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Óscar de la Renta, el conquistador

Aún no se ha hilvanado y entallado la eternidad. Si así fuese, Óscar de la Renta jamás nos hubiera dejado ayer, después de luchar contra el cáncer desde el 2006.

Sus puntadas eran símbolo de glamour, elegancia y poder. Un encanto latino que le allanó el camino a talentos más "tropicales", como Carolina Herrera y Narciso Rodríguez, y vistió a las divas de Hollywood y de la Casa Blanca.

Óscar de la renta.
Oscar de la Renta recibió las llaves de la ciudad en Cali (Colombia) en 2009. FOTO: EFE. ampliar

De la Renta, fallecido a sus 82 años ayer lunes 20 de octubre en su casa del estado de Connecticut, nació el 22 de julio de 1932 en República Dominicana, hijo de madre dominicana con raíces hispanoitalianas y padre puertorriqueño. Durante toda su vida se consagró a un amor constante y siempre en crecimiento: la mujer. Vistió sus cuerpos y marcó la pauta de la femineidad durante décadas.

Vestir a Óscar de la Renta implicaba llegar al ápice de la distinción: era un lujo que tuvo Hillary Clinton, Jacky Kennedy, Michelle Obama, Penélope Cruz, Laura Bush, Emma Watson o la Carrie Bradshow que interpretó Sarah Jessica Parker en Sex and the city. Amal Alamuddin fue la última que llevó a la historia uno de sus trajes

Sus creaciones inspiraron o formaron parte del guardarropa de las mujeres de la segunda mitad del siglo XXI, ese mismo período en el que la mujer salió del espacio doméstico.

"De quien aprendo es de la mujer a quien visto. Es extraordinario lo que ha pasado con la mujer en los últimos 40 años, es increíble. Me siento orgulloso de haber sido testigo de su avance y he tenido suerte de ser parte de ese movimiento para entender el poder de la mujer de hoy", dijo el diseñador.

Si la moda se tratase de algo espiritual, de la Renta sería el sincretismo religioso: fusionó su esencia dominicana, con la escuela europea y desplegó su talento en el fructuoso mercado estadounidense. Esos fueron los tres territorios que conquistó durante su carrera. Así lo afirmó la diseñadora Diane Von Furstenberg: "Tiene el son de Latinoamérica, el saber hacer de Europa y la manera de sacarle a todo eso el máximo partido en Estados Unidos".

Hillary y Bill Clinton. Ella lucía un vestido de Óscar de la Renta, uno de sus diseñadores predilectos.
Hillary y Bill Clinton. Ella lucía un vestido de Óscar de la Renta, uno de sus diseñadores predilectos. FOTO: AP. ampliar

Su capacidad creativa tiene un lugar en el mapa: el Caribe, donde siempre impera una florida primavera de colores vibrantes, los cuales no se opacaron cuando llegó a España, después de graduarse de la Escuela de Bellas Artes de Santo Domingo.

El arte no fue su primera carrera, Óscar había llevado un año de arquitectura ya que todo era aceptable, menos ser diseñador. Aprendió el oficio de la moda trabajando con Cristobal Balenciaga, labor en la que alcanzó renombre.

Allí emprendió un camino que lo llevó a Paris, su "primer destino soñado", según le declaró a la revista Vogue, en 2012: "Para mis padres ir a París era como ir a Sodoma y Gomorra", dijo. En la Ciudad de la luz trabajó para Lanvin y Elizabeth Arden. Según cuentan, rechazó la posibilidad de diseñar para la casa Dior ya que temía ubicarse detrás de un nombre legendario: él quería ser el legendario. En 1965 lanzó su propia marca, que conquistó a la alta sociedad neoyorquina y, desde allí, al resto del mundo.

Nueva York se convirtió en su palestra. La ciudad donde mostró sus propias creaciones y selló su leyenda. Fue allí donde hizo una de sus más recientes apariciones públicas. Ya con su salud desmejorada, caminó en medio de dos modelos que casi lo mantenían en pie. Pisó por última vez una pasarela llena de flores, en Estados Unidos, el tercer territorio que conquistó y que se convirtió en su hogar.

PUBLICADO: 21 de Octubre, 2014 AUTOR:

La percha

Por Melissa Hernández

Lo que está en tendencia sobre las pasarelas, en el armario, la alacena, el menú de los restaurantes, el gimnasio, los estantes de las librerías y en el torbellino de las redes sociales. Desde los selfie sticks y las leggins tribales hasta la alta costura, en La Percha se guinda todo aquello que valga la pena mencionar.