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El amor inteligente (2da. parte)

En la primera parte de esto quisimos desmitificar la definición de "inteligencia" en tanto capacidad, ya sea de calcular, ya sea de recordar. Se lo debemos agradecer a Gardner. Posteriormente Goleman -también psicólogo- nos enseñó algo fundamental: dentro del ámbito de lo que conocemos como "mental", no debemos olvidar que todo lo referente a lo emocional es en sí algo mental. Es una inteligencia y, como tal, se puede desarrollar.

Acabo de caer en cuenta de algo. No me detuve a compartir la etimología del término "inteligencia". Proveniente del latín, inteligencia se separa en dos conceptos: inter y legere. "Inter", entre. "Legere", leer o escoger. La inteligencia sería la capacidad que un ser humano posee para elegir entre una serie de posibilidades. Elegir bien, sí. Inteligente es aquella persona que elige lo que le conviene. Tengan esto presente...

Goleman separa 4 ámbitos, los cuales conforman eso que hoy llamamos inteligencia emocional. Paso lista:

- Autoconciencia: podríamos relacionarlo con la inteligencia interpersonal propuesta por Gardner. Dícese de la capacidad de leerse -a sí mismo- correctamente.

- Autocontrol: ¿fácil, verdad? ¿Te controlan las emociones? Estás flojo en este ámbito. ¿Controlás tus emociones? Andás bien de autocontrol.

- Conciencia social: el saberse parte de un entramado social. Entender que todo lo que le sucede al grupo afecta a sus individuos y viceversa.

- Control de las relaciones: favor no creer que se refiere al control que ejercemos sobre nuestra pareja. Tiene más bien que ver con la prioridad que se le da a todas nuestras relaciones (familiares, laborales, amorosas, fraternas, civiles, etc.).

En síntesis: alguien emocionalmente inteligente se conoce a sí mismo (o al menos entiende el valor de invertir en dicha pesquisa), ha aprendido a controlarse -no confundamos control con represión-, entiende el valor de las relaciones sociales y aprende a priorizar dichas conexiones con los otros. Cuenta con el equilibrio para no arriesgar un ámbito por otro: le da valor a su relación, a su familia, a su trabajo, a su participación ciudadana, a su crecimiento espiritual, etc. Dependerá del día a día discriminar a cuál ambito se le debe dar más importancia. Equilibrio es la palabra clave.

El año pasado me topé con otro tipo de inteligencia. Al menos a mí me resulta fascinante. Se conoce como inteligencia existencial (sí, tiene razón, suena filosófica la cosa). Alguien existencialmente inteligente es esa persona que ha logrado, gracias al resto de sus inteligencias, determinar qué desea -y qué no- para su vida. Resolvió algo sumamente importante: sabe por qué está vivo. Cuenta con algo que le hará su experiencia humana más sencilla: descubrió su misión. Tomó control, no de su pareja, no del control del tele. Tomó control de su vida. Se autoguía. Se automotiva. Encuentra, dentro de sí, todo lo que requiere para concentrarse en su función como ser vivo. Se reconoce como el único que puede forjar su destino. Estamos en presencia de alguien que se hace responsable de sus actos, de sus emociones, de sus pensamientos, de sus palabras... Y hasta de sus publicaciones en redes.

Amar de modo inteligente, entonces, tiene que ver con todas las inteligencias que someramente hemos mencionado: aquella persona capaz de amar inteligentemente sabe contar y, gracias a eso, sabe que "pareja" hace referencia a dos. Requiere de la memoria, claro está. Recuerda que si su ser amado alguna vez le hizo daño, es culpa de la pareja. Si le hizo sufrir varias veces, es culpa suya, de su flaca memoria.

Además, es empática y asertiva. Le da valor a los otros sin tener que colocarse en el lugar del sacrificio. Intenta conocerse a sí mismo en cada situación y no pierde la posibilidad para conocer -para aprender- de los otros. Controla sus emociones, las sabe expresar. Tiene claro qué quiere hacer con su vida y, a partir de esto, reconoce el valor de acompañar dicha travesía con alguien que cumpla las características anteriormente expuestas. Pero, por sobre todas las cosas, tiene claro algo y no lo olvida nunca: ama libremente. Sin paranoias, sin celos. No necesita "hackear" los aparatos electrónicos de su pareja, ya que tuvo el buen tino de elegir a alguien que no busca esconder. Es que su pareja es también alguien que ama de modo inteligente. Por eso se emparejan. Quizás no piensen igual, quizás no crean lo mismo, pero se respetan, se admiran, se dan espacio. Ninguno quiere hacer sufrir al otro y menos aún quiere sufrir por el otro. No desea cambiar al otro. Es lo suficientemente inteligente para saber que eso no es posible. Además (si recuerdan la etimología del término) sabe elegir lo correcto, lo que le beneficie, lo que sume a su proceso evolutivo. Sufrir no dice mucho de nuestra(s) inteligencia(s)...

" Ah no doc, no me joda. Esa persona es muy difícil de encontrar", piensa un querido lector. No le estoy jodiendo. Es solo que no entendió por qué escribí esto. No estoy describiendo a la persona que usted debe buscar. Estoy describiendo a la persona en la que todos debemos convertirnos. Si logramos desarrollar nuestras inteligencias lograremos ser felices... acompañados o no.


Allan Fernández, psicólogo clínico / 8663-5885 / https://www.facebook.com/psicologoallanfernandez / jorgeallan@icloud.com


Enredos amorosos

Por J. Allan Fernández

El amor es energía y, como tal, depende del uso que se le de. A algunos los cura y a otros los enferma. Algunos lo utilizan como motivación y otros no logran dejar de padecer sus efectos y ausencias. Es la fuerza que sostiene la vida. Investigo este fenómeno tan paradójico desde hace años. Primero desde la psicología, la sociología y el psicoanálisis, luego desde la neuropsicologia, la filosofía y la espiritualidad. Hoy en día, el amor no es solo asunto de literatos y poetas. El amor también es objeto de estudio científico y, si a la ciencia le interesa, a mí me interesa. A ustedes?