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No sos vos... soy yo

¿Se las han aplicado? ¿qué sintieron? ¿se ofendieron? ¿Por qué?. Es una buena razón para finalizar una relación. Voy a tratar de argumentar el porqué de mi opinión.

Todos procedemos de una relación. Dos personas, sea por convicción o por error, por amor o por calentura, por pasión o por despecho, chocaron sus cuerpos, permitiéndole a uno ametrallar los óvulos de la otra con millones de espermatozoides. De todos esos, uno, el que mejor "nadaba", pegó contra un óvulo, el cual se encontraba dispuesto a ser fecundado. De ese evento, si ciertas condiciones -tanto internas como externas- resultaron favorables, aparecimos nosotros, usted y yo. "Todos fuimos deseados", decía una profesora de la facultad. Lo que tendríamos que averiguar es para qué nos deseaban (dicho enigma merece otra publicación).

Esas personas, a su vez, surgieron de una escena muy similar a la que acabo de someramente describir. Y así podríamos continuar retrocediendo hasta encontrar el momento en que la primera pareja de homo sapiens, traveseando, descubrieron que contaban con la mágica posibilidad de dar vida (no, no fueron Adán y Eva). A lo largo de la historia, mucho antes que a alguien se le ocurriera llamarle a esa extraña sensación "amor", los humanos -en tanto mamíferos- se han venido "cruzando" (sí, cruzando, como los perritos y los gatitos), asegurando en este acto, la sobrevivencia de la especie. Si los primeros cavernícolas AMABAN a sus medias naranjas, yo honestamente no lo sé. Si Adán, luego de haberse dejado embarcar por la culebra, en contubernio con Eva, logró experimentar amor por la doña, pues, al menos yo, no he encontrado un texto que lo asegure. Ya luego salieron Caín y Abel. El mayor se dio cuenta que el menor era el favorito (en toda familia siempre hay uno que es el favorito -eso también merece otro escrito-) y se lo acomodó. La "historia", ustedes mejor que yo, saben cómo continúa...

Alejándome de mitos y leyendas, no se si alguien se ofenderá, pero debo confesarlo: todos procedemos de un mito. Son pocas las parejas de padres que sientan a su pequeñín y le sueltan un fulminante "nosotros no queríamos ser papás, fue culpa de las fiestas de Palmares", o "tu papá nunca me ha gustado, es que tus titos me tenían harta". Todos necesitamos pensar que surgimos del deseo y el amor. Es imperativo CREER que mamá y papá fueron hechos el uno para el otro. Sus destinos estaban escritos. Ellos tendrían que toparse algún día y, ZAS! Amor a primera vista. Hubo dificultades, pero ellos las vencieron. Como prueba irrefutable de que "el universo siempre conspira a nuestro favor", según la contundente máxima universal del Sr. Coelho, nuestro papá se fijó, de todas las féminas posibles, en la belleza deslumbrante de mamá (podría haber sido al contrario, para que el feminismo no se me venga encima). El amor se convirtió en pasión, esta en deseo y el deseo se materializó. Al cabo de 9 meses nuestra travesía por este mundillo tan loco inicia, gracias a la predestinación cósmica de papá y mamá. ¿Suena bien, verdad? Sí. ¿Habrá sido así en todos los casos, o al menos en el nuestro, que es el que realmente nos interesa? No lo sé.

Yo conozco diferentes tipos de emparejamientos. Los de la generación de mis abuelitos, atravesada por el sentimiento de obligatoriedad. En esos tiempos, el universo no eran tan bueno como el que describe don Paolo (el de "El Alquimista"). De hecho, allá por la primera mitad del siglo XX, ¿cuál universo ni qué ocho cuartos?. Si se comprometieron en mantenerse juntos hasta que la muerte los separe, lo que les tocó fue apretar dientes y aguantar. Hace algunos meses me dediqué a abordar este oscuro modo de comprender una relación matrimonial. Si les interesa, pueden accesarlo dando "click" aquí. La de mis papás, segunda mitad del siglo XX, era una versión un poquito menos fatalista que la anterior. El problema con este "upgrade" es que creó una generación atravesada por el sentimiento de culpa. Sobre los dañinos efectos de la culpa también escribí algo (si dan click aquí podrán accesarlo). En tanto ex-católico, si de algo puedo escribir una tesis es sobre la culpa.

Luego vino mi generación, aún cargando el peso de los fantasmas heredados por abuelitos y papás, pero ya más matizados. En esta época tan globalizada, Coelho es más importante que el curita del pueblo. Ya entendimos que juntarnos no está mal. Es un "free trial" (no tan "free", claro está). Allí vemos si el asunto camina. De ser así, aún no nos mandemos a la iglesia. Busquemos un abogado, invitemos poquita gente por aquello y, si el experimento no funciona, llamamos de nuevo al abogado y luego le damos "delete" a las fotos en redes sociales. Ya si el asunto se siente bien, si la energía fluye, como dicen ahora, préstamo bancario y pa' la iglesia. Igual, observando a mi alrededor, algo faltó, algo no nos enseñaron. Demasiados divorcios, demasiada infidelidad, demasiada viagra.

Las nuevas generaciones, a mí al menos, me parecen geniales. Los famosos "millennials". Ellos han hecho del desapego una norma. Están en el ahora, se despreocupan por el futuro. No tiran líneas. Si el asunto funciona, se quedan. Si falla, se despiden. Menos drama, menos gastos de abogado, menos abuelitas descorazonadas. Ya entendieron que quedar de amigos es muy difícil y, sin embargo, no necesitan bloquear a la expareja. Lo hablan. Determinan que aquello que hace unos días funcionaba, perdió fuelle. Podrían intentar resolverlo, pero prefieren guardar esa energía para otros menesteres. Se llevan la cabanga a algún remoto paraje del oriente. Allá, entre calores y comidas exóticas, no tiene sentido acordarse del(a) ex. Luego vuelven, se recuperan un poquito y empiezan a salir de nuevo. Claro que a ellos también les dediqué un par de publicaciones. Los conozco bien. Bien podría -por edad- ser el papá de ellos y ellas y aún así, de algún modo, nos entendemos.

Cuando siento que estoy cambiando, lo más honesto, creo, es hacérselo saber a mi pareja. Con esto evito que dicha persona se debata tratando de comprender el por qué de mi comportamiento. Merece saberlo y yo debo contar con la madurez para expresarlo. Si se habla en el momento indicado, no tendría por qué marcarse el final de una relación. Será la madurez la que nos ahorre el mal trance de involucrar a una tercera persona y hasta a una cuarta. Tendríamos que sentir responsabilidad por el estado emocional de nuestra pareja, máxime cuando somos nosotros los que, al cambiar, generamos desequilibrio en quién nos acompaña. Bien dijo alguna vez el filósofo Slavoj Zizek -uno de mis autores favoritos en tiempos de facultad-: "Solo hay algo peor a que nos dejen por alguien. Que nos dejen por nadie".

Estamos en pleno siglo XXI. Ya estuvo bien de mitos, ya estuvo bien de relaciones masoquistas. Ya estuvo bien de alimentar esperanzas aún cuando -en nuestro fuero interno- sentimos que ya no podemos (o no queremos) estar con alguien. Esa persona merece nuestro respeto. Que no los domine la culpa.

Esto que estoy a punto de compartir lo he proferido cientos de veces en consulta: "de las fantasías de mi pareja que yo alimente soy responsable". Les aseguro que si tratan a esa persona con respeto y amor (y se tratan ustedes con autorespeto y amor propio), aún cuando terminar será algo incómodo (casi siempre lo es), estarán sembrando las bases para que, algún día, si se topan por allí, no sea la gastritis o el insomnio lo que les recuerde lo mal que terminaron.

Allan Fernández, psicólogo clínico / 8663-5885 / https://www.facebook.com/psicologoallanfernandez / jorgeallan@icloud.com

Enredos amorosos

Por J. Allan Fernández

El amor es energía y, como tal, depende del uso que se le de. A algunos los cura y a otros los enferma. Algunos lo utilizan como motivación y otros no logran dejar de padecer sus efectos y ausencias. Es la fuerza que sostiene la vida. Investigo este fenómeno tan paradójico desde hace años. Primero desde la psicología, la sociología y el psicoanálisis, luego desde la neuropsicologia, la filosofía y la espiritualidad. Hoy en día, el amor no es solo asunto de literatos y poetas. El amor también es objeto de estudio científico y, si a la ciencia le interesa, a mí me interesa. A ustedes?