• Conversemos

  •  

Me quiere... no me quiere

En tanto seres vivos, así de mamíferos como somos, estamos afectos a nuestro entorno. Interactuamos con el hábitat que nos rodea, ya sea la oficina, la familia, el bus, la iglesia, el estadio, la peluquería, etc. Nuestro estado emocional, si no lo cultivamos, se verá irremediablemente impactado por todo aquello que nos circunde. Piénsenlo, o, mejor aún, recuérdenlo. Hace poco amanecieron de muy buen humor, el clima era inmejorable, el desayuno delicioso. Todo presagiaba un día memorable... hasta que sonó aquella infausta notificación de whatsapp. Un sonido de 2 segundos estropeó un lapso de 24 horas.

En tanto seres conscientes (o al menos intentando ganar en consciencia), debemos lidiar, a cada comento, con dos mundos: el externo (la "realidad") y el interno. Nuestro mundo interno está conformado por todo aquello que -para no ponernos muy exóticos- vamos a llamar lo mental: nuestras emociones, nuestros recuerdos, nuestros sentimientos, nuestros miedos, nuestras ideas, nuestros sueños, etc. Ya lo ven, no es cierto que sea lo que nos sucede lo que nos afecta. También lo que pasa por dentro afecta el modo en que percibimos la realidad.

Somos influenciados por dos vías: desde adentro y desde afuera. Cuando estamos bien, realmente bien (por dentro), aún lo de afuera, en caso de mostrarse no tan colorido, es tomado por nosotros como una posibilidad para crecer. Sentirse motivado hace toda la diferencia.

El budismo plantea algo realmente interesante (aclaración: si siente que le está yendo muy bien, quizás no le guste lo que estoy a punto de recordar. Si le está yendo muy mal, espero que se motive): todo es impermanente, efímero se dirá en otros momentos. ¿Y eso qué significa? Que todo lo que existe, dejará de existir.

Todo lo que hoy es, mañana no será. Todo lo que nos sucede, nos dejará de suceder. Incluso, todo lo que hoy somos, un día dejaremos de ser. "Nada nace, nada muere", pronunció alguna vez alguien que admiro muchísimo.

Puestas así las cosas (y si no les gustó la dosis de budismo podrían recordar sus clases de ciencia en la escuela, durante las cuales, al explicarnos el proceso de transformación de la materia, se hacía referencia a algo similar), debemos partir de una total obviedad: somos bichos cambiantes.

En un solo día podemos atravesar varios estados emocionales y ni siquiera determinar el por qué de dichas fluctuaciones. Las hormonas, el tránsito, los chances, el jefe, Trump, el postre, etc. Todo lo anterior puede motivar un cambio en nosotros. Algunas veces nuestro estado mejoró. Algunas veces no.

Si los seres vivos (humanos incluidos) somos tan cambiantes, ¿cómo vamos a lograr que una relación sentimental se mantenga equilibrada? En la época del noviazgo esto no afecta mucho. Al compartirse momentos particulares, se pueden elegir cuáles de estos me permitirán mostrar mi mejor versión (o al menos una editada), con el propósito de no "asustar" a la persona que me gusta. Cuando convivís la cosa se pone más "heavy".

Caso hipotético: por la noche, pasión, almohadones en el aire, vino y revolcones. Nada podría ser mejor. Pero... al dormir, una de las dos personas tuvo un sueño, una pesadilla. Soñó que su pareja le era infiel. Y no con cualquiera. El inconsciente algunas veces es tan concho que monta el sueño con esa persona a la que tanta desconfianza se le tiene (o que incluso compartió un pasado con la pareja). ¡¡¡Zas!!! A la mañana siguiente: distanciamiento, malas caras, actitud agresiva, pan sin mantequilla, despedida sin siquiera beso en la mejilla. Así somos los seres humanos cuando no hemos aprendido a controlar nuestras mentes...

No termino de acostumbrarme a ese momento en que, al preguntarle al consultante sobre su relación sentimental, recibo algo así: "unos días bien, otros días mal... como todas". Antes de afirmar que existen relaciones en las que los días buenos son inmensamente más frecuentes que los días malos, suelo preguntar qué se entiende por un "mal día".

He escuchado cosas escalofriantes: Irrespeto, agresividad, negligencia, gritos, empujones, portazos, golpes en la mesa. Allí no necesito preguntar por los "buenos días". Nada justifica que los malos sean tan malos. Una relación con días así de malos es una mala, una que no funciona, una que difícilmente se transforme en algo que valga la pena.

Si esa persona le demuestra cariño un día y al otro le irrespeta, no cuenta con la capacidad de querer. Alguien así no quiere. No perdón. Rectifico. Sí quiere... dañarle. Si usted, en estos momentos "soporta" una relación en la que los días buenos y los malos se intercalan, no se quiere. Hace falta bastante trabajo en el apartado de amor propio. Por supuesto que existen relaciones en las que los días buenos no se intercalan con días malos. Habrán problemas. Aparecerán eventos que tensen la relación. Sin embargo, eso no tiene por qué degenerar en algo decadente.

Allan Fernández, psicólogo clínico / 8663-5885 / https://www.facebook.com/psicologoallanfernandez / jorgeallan@icloud.com

Enredos amorosos

Por J. Allan Fernández

El amor es energía y, como tal, depende del uso que se le de. A algunos los cura y a otros los enferma. Algunos lo utilizan como motivación y otros no logran dejar de padecer sus efectos y ausencias. Es la fuerza que sostiene la vida. Investigo este fenómeno tan paradójico desde hace años. Primero desde la psicología, la sociología y el psicoanálisis, luego desde la neuropsicologia, la filosofía y la espiritualidad. Hoy en día, el amor no es solo asunto de literatos y poetas. El amor también es objeto de estudio científico y, si a la ciencia le interesa, a mí me interesa. A ustedes?