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El miedo a la felicidad (1ra. parte)

En mis tiempos de facultad, cada vez que algún docente criticaba a algún autor, me empeñaba en conseguir algún texto del escritor criticado. Es que soy escéptico por convicción. Todo autor que genere controversia y polémica, siempre me resultará atractivo.

Siendo que estudié en una universidad para la que el psicoanálisis era El Discurso Imperante (lo cual puede ser bueno o malo, dependiendo de quién lo mire), solo habían 2 tipos de psicólogos: los psicoanalistas y... los otros. Alguno de mis colegas profesores alguna vez criticó al psicólogo Erich Fromm, el cual -según él- había perdido toda validez en el momento que abandonó el movimiento psicoanalítico (pues sí, todavía se escuchan cosas así en las facultades latinoamericanas). Tan pronto tuve algún dinero extra -lo cual no sucedía mucho, ya que estudié gracias a un préstamo- corrí hacia una librería en San Pedro que me encantaba y elegí un libro de Fromm: "El Miedo a la Libertad", el cual pueden leer a través de este enlace: libro.

El texto es una joya (un análisis psico-sociológico-político de altisima calidad). En él, tal como el título presagia, el autor nos propone el por qué, en nuestras sociedades "modernas", la libertad es algo tan difícil de conseguir. Incluso, en mi apartado favorito, desarrolla una tesis maravillosa sobre el conformismo (familia del fatalismo), el cual, en tanto estado de detención, nos separa irremediablemente de alcanzar un estado de felicidad perdurable. Sabias palabras profesor Fromm: todo aquel que se conforma rechaza la posibilidad de ser feliz (decisión que intento desterrar de las mentes de los consultantes que acuden a mi consulta: el que se conforma, de algún modo, decidió morir -simbólicamente-).

Ya estuvo bien de anécdotas del siglo pasado. En el campo de las relaciones amorosas, la pregunta por la felicidad ronda, cual fantasma, en las mentes de muchísimas personas. Incluso, no será extraño que algunos lleguen a dudar hasta de sus propias memorias: "no soy feliz", piensan muchos. "Pero, ¿era feliz antes?", "¿fui feliz?", "¿era la soltería un estado de mayor felicidad que el actual?", "¿me estaré autoengañando?", "¿seré feliz ahora y no me doy cuenta?", "¿debería conformarme con mi pareja?" y ya, los más filosóficos hasta llegan a preguntar-se, "¿existirá realmente la felicidad?".

Ese momento, dentro de un proceso psicoterapéutico, es un punto fundamental (un "punto de inflexión", dirían algunos psicoanalistas, gustosos del exotismo y la sofisticación). Justo allí, esa persona siente que hay algo que decidir: "Me 'resigno' (estado sin duda odioso) a lo actual, me acostumbro a no ser feliz o me atrevo a perseguir mi felicidad. Sin embargo... siento algo extraño... es una especie de miedo... siento miedo... ¿miedo de qué?... ¿de quedarme solo?... ¿de perseguir un inexistente?... y si la felicidad no existe... si es la felicidad un invento de religiones y filosofías... debería agradecer lo que tengo... no soy feliz... pero... algunos son más desdichados que yo... ¿¿¿QUÉ HAGO???".

Será la fortaleza -psíquica y emocional- del consultante la que incline la balanza, sea hacia el conformismo, sea hacia el deseo. Es que desear, en estas épocas -opino-, es un verdadero acto de heroísmo. Algunos lograron vencer sus miedos. Son esos los que hoy, en este preciso momento, continúan buscando su felicidad. Los otros, los que no pudieron -algunos no quisieron- dar el salto, se encuentran hoy viviendo una vida monótona, rutinaria, carente de emoción. De algún modo han muerto, aún y cuando continúen vivos.

La felicidad puede llegar a ser algo escalofriante para algunos. Sé que suena ilógico. Sé que ustedes piensan que todos buscamos ser felices. Nadie, en su sano juicio dejaría de buscar dicho estado, el cual, parece ser, es uno de los mejores estados posibles de alcanzar. Sin embargo, la realidad nos dicta otra cosa. Alguna gente elige no ser feliz: elige una carrera universitaria que no le atrae, un trabajo que no le reporta más que dos cheques al mes, una pareja con la cual huir de la soledad, etc. Si la felicidad fuera el resultado lógico de una vida humana y dicho estado se pudiese alcanzar sin esfuerzo alguno, la psicología ya habría desaparecido.

En mi artículo del próximo domingo, compartiré con ustedes una hipótesis científica la cual, pienso, podría explicarnos por qué algunas personas parecen huir de la felicidad -les aterra ser felices-. Todos los conocemos. Esas personas las cuales, desde afuera, parecían tener todo para ser felices. Sin embargo, por cuestiones difíciles de comprender (alguien diría por "casualidad", lo cual es difícil de aceptar para algunos -entre ellos, este que escribe-), toman decisiones -llevan a cabo actos- que les ayudan -inconscientemente- a perder la posibilidad de sostener la felicidad que supuestamente anhelan. Parecen querer ser felices, pero hacen cosas para lograr ser in-felices. Pareciera enigmático. Espero demostrarles la próxima semana que, en realidad, este fenómeno de temer a la felicidad no es tan "raro" como algunos piensan.

Allan Fernández / 8663-5885 / https://www.facebook.com/psicologoallanfernandez / jorgeallan@icloud.com

Enredos amorosos

Por J. Allan Fernández

El amor es energía y, como tal, depende del uso que se le de. A algunos los cura y a otros los enferma. Algunos lo utilizan como motivación y otros no logran dejar de padecer sus efectos y ausencias. Es la fuerza que sostiene la vida. Investigo este fenómeno tan paradójico desde hace años. Primero desde la psicología, la sociología y el psicoanálisis, luego desde la neuropsicologia, la filosofía y la espiritualidad. Hoy en día, el amor no es solo asunto de literatos y poetas. El amor también es objeto de estudio científico y, si a la ciencia le interesa, a mí me interesa. A ustedes?