Con pancartas como “No estás sola, venimos en manada” y “Yo sí te creo” cientos de mujeres y algunos hombres se aglomeraron en las calles de Madrid, y en las de otras zonas de España, para protestar por el tratamiento injusto que han dado las autoridades a la víctima de una violación múltiple durante las fiestas de San Fermín.

Una de las primeras protestas tuvo lugar frente al Ministerio de Justicia de Madrid a partir de las 6 p.m. del pasado viernes 17 de noviembre. Otras, han tenido lugar en Barcelona y otras zonas. España se muestra consternada. Y no es para menos.

¿Por qué este caso sigue resonando en España? Según leo en los medios españoles, el hecho de que se esté hablando tanto de esto es sinónimo de un despertar social en pro de los derechos de las mujeres.

Una chica de 18 años fue presuntamente drogada y violada entre 5 hombres que se hacen llamar a ellos mismos, mediante un grupo de Whatsapp, como “La Manada”. Cientos de chicas pasan por situaciones similares en estos eventos de conglomeración mundial. Pocas denuncian. Casi ninguna. No lo hacen porque no les creen; no lo hacen porque la sociedad les ha hecho creer que se lo buscaron. No lo hacen porque pueden pasar más de un año en el ojo público, siendo juzgadas por un montón de machistas.

Este caso, que ocurrió en el 2016, ha sido uno de los más sonados en España y el resto del mundo ya que entre los acusados se encuentra un militar español. No porque fue una violación múltiple, no porque fue espeluznante, no porque la grabaron, no porque se difundieron los mensajes de Whatsapp... Si no porque uno de los hombres es militar. Y eso sí es un escándalo. Lo demás: cosa de todos los días.


Si te violan, demúestralo.

La indignación viene porque los abogados de la defensa entregaron como parte de las pruebas el informe de un detective privado: la joven fue seguida por varios días tras el hecho, fue espiada y se dio seguimiento a sus publicaciones en redes sociales. También le tomaron fotografías de su día a día para demostrar, según ellos, que la joven llevaba una vida normal y no se mostraba afectada y por tanto no tenía los comportamientos que una víctima de violación “debería presentar”.

A ver, sociedad: dígame cómo me tengo que comportar después de que me violen. ¿Hay un manual de prototipos de publicaciones en Facebook e Instagram, para que quede claro que fui violada? ¿Tengo que llorar sin salir de mi cuarto por una semana? ¿O por un mes? ¿Con cuánto margen de tiempo estarían convencidos?

Mi indignación es aún más grande cuando trascendió que el juez decidió admitir este informe del detective privado como parte de las pruebas. Es decir: te violan, te graban, te hacen daño, te roban, te persiguen, te espían y encima juzgan tus comportamientos para ver si te creen o no. Es muy fuerte como funciona la sociedad patriarcal.

A esta chica le están echando la culpa de haber salido de su casa, de haber decidido ponerse cierto tipo de ropa, de haber tomado o haberse drogado, te haberle hablado a estos tipos... A ver: ella debería poder hacer lo que quiera; vestirse como quiera e ir donde le plazca, sin temor a que la violen.

En esta línea, uno de estos días leía en Twitter a alguien (un hombre), preguntándose si ahora se supone que -aunque las mujeres se vistan provocativamente y anden “llamando la atención”- los hombres igual deberían quedarse callados y no verlas.

Me dio cólera que se lo estuviera preguntando. Si lo separamos, vemos que un hombre no tiene ese miedo constante de ser violado, se vista como se vista. Nosotras en cambio lo pensamos más para ponernos un vestido y repasamos mentalmente todos los lugares a los que vamos a ir en el día, a ver cómo esquivamos que nos acosen. A ver cómo nos tapamos y cómo pasamos desapercibidas.

Ni la sociedad ni nadie tiene la potestad de juzgar cómo se debe sentir alguien tras ser violado o acosado.

Lo que está pasando con este caso es un verdadero abuso judicial. La justicia patriarcal es cómplice de los agresores y eso es muy triste.

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