• Conversemos

  •  

¿Cómo sostener la emoción en la pareja?

Vamos a empezar aclarando algo: me voy a referir a relaciones entre adultos. El contenido de esta publicación no es apto para menores de 13 años y, en caso de ubicarse en la franja entre 14 y 17 años, recomiendo analizar lo aquí encontrado con un adulto... Preferiblemente uno que no nos venga con pecados, infiernos, diablos y neurosis afines.

El éxito de una relación, para los que no profesamos fe alguna, no depende de fuerzas sobrenaturales. Es una cuestión de buena elección del (o de la) susodicho (a), del momento indicado para ambos ("sincronía emocional", concepto al que me referiré en otra publicación) y, sobre todo... Ahorita les cuento.

Sostuve en alguna otra publicación que el primer amor de cada uno de nosotros, muy probablemente no fue amor. Quiero decir que al amor hay que llegarle con cierta madurez. De no ser así, podría uno no saber qué hacer, qué esperar, cuánto entregar, etc. No se enojen ni hagan malas caras. Yo también recuerdo con cariño ese momento de mi vida. Recuerdo el nerviosismo, recuerdo la emoción, recuerdo las hormonas haciendo borbollón. Pero creo que en esos momentos amar era algo que me generaba más preguntas que seguridad. Quizás ustedes llegaron en otras condiciones. De ser así, bien por ustedes... Y sobre todo, por sus parejas de turno. Yo de ella no tengo la menor idea por donde andará. Espero que le esté yendo muy bien.

Uno va creciendo, se va llevando sendos golpes y dolorosas decepciones. Algunos incluso -sin que me genere ningún orgullo confesarlo- generamos en otras personas decepciones, rompimos promesas, faltamos a nuestra palabra. Si el karma realmente es una ley universal, todo quedará saldado tarde o temprano. No hay nada que se pueda hacer. Bueno, perdón. En realidad sí hay algo que se puede hacer: no creer en el karma. Decía entonces que de tanta prueba y error vamos aprendiendo. Es que el conocimiento se forma, más que con lo leído, con lo vivido. Ya irán entendiendo por qué tantas personas recitan de memoria los consejos del colega Walter Riso y siguen sin pegar una sola buena relación. Leer es importante. Aprender de las experiencias lo es mucho más.

Encontrar a alguien con quién armarse una emparejada prometedora no debería ser algo tan complicado. Eso sí. Se supone que no es algo que pueda forzarse. Algunas veces se gesta. Algunas veces no. En algunas ocasiones todo vislumbraba un final romántico, hasta que... ZAS!!! A otras relaciones no le hubiéramos apostado ni un billete de "gran banco" y, sin embargo, el asunto se enderezó, y de aquella serie de desaciertos iniciales, surgió una relación estable. De todo hay en la villa del... tinder y el snapchat. Es que una buena relación es como lanzar un penal... el azar interviene, pero la destreza del tirador -y el portero- son fundamentales. Algunas relaciones parecen penales tirados con los ojos cerrados.

Ahora, aún y encontrando a dicha persona, el asunto es sostener la relación. Hacer lo correcto para que la cosa camine... Pero que camine bien. Ustedes saben que a mí esas relaciones que duraron 40 años llevando palo -metafórica o literalmente- no me impresionan en lo absoluto. Bueno, en realidad sí. Me impresiona que se hayan aliado en semejante locura, por nada menos y nada más que la mitad de una vida humana. Asumo que creer en el paraíso o en la reencarnación debe generar mucha tranquilidad. Pero para los que no somos tan buenos teniendo "fe", no nos queda más que asumir eso que llamamos "existencia". Asumir nuestra responsabilidad. Recordar -sin paranoiquearse- que somos finitos. Un día ya no vamos a estar. Sería lindo dejar algo que le sirva a alguien (al menos como ejemplo), sin perder de vista que disfrutar del "ride" es fundamental.

¿Será la plata la que sostiene una relación? ¿Los hijos? ¿La hipoteca? ¿El juramento inicial? ¿Netflix? ¿El sexo? ¡Aja! El sexo. Todos sabemos que por ahí anda la cosa. Ahora, ¿es una cuestión de frecuencia? ¿Con juguetes o sin ellos? ¿Siendo creativos o apostando a las posturas ya repasadas? ¿Filmándolo o con los celulares apagados? ¿Luego de "Game of Thrones" o mientras los chiquitos andan en el catecismo? Quedémonos entonces en esta dimensión, la sexual, atributo de los humanos. Sí. Leyó bien. Solo los humanos son afectados por la sexualidad. Los animales no. Esos solo intentan aparearse, en momentos particulares y siempre del mismo modo. Esos no necesitan fármacos, ni juguetes, ni terapeutas. Cuando su lado instintual se activa, buscan una pareja, hacen lo que naturalmente tienen que hacer y listo. Sin dramas, sin abogados, sin anillos. Excepto algunas raras especies (como los bonobos), lo genital conlleva, irremediablemente el DESEO... De que su especie no desaparezca.

La colega Anik Debrot, investigadora de la Universidad de Lausanne (Suiza), publicó una serie de artículos, fundamentados éstos en cuatro estudios separados. Su intención era concretar qué tan importante es el sexo para el bienestar de una relación adulta. Los resultados son maravillosos. Más que el acto sexual en sí -fundamental sin duda-, los sujetos participantes de dichas investigaciones señalaban la importancia de los "afectos positivos". Dicho en pedestre: la capacidad y disposición de hacer sentir bien a su pareja. El besucón inesperado, la nalgadita al salir al trabajo, el mensajillo sexisón a media mañana, etc.

NOTA ACLARATORIA: sería mejor que el emisor y el receptor sean pareja. No malentiendan. No es moralismo. Si no les molesta que dichos jugueteos provengan de otras personas, pues bien por ustedes. Muy siglo XXI eso que sostienen pero, si a ustedes les resulta, por mí no hay ningún problema (tengo que entrarle -quiero decir intelectualmente- a las formas alternativas de emparejarse: el poliamor, el amor libre y yerbas afines). Es solo que a algunos nos parece más vacilón circunscribir el concepto de relación a 2.

Ese abrazo sin justificación alguna, esos 5 segundos que una de las dos personas tomó la mano del otro por puro impulso, ese momento en que apagaron el televisor y simplemente se apapacharon, va a ahorrarles el incómodo trance de asistir a terapia, a rezaderas interminables u oficinas de abogados expertos en divorcios. Según este grupo de investigadores, lo que les faltó a algunas parejas que no funcionaron fue concentración, deseo de complacer, gusto por el contacto de esa otra persona. Estoy casi seguro que esperaban una fórmula altamente sofisticada. Pues ya lo ven. No hace falta tarjeta de crédito y ni siquiera conexión de muchos megas. Mantener esa "llama" no implica volver en el tiempo. Es una cuestión de inteligencia. Sí. Si a mí me interesa que mi pareja desee acompañarme, tengo que concentrarme. Tengo que hacer aquello que sé que mi pareja desea -sin rebajarme, claro está- y dejar de hacer aquello que por lo general ninguna pareja disfruta. ¿Debo ser más específico?

En síntesis: las parejas que funcionan mejor son aquellas que viven en un "foreplay" constante. Entonces, lograr que nuestra relación funcione, como podrán ver, quizás no es tan difícil. Lo que sí sé es que nos toca a nosotros, a nuestra pareja y a mí. Nos toca todos los días, todas las horas, todas las semanas, todos los meses. Y no es que "nos toque". No es un deber. Es que deseamos que así sea y requerimos que nuestra pareja también lo desee. Ya con esa conjunción de deseos se puede trabajar en algo bonito y sano. Lo demás... Ahí lo vamos viendo de camino.

Allan Fernández, psicólogo clínico / 8663-5885 / https://www.facebook.com/psicologoallanfernandez / a.fernandez@ucreativa.com

Enredos amorosos

Por J. Allan Fernández

El amor es energía y, como tal, depende del uso que se le de. A algunos los cura y a otros los enferma. Algunos lo utilizan como motivación y otros no logran dejar de padecer sus efectos y ausencias. Es la fuerza que sostiene la vida. Investigo este fenómeno tan paradójico desde hace años. Primero desde la psicología, la sociología y el psicoanálisis, luego desde la neuropsicologia, la filosofía y la espiritualidad. Hoy en día, el amor no es solo asunto de literatos y poetas. El amor también es objeto de estudio científico y, si a la ciencia le interesa, a mí me interesa. A ustedes?