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Todos fuimos dependientes! (1ra. parte)

Será porque estar solos no fue parte de nuestro inicio como humanos (en el vientre materno, yo al menos no lo recuerdo, pero asumo que sentía la presencia de mi madre), será porque la sociedad destaca a los que lograron ser atractivos para alguien, será simplemente porque, en el fondo, como bien pensaban los griegos, somos animales políticos (entendiendo "político" como parte de un conglomerado, una "polis"), todo parece apuntar a que la soledad es algo a evitar.

El cachorro humano, en sus primeros meses, no cuenta con los elementos para sobrevivir por sus propios medios. Es frágil, nació a destiempo. El humano nace prematuramente (muchas de sus funciones operativas no están listas cuando deja la comodidad del saco amniótico). Los humanos debemos esperar aproximadamente siete años para que ese ser cuente con un cerebro en plenitud de condiciones.

Nacimos de un otro y, justo en el momento en que salimos de este otro ser, nos colocan a la par suya. Fueron segundos los que estuvimos solos (si no es que estar en las manos del doctor y la enfermera se sintieron como una especie de compañía). Y es que, piensen por un momento en el efecto que eso tuvo en todos. De ser parte de alguien a necesitar de ese. ¿A qué les suena? Cuántas canciones no encontramos con confesiones tales como: "quiero ser tu todo", "dejáme fundirme en vos", "yo sin vos me muero", etc.

La vida continuará. Si nos fue bien, ese otro ser "todopoderoso" (probablemente de ahí viene el edicto "mami es mami!"), nos va acompañar en esos primeros momentos de vida. Sin embargo, como nada es para siempre, poco a poco tendremos que ir soltando a la madre. En realidad es ella la que nos soltó. No fue que ella nos descuidó... ¡no seamos dramáticos! Simplemente recordó -o le recordaron- que habían otras cosas en la vida, además de permitirnos estar pegados a ella. Ese momento, dolorosísimo (para ambas partes), nos permite hoy reconocernos como un ser individual. El apego a la madre es una fusión necesaria al inicio, pero letal si no se acababa.

Yo no logro recordarlo. No puedo asegurarles cómo se sentía depender de mi mamá. Mucho menos puedo recordar cómo la estaba pasando "Aye" (así le dice mi hija a mi mamá). Y no gano nada yéndole a preguntar. Las posibilidades de llegar a donde la mamá de uno y soltarle un "¿Mami, a vos te gustó tenerme?", pueden generar respuestas que no deseamos escuchar (aún y cuando mis consultantes muchas veces me han demostrado que no necesitan preguntarlo, ya que, como dice el texto bíblico: "por sus obras los conoceréis").

Ya estuvo bien de pre-historia psicológica... yo no entré a escribir sobre eso. A menos de tres semanas de celebrar el Día de la Madre, escribir sobre esto podría ser tomado por alguien como un ultraje (sospechosa reacción psicológica, pero hoy es domingo, así que no voy a analizar dicha reacción). Hoy quería compartir con ustedes sobre la relación entre la soledad y el amor.

En pleno siglo XXI, atestados como estamos de aparatos electrónicos, la soledad es el nuevo MALO. ¿Nos sentimos solos en el embotellamiento? ¿Es inmanejable la herida existencial de tener que esperar a que nuestro vehículo se mueva? No nos preocupemos. Allí a la par tenemos el celular. Sí, no me digan que no. El primer impulso fue el de buscar el celular. Ustedes lo saben. Yo lo sé.

Aaahhh... que maravillosa sensación. Ahí están nuestros amigos y seres queridos. La gente que realmente se preocupa por nosotros y se encuentra allí siempre que los necesitemos. Aquellos que nos acompañan en este valle de lágrimas. En el Whatsapp. En Facebook. En Twitter. Aunque sea en Waze. Y ya si sentirte embotellado te pone algo "kinky", pues ahí tenés "tinder" y "grindr" (en este blog apoyamos la diversidad).

Me prometí no pasar de 8 párrafos por publicación, así que, si les parece, continuamos luego...

J. Allan Fernández: (506) 8663-5885 / Página profesional: https://www.facebook.com/psicologoallanfernandez

 

Enredos amorosos

Por J. Allan Fernández

El amor es energía y, como tal, depende del uso que se le de. A algunos los cura y a otros los enferma. Algunos lo utilizan como motivación y otros no logran dejar de padecer sus efectos y ausencias. Es la fuerza que sostiene la vida. Investigo este fenómeno tan paradójico desde hace años. Primero desde la psicología, la sociología y el psicoanálisis, luego desde la neuropsicologia, la filosofía y la espiritualidad. Hoy en día, el amor no es solo asunto de literatos y poetas. El amor también es objeto de estudio científico y, si a la ciencia le interesa, a mí me interesa. A ustedes?