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¡¡¡Es que sos muy intens@!!!

Ah la intensidad... qué tema, ¿verdad? De entrada, parece que mostrarse intenso genera algún malestar. Es difícil de entender, al menos para mí. Ayúdenme ustedes. Voy a proponer un escenario hipotético: si nos vimos ayer, la pasamos bien y hoy querría repetir la experiencia, ¿qué se supone que debo hacer? ¿Abstenerme? No tiene sentido. ¿Por qué querría dejar de disfrutar de algo tan placentero como la presencia e interacción de esa persona que monopoliza mis sentidos?. "Abstenerse es una buena estrategia", piensa alguien. "Al abstenerse demuestra no estar tan necesitado". Eso podría tener sentido, pero... ¿cómo controlar la ansiedad, la falta de concentración, la distracción, el insomnio, etc.?

No son dos ni tres las personas que asisten a consulta, los cuales me solicitan ayudarles a entender por qué será que su pareja les recetó el diagnóstico de INTENS@S. Yo, la primera vez que me interpelaron al respecto, no entendía qué tenía de malo ser intenso -en el siglo XX la intensidad era muy atractiva-. Tuve que recurrir al método clínico por excelencia: indagación vía entrevista. Necesitaba comprender cómo distinguir a una persona intensa de una que no lo es.

Mi interés no es compartir un cuadro caracteriológico (dicho en términos más pedestres, un perfil psicológico). Sin embargo, algunas coincidencias empezaron a llamar mi atención. Las personas intensas quieren estar en contacto todo el día con su "otra mitad". Acá alguien piensa, "eso no es cierto, con que me escriba cada vez que se conecte a Whatsapp es suficiente". Pobre la persona que se haya conectado y no haya enviado, al menos, una carita tirando un besito. Ese ser se metió en un broncón gigante. La molestia da paso a la paranoia, "si no entra para comunicarse conmigo, con quién está hablando?". Ya lo había trabajado en un escrito anterior. Cada vez que desconocemos lo que sucede en la realidad, inventamos alguna explicación, por lo general, pesimista.

"¿Está mal querer pasar tiempo con la persona amada?", se pregunta -me pregunta- alguien en estos momentos. Pues no, claro que no. Sin embargo, tendríamos que definir "pasar tiempo". Intentemos cuantificarlo. ¿Pasar tiempo con la pareja se refiere a una hora al día, dos, doce, veinte? La belleza de contar con una pareja estriba en no perder. Muy por el contrario. Cuando estás con la persona indicada, irremediablemente ganás. Sin embargo, ganar no implica fundirse con el otro. "Yo sabía, al solo leer el título, que se pondría a favor de los tipos que le tienen miedo al compromiso. Pobrecita la esposa de este tipo y la hija. Deben pasar solitas toda la vida". ¿Pensó usted eso? Tranquilícese. No me estoy poniendo a favor de nadie. Estoy tratando de compartir un par de ideas.

Si tu vida no te agrada, si vos no te agradás a vos mismo, entiendo perfectamente que andés buscando a alguien con quién distraerte. ¿Distraerse de qué? De tus responsabilidades. Del esfuerzo que tenés que comprometer para contar con una vida plena y suficiente AMOR PROPIO (la plenitud y el amor propio suelen aparecer juntas). Andás buscando a alguien que te quiera, que te haga feliz, que te entretenga. En síntesis: andás buscando un perro. Tu vida se ha convertido en un proyecto inconcluso y, debido a esto, fantaseás con que alguien venga a finalizar, de buen modo, aquello que te toca a vos. Suena bien, pero difícilmente va a suceder. Es una fantasía. Y es que entre la fantasía y la realidad se encuentran varias dolorosas decepciones de por medio.

Por supuesto que coincidir con una persona que desee construir conmigo es toda una motivación. Pero, esperen. ¿Se fijaron en algo? No dije "encontrar". Si el refrán "el que busca, encuentra" fuese una máxima universal, todo el mundo andaría emparejado. Me gusta mucho más lo que plantea el budismo ZEN: "el mejor modo de encontrar es no buscar". Muchas veces, buscar es intentar forzar algo que aún no debe suceder. Y no, no me refiero al "tiempo de Dios", como alguna vez dijo aquel señor que hasta diputado terminó siendo, lo cual aún me resulta incomprensible. Me refiero a las causas y los efectos. Lo que aparece en tu vida es lo que debe aparecer. Lo que no está allí aún, no está ya que aún no ha sucedido lo necesario para que eso aparezca.

Hace más de un año, en mi página profesional www.facebook.com/psicologoallanfernandez publiqué algo que causó revuelo ("revuelo" es acá utilizado como un eufemismo. En realidad algunas personas me querían linchar). Recuerdo que estaba haciendo fila en algún autobanco y caí en cuenta que no había publicado ese día. Tomando en cuenta que faltaban unos 3 vehículos para llegar a ventanilla, se me ocurrió publicar algo así: "las personas desbalanceadas atraen personas desbalanceadas. Las personas que han trabajado en su balance emocional no van a poner en riesgo lo obtenido solo por tropezarse con alguien que les guste. Cuando hayamos alcanzado el equilibrio, resultaremos atractivos para personas equilibradas". Les doy un minuto para que lo lean, cuenten hasta 10, se coman un confite y podamos continuar...

Continúo pensando lo mismo. El problema no es la intensidad. El problema es la falta de madurez emocional. La inmadurez no respeta géneros. Es que la verdadera epidemia no es la intensidad, es la inmadurez psicoemocional. Existen muchas personas emocionalmente infantiles: hombres y mujeres. Por fuera parecen personas adultas. Han alcanzado un buen nivel socioeconómico, cultural, financiero, etc. Sin embargo, cuando comparten el por qué desean "encontrar" al príncipe azul o la princesa encantada, no termina uno de entender si andan buscando pareja o más bien a papá y/o mamá.

Mala señal psicológica el experimentar ansiedad, angustia, pánico o ahogo cada vez que tu pareja no se encuentra cerca tuyo. Esa reacción puedo entenderla en un niñito recién nacido, pero en un adulto es tremendamente sospechoso que esto suceda. Cuando estás con la persona indicada, ojalá mi esposa piense lo mismo, lo que se experimenta es tranquilidad, emoción -favor no confundir con intensidad-, ganas de construir de a dos... en síntesis: paz.

¿Queremos una persona madura la cual amar? Me alegra muchísimo. Maduremos nosotros. Superemos nuestros estadios emocionales infantiles. No necesitamos una pareja. Necesitarla implica que sin dicho ser moriríamos. Suena romántico... pero no es cierto. Una persona emocionalmente adulta no necesita una pareja. Desea una pareja para continuar creciendo. La presencia de dicho ser potencia nuestras cualidades y su ausencia no nos destruye.

"¡¡¡Suave, suave!!! ¿Y no va a hablar del miedo al compromiso?", me interpela acaloradamente alguien. Por supuesto que voy a decir algo al respecto... otro día.

J. Allan Fernández / 8663-5885

Enredos amorosos

Por J. Allan Fernández

El amor es energía y, como tal, depende del uso que se le de. A algunos los cura y a otros los enferma. Algunos lo utilizan como motivación y otros no logran dejar de padecer sus efectos y ausencias. Es la fuerza que sostiene la vida. Investigo este fenómeno tan paradójico desde hace años. Primero desde la psicología, la sociología y el psicoanálisis, luego desde la neuropsicologia, la filosofía y la espiritualidad. Hoy en día, el amor no es solo asunto de literatos y poetas. El amor también es objeto de estudio científico y, si a la ciencia le interesa, a mí me interesa. A ustedes?