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Entre menos atractiv@s mejor

En mi publicación pasada dejamos sentada una premisa interesante, secundada por la ciencia: las parejas que terminan convirtiéndose en mejores amigos son las que lo están haciendo bien. Si antes eran mejores amigos, si eran compañeros de trabajo, si eran vecinos o si se conocieron tomándose la foto a los pies de la torre Eiffel, rodeados de olor a croissant y siendo bañados por el inmenso bochorno parisino, poco importa. Una vez más, lo importante no es cómo inicia, sino cómo transcurre. Hasta ahí... todo bien. Trate a su pareja como trataría a su mejor amig@ y la cosa camina. Por descarte, si usted no está siendo tratad@ como mejor amig@, algo no está funcionando bien. Consejo: "Ojo al Cristo" (la única referencia metafísica que van a encontrar en esta publicación).

Lo que hoy nos convoca es algo más "incómodo". Vivir una relación amorosa con alguien que te trate y se comporte como mejor amig@, me parece que a todos nos atrae. Sin embargo, la pregunta que generó esto que estoy a punto de compartir, sospechosamente generó mucha confusión en mi página. Pienso que la cuestión estaba clara: ¿nos afectaría en algo emparejarnos con una persona muy muy atractiva? Allí no hay nada que interpretar. No requerimos diccionario para entender esta pregunta. No estamos hablando de sentimientos, de valores, de alcurnia, de estudios realizados. Estamos hablando de potencia estética, como llaman algunos filósofos del arte. Llamémosle "guapura", "pegue", "atracción animal" o como ustedes quieran. La escena es esta: su pareja es de ese tipo de personas que, al ingresar a algún sitio, inmediatamente atrae la atención -aunque sea por segundos- de los que allí se encuentran. La pregunta es, ¿esa cualidad de su pareja a usted le molesta?

El amor no alcanza. Es que ya no sé ni cómo decirlo. Se necesita de mucho más para sostener una relación. Si pudiera utilizar una metáfora -no es mi fuerte el inventarlas-, diría que una relación es una mesa de 4 patas:

1. Amor

2. Visión de mundo afín

3. Confianza

4. Admiración.

Admirar a la pareja es fundamental. Admirar su inteligencia. Admirar sus sentimientos. Admirar la familia de la que procede. Admirar su esfuerzo. Admirar... su belleza. Sí. No seamos hipócritas. Es fundamental. ¿O me van a decir que da igual alguien que nos gusta a alguien que no? Pues no, claro que no. En todo caso, para no entablar una discusión que ya intenté desarrollar, los invito a leer esto que escribí hace bastantes meses: "Cuando dejás de ser 'fan' de tu pareja".

No me pregunten por qué pero los científicos británicos vienen estudiando, desde hace rato, el tema del atractivo entre hombres y mujeres, el deseo de casarse, la relación entre atractivo y deseo de aparearse, etc. En el 2011 aparece una investigación tremendamente controversial: los hombres prefieren casarse con mujeres atractivas. Esto podría alimentar el estereotipo que dicta que la esposa del hombre se convierte en algo/alguien para lucir. La famosa "trophy wife", aquella que con el pasar del tiempo se transforma en la también famosa "desperate housewife", inmortalizada en la exitosa serie estadounidense de la década pasada. Dicho lo anterior, si nos fiamos de estos resultados, podemos afirmar que el hombre busca, y, por ende, requiere que su esposa cuente con atractivo físico, para él tanto como para los que lo rodean (hombres y mujeres). Las mujeres atractivas, según ese estudio, tienen más posibilidades de recibir una propuesta matrimonial que las menos "agraciaditas". ¿No están de acuerdo? Agárrense con los ingleses.

Dos años después, siempre en el Reino Unido pero ya no en Inglaterra, sino en Escocia, un equipo de investigadores quiso comprobar qué tan importante era el atractivo facial de las mujeres para los hombres. Varios cientos de tipos fueron enfrentados a diversas imágenes de mujeres. Algunas contaban con los típicos rasgos relacionados con la belleza -barbilla delgada, cutis delicado, labios carnosos, etc.- y otras eran "normales" (ese fue el término utilizado). Hoy sabemos, gracias a los avances en antropología (Helen Fisher es referencia obligada), que ciertos rasgos femeninos se relacionan, en la mente no consciente del hombre, con la cantidad de estrógenos en el cuerpo de la fémina, lo cual le asegura al macho un mayor éxito reproductivo. Así de mamíferos somos... los hombres... y las mujeres. Y si no me creen, averiguen por qué a las mujeres por lo general les atraen los hombres altos de estatura.

En esa misma investigación se le solicitó a los participantes que eligieran cuáles mujeres les parecían más aptas para casarse y cuáles para sostener algún tipo de amorío. ¿Resultados? Las mujeres más atractivas fueron elegidas, en su mayoría, para algo no muy formal. Por oposición, las mujeres no muy atractivas obtuvieron los porcentajes más altos a la hora de ser consideradas aptas para una relación de largo tiempo. Como dicen en el D.F.: ¿cómo les quedó el ojo?. Luego, al querer indagar en el por qué de estos resultados, algunos tipos coincidieron en que las mujeres muy atractivas pueden llegar a ser infieles con mayor facilidad, lo cual las convierte en "peligrosas" a la hora de considerarlas compañeras para toda la vida. Según los investigadores, un fantasma que suele merodear las mentes masculinas es el de tener que criar a un cachorro que no sea suyo, de ahí lo supuestamente peligroso de "apostar" por una mujer muy atractiva.

A finales del año pasado, investigadores de la Universidad de Florida deseaban conocer hasta qué punto el atractivo de la pareja juega un rol en el estado de felicidad de la otra persona. Trabajaron con más de 100 parejas de recién casados. Se le pidió a cada participante que valuara hasta qué punto se consideraba a sí mism@ atractiv@, sexy y "fit". Luego se estableció una especie de tabla de posiciones, en la que los primeros puestos eran ocupados por las personas con los resultados más altos, mezclando, tanto su autopercepción, como la comparación de algunos de sus rasgos respecto a lo que actualmente se considera atractivo (esbeltez en la mujer, musculatura en el hombre, etc.). Los resultados sorprendieron a algunos -a otros no-: mientras los hombres que se consideraban a sí mismos muy atractivos no se preocupaban demasiado por la capacidad de su pareja de generar deseo, con las mujeres no se obtuvieron los mismos resultados. Las mujeres que consideran poseer como pareja a un tipo muy atractivo, en términos generales se muestran mucho más preocupadas en mantener su apariencia tan cuidada como sea posible. La angustia de dichas mujeres se veía corroborada por su constante preocupación, tanto en su alimentación y régimen de ejercicios, así como en la incertidumbre que experimentan cuando su macho se mueve en espacios sociales a los que ellas no tiene acceso. Por contrapartida, las mujeres que sienten estar casadas con tipos "regulares" (ese es el término utilizado), no solo se preocupan menos por su propia apariencia, sino que confiesan ser más felices en su matrimonio.

En síntesis: la confianza en sí mismos parece no ser el fuerte de la humanidad en estos momentos, tanto en hombres como en mujeres.

Allan Fernández, psicólogo clínico / 8663-5885 / https://www.facebook.com/psicologoallanfernandez / a.fernandez@ucreativa.com

Enredos amorosos

Por J. Allan Fernández

El amor es energía y, como tal, depende del uso que se le de. A algunos los cura y a otros los enferma. Algunos lo utilizan como motivación y otros no logran dejar de padecer sus efectos y ausencias. Es la fuerza que sostiene la vida. Investigo este fenómeno tan paradójico desde hace años. Primero desde la psicología, la sociología y el psicoanálisis, luego desde la neuropsicologia, la filosofía y la espiritualidad. Hoy en día, el amor no es solo asunto de literatos y poetas. El amor también es objeto de estudio científico y, si a la ciencia le interesa, a mí me interesa. A ustedes?