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El amor, ¿significa algo?

El amor... "¡Que bonito!", pensarán algunos. "¡Que pereza!", pensarán otros. "¿Qué será?", se cuestionarán algunos. Hoy vine a escribirle al tercer grupo, los que no saben muy bien qué carajos es -o no- el amor.

La pregunta no es ociosa. Cientos de grandes pensadores han intentado definirlo. Freud mismo pensaba que, con todo lo que artistas y poetas han dedicado a dicho tópico, ya no quedaba mucho más por decir. No es cierto. Sé que ahí el doctor pecó de humilde. Sus trabajos sobre el amor son fascinantes (se los dice alguien que dedicó parte de su investigación de maestría a estudiar a Freud y el amor).

Ustedes saben que acabo de caer en cuenta de que, dos años luego de escribir sobre el amor, no he dedicado una sola línea a la etimología (campo del saber que estudia el origen y significado de las palabras) del vocablo. ¡Qué mal visto! ¿Cómo nadie protestó? No me digan que nadie se había percatado de esto. Valiente ex-psicoanalista este que no se detiene a estudiar a profundidad la lengua (no me refiero al apartado anatómico ese al que tantos usos le hemos encontrado). AMOR procede de "amma", término -indoeuropeo- con que se intentaba imitar el modo en que los niños llamaban a su madre (en algunos países a las mamás aún les dicen ammas). De amma surgió "amare" -acariciar como una madre- y de este "amar". ¿Qué tal? ¿La veían venir esa relación entre mami, los apapachos y el amor?

El amor y la caricia son cómplices. No hay amor sin cuerpo. Si me dejan intentar una separación -solo con fines didácticos-, podemos pensar el amor en dos dimensiones: la etérea y la real. Tenemos por un lado el amor como eso que nos eleva, que nos pone en contacto con lo sublime. Pero no podemos olvidar el amor como algo que solicita contacto. Es muy probable que el amor en su presentación etérea nos exija descender al ámbito de los cuerpos, al de la realidad. Puede también que existan amores que nacen en el puro plano de lo físico. No aparece lo etéreo, lo sublime. Todo se queda al nivel de la calentura. Pero bueno, en realidad no creo que hayan "amores". Solo quería dejar sentado un punto: un amor sin cuerpos es una entelequia, algo ideal, desprovisto de conexión con nuestros sentidos y nuestras sensaciones.

Si al amor le quitás el cuerpo -es lo que intenté decir el párrafo anterior-, le estarías quitando potencia, capacidad de afectar, de transformar la realidad. Ese amor aspiracional, ese amor metafísico, si es que acaso existe, es realmente difícil de observar y mucho más de entender. Algunos dirán que no están de acuerdo, lo cual es perfectamente válido. Nos querrán convencer de que existen los amores del alma, los que prescinden de corporeidad. Quizás. Quizás no. A lo mejor le estamos llamando amor a otra cosa: filantropía, solidaridad, conexión espiritual... Realmente no me siento cómodo acercándome a predios tan metafísicos. Me considero aristotélico. A mí me gusta quedarme en el nivel de los sentidos, el de la naturaleza. Ahora, si alguien prefiere adoptar la posición platónica y pensar en el mundo de las ideas, el de lo elevado, pues súper. Todo bien, como dicen los jóvenes.

Recuerdo el momento en que esperaba a mi hija dentro del quirófano en el que mi esposa daba a luz. La expectación casi me revienta, revuelta ésta con ternura, con orgullo al ver a mi esposa serena -y bastante anestesiada-. Pero el amor, así el amor amor, al menos por mi pequeña, lo sentí cuando la abracé. Yo tengo registrado ese momento. Y no crean que no me emocionaba al verla a través de los ultrasonidos. Por supuesto. Pero tenerla en mis brazos encendió una sensación que yo gusto llamar "amor". Es el amor en su versión más incondicional. Yo amo a mi hija por serlo -mi hija- y por serlo yo -su padre-. Yo podría intentar explicarlo mejor, pero no tiene sentido. Solo quiero que observen el elemento del cuerpo como mediador, como superconductor del amor.

Quise proponer un ejemplo no erótico para demostrarles que el amor requiere del cuerpo. Estar en presencia de las personas que amamos se siente en el cuerpo. Es inevitable. El cuerpo sabe mucho más sobre el amor que nosotros mismos. Es más: el cuerpo sabe cuándo amar es lo indicado y cuándo no. ¿Han escuchado el refrán "ningún corazón engaña a su dueño"? Conozco casos en que eso sí sucedió. Quizás sería más acertado plantear que ningún cuerpo (sistema nervioso incluido) engaña a su dueño. He escuchado a cientos de personas a los que el corazón los embarcó. El cuerpo, sin embargo, intentaba desesperadamente pedirle que se lo pensara mejor. Pero, con eso de que "nadie escarmienta en cabeza ajena"... lo cual tampoco es cierto... en fin, sigamos.

El amor que se alía con el dolor es una farsa. El que requiere del sacrificio es una desvirtuación total. Ese amor que no quiere convocar la caricia, los cuerpos, el apapacho, la acurrucada, es una mala copia del verdadero amor. Sería como unos anteojos marca Kalbin Clein. El amor sin cuerpo es un invento perverso y, como tal, busca enfermar, reprimir, controlar. Quítenle a un ser humano la capacidad de experimentar el amor y le habrán quitado todo. Arránquenle el cuerpo al amor y tendremos que buscarle otro nombre. Un amor sin cuerpo -ya no sé cómo decirlo- no es amor.

El amor significa libertad, crecimiento, evolución. Parte de lo incondicional y no tiene ningún interés en retener, en frenar, en castrar a nadie. Recuerden la etimología del término. ¿Qué quiere una madre medianamente normal? Quiere que sus hijos sean felices. Ahí notamos que los ama. Ahí notamos que ama ser madre. ¿O no recuerdan ustedes lo que se siente el abrazo efusivo de una madre al volver de un viaje, al graduarse, al casarse? Si no han sentido eso, es quizás por eso que nada de lo que acabo de escribir tiene sentido para usted.

Me adelanto un poquito: feliz día de las madres a las que no dejaron de ser mujeres. A las que no tuvieron que perderse para ganar. A las que se aman lo suficiente como para poder amar a otros. Mi admiración y respeto.

Allan Fernández, psicólogo clínico / 8663-5885 / https://www.facebook.com/psicologoallanfernandez / a.fernandez@ucreativa.com

Enredos amorosos

Por J. Allan Fernández

El amor es energía y, como tal, depende del uso que se le de. A algunos los cura y a otros los enferma. Algunos lo utilizan como motivación y otros no logran dejar de padecer sus efectos y ausencias. Es la fuerza que sostiene la vida. Investigo este fenómeno tan paradójico desde hace años. Primero desde la psicología, la sociología y el psicoanálisis, luego desde la neuropsicologia, la filosofía y la espiritualidad. Hoy en día, el amor no es solo asunto de literatos y poetas. El amor también es objeto de estudio científico y, si a la ciencia le interesa, a mí me interesa. A ustedes?