les preguntó a los participantes qué tan satisfechos estaban con su relación actual. Aquellos que consideran a su pareja su mejor amig@, otorgaron valores más altos a su relación, que aquellos que cuentan con pareja por un lado y mejor amig@ por otro. Curiosamente, los investigadores mencionan otro estudio, en el que aseguran, que aquellas personas que no sienten estar emparejados con alguien que actúe como mejor amig@, extrañaban más la parte "pasional" de la relación. Las parejas de mejores amig@s se transforman, sin sentir tanta añoranza, en parejas más compasivas (tomando "compasión" en un sentido menos místico) hacia su compañer@. Diferentes estudios -según ellos- vienen demostrando que las relaciones amorosas -estables- entre amigos generan mayor nivel de tranquilidad, compromiso y hasta satisfacción sexual.

Las relaciones de personas que han vivido más de 15 años juntos de modo satisfactorio, coinciden en que la razón principal es que su pareja es su mejor amig@. Podría no haberlo sido al inicio, pero terminó siéndolo. Aman a esa persona de un modo realista, no idealizado. Reconocen -y presupuestan- que su pareja podría fallar, ha fallado y fallará. Sin embargo, el deseo de construir cada día algo más estable se impone por sobre los momentos "oscuros" de la relación. Reproduzco -traduciendo a la carrera- un extracto del artículo hasta ahora privilegiado: "si tomamos en cuenta estos resultados observamos por qué emparejarse con su mejor amig@ tiene total sentido: a los amigos les agrada compartir tiempo juntos, comparten intereses similares, cuidan del otro, confían en el otro y sienten una conexión que no tiene final. No será casualidad que estos sean los rasgos que definen a las relaciones amorosas exitosas".

Quizás, como bien plantea el Dr. Lewandowsky, catedrático de la facultad de psicología de la universidad en cuestión, "el mejor modo de alcanzar el amor verdadero requerirá alcanzar, al mismo tiempo, la amistad verdadera" (en inglés suena mucho más bonito). Pienso, luego de compartir esto con ustedes, que las cosas que algunas personas les hacen a sus parejas demuestra no existir un solo rasgo, ni siquiera de amistad entre ellos. Piénsenlo... tanto en lo que nos han hecho en el pasado, como en lo que nosotros hicimos.

Se volvió larguísimo esto. Dejemos la parte de la belleza de la pareja para la próxima entrega.

Allan Fernández, psicólogo clínico / 8663-5885 / https://www.facebook.com/psicologoallanfernandez / a.fernandez@ucreativa.com

Enredos amorosos

Por J. Allan Fernández

El amor es energía y, como tal, depende del uso que se le de. A algunos los cura y a otros los enferma. Algunos lo utilizan como motivación y otros no logran dejar de padecer sus efectos y ausencias. Es la fuerza que sostiene la vida. Investigo este fenómeno tan paradójico desde hace años. Primero desde la psicología, la sociología y el psicoanálisis, luego desde la neuropsicologia, la filosofía y la espiritualidad. Hoy en día, el amor no es solo asunto de literatos y poetas. El amor también es objeto de estudio científico y, si a la ciencia le interesa, a mí me interesa. A ustedes?