En los últimos días, miles de mujeres (y me incluyo) nos hemos detenido frente a nuestro celular o computadora, viendo como los mensajes con el hashtag #MeToo o #YoTambién se proliferan en los muros de Facebook, Twitter e Instagram. Nos quedamos leyendo, inmóviles, preguntándonos: ¿yo también? La mayoría de las veces es posible identificarse con la situación que describen otras mujeres y, generalmente la respuesta es: sí, #YoTambién.

Lo fuerte es que hasta este momento, hasta la llegada de este hashtag de dos palabras pequeñas pero poderosas, son muchas las mujeres que no se habían visto como víctimas de una agresión sexual, simplemente porque ser agredida ya es visto como “lo normal”.

Es normal que te griten en la calle, que tus compañeros de oficina te pidan que sonrías porque estas “muy seria” y te ves mejor sonriendo, que te paguen menos por ser mujer, que te hayan tocado aquella vez sin que lo quisieras solo porque habías tomado o que te hayan violado porque “los provocaste” o porque te vestiste muy guapa. Es cotidiano, pasa todos los días, pero no: NO ES NORMAL. Así que sí: Yo también.

Los hashtag #MeToo y #YoTambién se han apoderado de las redes después de que la actriz Alyssa Milano pidió a las mujeres compartir estas palabras con alguna experiencia de acoso o violencia sexual que hayan enfrentado.

Esto, para demostrar la magnitud de veces que las mujeres somos acosadas. En menos de 24 horas, a su posteo respondieron más de 500 mil mujeres de todo el mundo. Leer cada cosa, ya sea de mujeres que conozco o de completas desconocidas, me provoca rabia, pero también alegría de que por fin estemos reconociendo estas situaciones como lo que son: acoso y violencia.

También los hombres que se vieron impactados por la iniciativa están utilizando un hashtag: #HowIWillChange o #ComoVoyaCambiar para demostrarle al mundo que también están hartos de que las mujeres debamos pasar por esto. A ver si lo hacen de verdad. Ojalá.


El periodista y escritor Benjamín Law inició este movimiento diciendo a todos los hombres: “ahora es nuestro turno”. Law sugirió varias formas de ayudar a mujeres alrededor del mundo; por medio de donaciones a refugios de mujeres, entendiendo que los amigos y los familiares también pueden ser abusadores sexuales o perpetradores de acoso sexual y llamó a los hombres también a parar y tomar acciones si ven que alguien está abusando o acosando a una mujer, más allá de solo cuestionar.

Es impresionante pensar que, según estadísticas de la OMS, al menos un 35% de las mujeres en todo el mundo han experimentado violencia sexual al menos una vez en su vida. Pienso que es una estadística que se queda corta porque solo se trata de casos reportados. Cuando el tema es violencia sexual, es común que la víctima sienta vergüenza o piense que lo ha provocado y es su culpa. Nunca es así. Siempre la culpa la tiene el violador.

Yo estoy de acuerdo con el enunciado de que el sexo poder. Lo es aún más cuando se trata de violación. Quien viola se siente más poderoso que la víctima. Y es peor cuando la víctima no sabe que lo es y que está siendo abusada porque piensa que lo que le pasa es natural o su culpa.

La iniciativa #MeToo me gusta mucho y ya lleva varias semanas viva en las redes sociales, lo cual es casi un milagro si consideramos la fugacidad de estos entornos. Me gusta la interacción que ha generado: he visto a muchos hombres cuestionarse comportamientos que creyeron normales, he visto a muchas mujeres compartir experiencias y explicar que, antes de la iniciativa, ellas no sabían que eran víctimas de abuso.

También, me gusta que se haya globalizado: son miles de personas en muchos países, por lo menos del Occidente, las que se suman. Esto solo demuestra que el acoso y abuso hacia las mujeres es universal: todas nos identificamos. Pero ese es precísimente el problema: SOMOS DEMASIADAS las mujeres a las que nos ha ocurrido.

Sé que el acoso no va a parar por un hashtag o que una persona que fue violada no va a dejar de sufrir porque esta campaña exista. También, me parece el COLMO que las mujeres tengamos que contar experiencas dolorosas y sacar eso tan personal para que NOS CREAN.

Pero lo bueno es que nace de la gente y que, cada día más, el hecho de que el acoso y la violencia hacia las mujeres existe se visibiliza. Vi hombres en redes admitiendo que alguna vez habían acosado, vi hombres y mujeres admitiendo que vieron ocurrir el acoso y que no hicieron nada. Vi mucha verdad, mucha realización pero también vi mucho miedo; miedo a seguir siendo mujer y a que esto nunca pare. Al menos, con esta campaña es más visible, porque sigo sin creerme las estadísticas de que somos solo un 35% las mujeres que hemos sufrido acoso alguna vez en la vida. Sin duda, somos más. Solo que no lo hemos reconocido así porque no nos han dejado, porque nos lo cuestionan, porque nos hacen creer que no es nada.

Les dejo algunas de las historias que más me han gustado, impactado o puesto a pensar. La idea es que también me compartan las que les impactaron a ustedes.

Antes, quiero recomendarles un libro, escrito por una feminista británica llamada Laura Bates. Ella, guiada por una idea similar de compartir las historias de abuso, abrió en el 2012 una web llamada “Everyday Sexism”; allí las mujeres denunciaban casos de machismo cotidiano como los micromachismos, los comentarios abusivos de los jefes, los anuncios y más. Los testimonios más impactantes los recoge en su libro “Sexismo Cotidiano”, que fue publicado hace pocos días en España por la editorial Capitán Swing. De verdad lo recomiendo, describe esas cosas cotidianas que vivimos y que son sumamente machistas con mucha claridad.

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Ahora sí, los testimonios.

It Matters To Be Heard

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Posted by BuzzFeed on Friday, October 27, 2017


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