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En defensa de la soltería

Les voy a contar algo bien personal, una verdadera intimidad. Algo así como un secreto de alcoba: en mi última época de soltero sufrí de insomnio -por eso es un secreto de alcoba malpensados-. ¡Vieran cómo me costaba dormir! No solo dormía poco tiempo, sino que la profundidad alcanzada no era la adecuada. De lo rescatable de esa época: la cantidad de cine que vi. La videoteca que frecuentaba no pudo con mi ritmo. Solo me hizo falta alquilar las del anaquel de "religiosas". Afortunadamente llegó mi esposa a salvarme de Charlton Heston, que en unas salía de rabino y en otras de romano.

¿Ustedes qué piensan de la soltería? ¿Les gusta? ¿La están pasando bien? Y los que ya no pertenecemos a ese bando, ¿lo recordamos con cariño? ¿o nos faltó tiempo? Yo la mitad de mi vida he sido soltero (años más, años menos). ¿Razones? Varias. Hoy no tiene sentido reparar en ellas. Lo que sí les puedo asegurar es que, aunque de soltero no me reprimí casi de nada, hoy puedo decir que la paso mucho mejor como esposo y como padre. Ustedes pensarán que estoy "bluffeando", pero mi vida es ahora más emocionante. El punto es que es una emoción más serena. Luego vuelvo a esto.

Tuve la oportunidad de vivir solo desde el inicio de mis veintes y créanme, la pasé muy pero muy bien. Se hizo y se deshizo. Tenía la suerte de contar con bastante solvencia financiera, producto de un trabajo que no me gustaba para nada, lo cual me motivó -por irónico que parezca, ya que más bien fui a tratarme la desmotivación-, a emprender un proceso terapéutico y estudiar psicología. Ya lo ven. Hay malestares que nos ayudan a encontrar nuestro camino. No todas las lecciones de vida son agradables. Solo se trata de no considerarlas errores o vivirlas con culpa. Todos estamos aprendiendo en esta dimensión llamada "existencia".

¿Saben qué me gustaba cuando estaba soltero? Me gustaban muchas cosas, pero como no sé si alguien menor de edad lee esto, mejor no entro en detalles. Lo que sí puedo confesar es que me encantaba levantarme e inmediatamente poner música a todo volumen. Heavy metal, obviamente. Nada mejor, luego de una buena noche, que levantarse acompañado de las -nada- suaves melodías de Sepultura o Slayer. inténtenlo. Van a ver con el fuerzón que pasan todo el día. El punto es que una muchacha que solía acompañarme en aquellos tiempos de "soledad" odiaba mi ritual matutino. Recuerdo sus palabras: "si usted quiere ponerme de malas, ponga música por las mañanas". Era una lástima. La muchacha era prácticamente perfecta. Ni siquiera era que no le gustaba el Heavy Metal. Es que no le gustaba al despertar.

No recibo muchas personas solteras en consulta. Es más frecuente recibir solteros y solteras a la fuerza. Quiero decir que su soltería, más que situación disfrutada, es vivida como impuesta. En algunas de esas personas la soltería parece un síntoma a curar. Un error del sistema, algo que produce malestar. Al preguntarles qué les gusta hacer con su libertad, solo logran recordar todo lo que ya no hacen desde que su ex-media naranja rodó a otros naranjales. Yo les pregunto por el presente. Lo que recibo son anécdotas del pasado. Y es que la soltería, al no ser algo patológico, no tiene cura. El poder contar con tu propio espacio, tu propio tiempo, todos tus recursos, la total capacidad de movimiento, en algunos parece un castigo. Una broma pesada del destino.

Justo ayer se lo decía a alguien. Emparejarse no debería sentirse como una competencia, menos aún como un deber. La meta humana -al menos es lo que pienso- tendría que ser alcanzar la plenitud. Algunos la alcanzarán en pareja. Otros no. Si pospongo mi felicidad hasta que esa persona llegue, podría haber desperdiciado una vida completa. Es que como me enseñó alguien hace un par de meses, no todos cuentan con la capacidad de sostenerse en pareja (hombres y mujeres, heterosexuales y homosexuales). Eso quiere decir que algunos no pueden. Otros no quieren -aunque digan que sí-. Otros, aún queriendo, no saben cómo. No faltarán los que se mal-emparejen. Es que como podrán ver la ecuación tiene su grado de complejidad. Contiene una serie de variables y una que otra constante.

Como dicen nuestros abuelos: "para estar peor, mejor quedarse solo". Filosofía práctica de altísima calidad. Lo he dicho cientos de veces: no insistan en buscar a esa persona. Inviertan su energía en encontrarse a sí mismos. ¿Quieren estar con alguien o no quieren estar solos? ¿Desean construir un proyecto a futuro o sienten que es lo que toca, lo que se debe? ¿Le darán a su pareja la importancia que requiere o no quieren quedarse atrás respecto a sus amigos? ¿Se van a comprometer o se van a embarcar por agradecimiento y/o culpa? Aquella persona que insiste, a toda costa, en emparejarse, corre el riesgo de sufrir y hacer sufrir a alguien más -incluso a varios, incluyendo su descendencia-.

Yo tengo una teoría. ¿Han escuchado lo de la crisis de la mediana edad? Sí. Ya saben. Los roquitos y roquitas de mi edad que quieren hacerse pasar por adolescentes. Pienso que eso le sucede a los que no disfrutaron su soltería. Hicieron las cosas en desorden. La fórmula ganadora, al menos para mí fue:

1. vivir solo

2. convivir

3. matrimonio

4. paternidad.

En este caso el orden de los factores sí podría afectar el resultado: los que iniciaron con paternidad, y luego fueron forzados al matrimonio y la convivencia, por lo general terminan solos. Los que empezaron con matrimonio, saltándose la convivencia y el vivir solos, corren el riesgo de heredar rollos psicológicos a su descendencia. Los que le entraron al matrimonio y la paternidad, saltándose el vivir solos y la posterior convivencia, puede que en este momento sueñen con volver a la soltería.

Yo nunca me he sentido tan libre como cuando me casé. Me tomé mi tiempo. Disfruté mi soltería, el vivir solo, el convivir, etc. Recuerdo mi juventud con mucha alegría y sin embargo no siento el menor deseo de volver a ese estado. Pasaba de fiesta, pero no era feliz. Hoy observo a personas "maduras" que se involucran en cuánta actividad les ofrecen. No se enrolan en el ejército porque no tenemos. Pienso que en el fondo no quieren llegar a su casa. Les aburre la sola idea de dirigirse a su hogar. Esas personas no eligieron bien. No se concentraron a la hora de resolver su ecuación. Cayeron en la trampa y desafortunadamente arrastran a otros en su desatención. Se emparejaron por presión, sea familiar, social o de su propia neurosis. Les dio miedo separarse del rebaño. Sucumbieron ante el terror de ser cuestionados. Les faltó valor.

En síntesis: vivan a plenitud lo que les toque vivir en este momento. No se adelanten. No extrañen el pasado. Atrévanse a ser felices. Esa sí es una rebeldía inteligente. Olvídense de la opinión de los otros. Nunca habrá forma de complacerlos a todos. Ah, por cierto. Casi lo olvido. La muchacha que no quería levantarse escuchando a Metallica... es mi esposa. Ya no extraño empezar mi día así... y duermo plácidamente cada noche.

Allan Fernández, psicólogo clínico / 8663-5885 / https://www.facebook.com/psicologoallanfernandez / a.fernandez@ucreativa.com

Enredos amorosos

Por J. Allan Fernández

El amor es energía y, como tal, depende del uso que se le de. A algunos los cura y a otros los enferma. Algunos lo utilizan como motivación y otros no logran dejar de padecer sus efectos y ausencias. Es la fuerza que sostiene la vida. Investigo este fenómeno tan paradójico desde hace años. Primero desde la psicología, la sociología y el psicoanálisis, luego desde la neuropsicologia, la filosofía y la espiritualidad. Hoy en día, el amor no es solo asunto de literatos y poetas. El amor también es objeto de estudio científico y, si a la ciencia le interesa, a mí me interesa. A ustedes?